Juegos y juguetes alternativos

Septiembre 2016

Actualidad

Materiales nobles, diseños que invitan a los chicos a crear y procesos amigables con el medio ambiente, entre las ventajas de estas líneas de productos originales y ciento por ciento argentinos. 

Ya nadie discute la trascendencia que el juego tiene en la vida de los chicos: no hay otra instancia igual en la que tengan todas esas posibilidades de explorar, relacionarse con otros, desarrollar habilidades y hasta aprender. Por eso –dice UNICEF- “dar a los niños y niñas el tiempo de jugar, y ayudarles a ello, es una de las cosas más importantes que usted puede hacer”. Pero más allá del tiempo, vale también preguntarse qué objetos estamos entregando a nuestros hijos para esos momentos de juego. Basta remitirse a la propia niñez para caer en la cuenta de que los juguetes cumplen en la infancia un rol fundamental.

El mercado ofrece hoy una gama de juguetes casi infinita entre la que por presencia tanto en las bateas como en la publicidad se destacan aquellos que presentan ciertas características comunes: a) son de plástico; b) suelen aparecer de acuerdo a una estricta división de género; c) se vinculan muchas veces con personajes del cine y la televisión; d) pueden incluir luces y sonidos, con lo cual consumen pilas. Está claro que a los chicos estos juguetes les encantan, lo que no resulta para nada extraño: en general lucen de lo más atractivos y pueden llegar a estar muy bien hechos. Eso no quita que a la vez podamos brindarles opciones que respondan a otros criterios, incluyan otros materiales y ofrezcan una aproximación diferente a la experiencia lúdica. Y aquí es donde entran en escena una serie de juguetes que bien podrían calificarse de “alternativos” y cuya oferta, afortunadamente, es cada vez más profusa.

Buena madera
La propuesta de “Juego Libre Juguetes Sustentables” es en realidad bastante simple: se trata de objetos de madera bellamente pintados en sugestivas gamas y con distintos niveles de complejidad de acuerdo a la edad de cada chico: puzles, bloquecitos, autos, aviones, sonajeros y hasta ábacos figuran en una cuidada cartera de productos. El proyecto arrancó hace poquísimo (apenas seis meses) por iniciativa de Mariana Rueda, quien tras convertirse en madre empezó a masticar la idea de crear una línea de juguetes que conectara a los niños con algún material de la naturaleza y cuya fabricación, distribución y consumo caminaran de la mano con el cuidado del medio ambiente. “Son formas simples que facilitan que los chicos desarrollen su creatividad. Y están inspirados en la pedagogía Waldorf, por eso son tan coloridos”, explica su creadora.

Juego Libre fabrica algunos de sus productos y otros los compra a diferentes talleres verificando siempre el origen de las maderas, que deben ser recicladas o de reforestación. Por el momento venden a través de la web (http://juegolibrejuguetessustent.mitiendanube.com) y en el mercado Sabe la Tierra de Vicente López. “Lo que noto con mi nena es que incorpora nuestra línea a otros juguetes que ya tiene, porque la idea no es quedar afuera de ciertos productos masivos que a veces le regalan y otras uno mismo termina comprando. En nuestro caso hacemos juguetes muy versátiles, entonces tal vez con las partes de un arco iris termina armando una casa para sus muñecas. Y es esa misma versatilidad la que, sumada a la nobleza del material, los vuelve unos objetos súper durables, incluso pueden pasar de generación en generación. No por nada Fisher Price volvió hace unos años a fabricar juguetes de madera”, relata Mariana.

El discreto encanto del cartón
¿A quién no le ha pasado de regalarle a un chico un juguete carísimo para que al final termine jugando con la caja? Fue eso mismo lo que alentó a la diseñadora de indumentaria Jimena Tamarit a crear Kartön Kartön, firma que produce unos juguetes de cartón corrugado de lo más originales, que vienen en formas de animales y están pensados para que chicos desde los tres años en adelante los armen con ayuda de un adulto y puedan luego intervenirlos. Las figuras son realmente grandes –tienen el tamaño de un chico- lo que favorece tanto la motricidad como la creatividad. Y además de todo son reciclables y están basados en un proceso de producción sustentable y ciento por ciento argentino.
“No hay otro producto igual en el mercado -advierte Tamarit-, cuando le muestro  a la gente lo que hago no pueden creer que lo que comercializo es un sobre finito con un animal adentro”. La empresa trabajó junto a un equipo de psicopedagogas y psicólogos para lanzar un juguete que aparte de educativo fuera integrador desde todo punto de vista: “no sólo en lo etario sino también en cuanto a género”, marca su creadora, que subraya que “cuanto menos dice un juguete, en general más rico es”.
La empresa organiza además talleres para grupos grandes (como el día de la familia en una empresa, o las vacaciones de invierno en Tecnópolis), para lo cual cuentan con un equipo especial que genera este tipo de encuentros que siempre incluyen las figuras de cartón. “Es un servicio amplio que ya excede el producto”, explica la emprendedora, que relativiza el hecho de que el cartón no se considera un material durable. “La durabilidad tiene que ver con el cuidado que se le da, no con el material.”, dice. “Hay chicos que mantienen estos juguetes por un tiempo largo, porque siempre encuentran algo nuevo para hacer, mientras que otros los rompen a los dos días. En el fondo es lo mismo que pasa con los juguetes de plástico, que no necesariamente son durables”.

El poder de la luz
Vivi Chaves se formó en Artes Visuales, trabajó con niños en su taller de plástica, incursionó como titiritera, ilustró libros para niños y siempre disfrutó del universo mágico de la infancia. Junto a la llegada de su primer hijo surgió la idea de un emprendimiento que tuviera que ver con lo lúdico y así nació Juegos de la Orilla, una serie de productos únicos que acompañan la curiosidad natural de los chicos y los invitan a aprender a través de la experimentación.

Por el momento ofrecen dos líneas de juegos construidos con materiales nobles y algunas piezas artesanales. Por un lado están los teatros de sombras, que vienen en series temáticas (como piratas, casa embrujada y dinosaurios) y brindan a los chicos la oportunidad de expresarse mediante luces, sombras, movimiento y voz. “Lo recomendamos a partir de los tres años, los más pequeños pueden jugar a transformar los personajes proyectados con la luz, algunas mamás los llevan para contarles a sus bebés cuentos sencillos. Y si son más grandes pueden incluso guionar historias y representarlas”, marca Chaves. Luego están las llamadas “mesas sensoriales”, que vienen en tres variedades (agua, arena y lumínica) y se constituyen como herramientas de exploración lúdica y sensorial. “Como están pensadas para ser usadas hasta por cinco chicos son un excelente soporte para crear y trabajar el equipo”, señala la autora, subrayando que las mesas contribuyen a que los niños “hagan sus propios descubrimientos, lo que los vuelve protagonistas activos”. “Los elementos como la luz y las sombras producen un efecto muy mágico y de sorpresa que los atrae y los concentra –concluye-.  A diferencia de algunos juguetes, estos son juegos que no ofrecen una manera única y lineal de jugar. Las posibilidades se multiplican cuanto más juegan, y lo mejor de todo es que son ellos mismos los que las van encontrando”.