Pasión por emprender

Agosto 2012

Actualidad

Los emprendedores tienen un papel protagónico en el desarrollo de la economía y el bienestar social, en la Argentina de hoy. Los emprendimientos innovadores y socialmente responsables responden a demandas del mercado e incluso se anticipan a ellas ofreciendo productos y servicios que crean valor para la comunidad. La determinación, la creatividad, la inteligencia emocional y la persistencia son instancias claves para concretar proyectos valiosos.  Opina Juan Carlos Lucas, especialista en el tema y formador de emprendedores.

Impulsados muchas veces por cuestiones económicas y otras por la necesidad de realizarse profesionalmente o imponer un nuevo desafío en sus carreras, cada vez más argentinos se atreven a iniciar un sueño postergado, crear la empresa propia o reimpulsar su negocio. Los emprendedores independientes integran actualmente el grupo empresario que más dinamizó la economía en los últimos años; en este sentido la Argentina registra cifras inéditas: el país se ubica como uno los 20 con más emprendedores a escala mundial, según un estudio internacional que anualmente da cuenta del fenómeno.
Según cifras que arroja el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), el estudio que mide la tasa de actividad emprendedora temprana (TEA) -es decir la que va desde el nacimiento de una empresa hasta sus 42 meses de vida- en 60 países del mundo, durante el 2011, la actividad emprendedora trepó en el país un 40%,  alcanzando el nivel más alto desde 2003.  Por estos días, dos de cada diez argentinos adultos y económicamente activos son dueños de un emprendimiento, y es más alta aún la tasa de los que, aún sin haber movilizado su potencial, todavía sueñan con dar ese paso.

 

Quienes consiguen poner en marcha y sostener sus proyectos son, en su mayoría, aquellos que retoman un interés o vocación postergada, diseñan un negocio con características originales o consiguen ofrecer alternativas que el mercado demanda, diferenciándose de sus potenciales competidores.

El aumento de la cantidad de emprendedores generó un movimiento paralelo: la necesidad de mayores y mejores instancias de capacitación, lo que originó que numerosas instituciones, públicas y privadas, ofrezcan cursos y seminarios destinados a este target.

El Centro de Emprendedores del ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires), por ejemplo, ofrece un curso intensivo, el Programa de Formación para Emprendedores cuyos objetivos son brindar conocimientos y elementos metodológicos para diseñar, crear y gerenciar emprendimientos (el curso comienza el martes 16 de agosto de 2012, en Av. Eduardo Madero 399, Ciudad Autónoma de Buenos Aires) Fundación Endeavor, es otro sitio por donde pasan cientos de emprendedores cada año.

 

La organización Haciendo Historia Consultores, por su parte, es un programa de formación en liderazgo emprendedor y cultivo de comunidades de emprendimiento que nació en el 2009 y ya cuenta con centenares de egresados y miles de seguidores a través de las redes sociales en internet. Juan Carlos Lucas, su fundador y director, conversó con Revista Cabal Digital sobre el tema y aportó su visión sobre las habilidades que definen a los grandes líderes.

 

¿Puede enumerar brevemente las dificultades más frecuentes que enfrentan quienes se estancan en una situación de insatisfacción o bajo rendimiento laboral?
Esta pregunta remite a dos cuestiones muy habituales en nuestra experiencia como consultores y coaches en organizaciones. En  primer lugar vemos que muchos empleados, y hay estudios diversos que lo confirman, están insatisfechos y abandonan sus empleos, no por la naturaleza del trabajo que les toca realizar, sino por las malas relaciones que mantienen con quien es su jefe directo. Por otro lado, existen muchos estudios también que reportan que la mayoría de los empleados, o al menos un gran número, juzgan que en sus posiciones laborales aportan mucho menos de lo que consideran que es su potencial. Esto suele relacionarse con la opinión de que no tienen espacio para aportar sus ideas y desarrollar iniciativas con las que puedan identificarse. Creo que esto abre un ámbito muy importante de intervención para las empresas: el mundo de hoy, lejos de requerir trabajo estandarizado, demanda a que las personas aporten su compromiso y creatividad a sus roles laborales. Quizás donde mas emprendedores se necesitan es en las mismas empresas. Hoy se necesitan empleados que vayan mas allá de la disponibilidad para recibir pedidos de resolución de problemas y que puedan tener la sensibilidad necesaria para articular ofertas valiosas, allí donde perciben oportunidades. En resumen, quienes se estancan -y tenemos razones para pensar que no son unos pocos- tienen grandes dificultades para identificarse con su tarea, y por ende comprometerse y apasionares con ella.
 

¿Cuáles son, en su opinión las cualidades o habilidades que definen a los buenos emprendedores? ¿Reconoce rasgos comunes?
Desde nuestra perspectiva nos centramos más en habilidades a desarrollar que en virtudes que nos caractericen como dones recibidos. En nuestro modelo distinguimos cuatro dimensiones que son, para nosotros, las disciplinas pragmáticas básicas del liderazgo emprendedor, entendido como iniciativa que se compromete con la invención de nuevo valor para los clientes.
La primera disciplina es la capacidad de construir visión. Asociamos la visión con la creación de nuevos entendimientos acerca de las posibilidades de acción en un dado dominio y con el fenómeno que permite aunar voluntades en torno a cierta visión compartida. Son centrales en esta disciplina la generación de nuevas capacidades de observar y escuchar para “leer el mundo” y las posibilidades que vemos en él. Construir visión nos permite llegar a la primera acción de un líder emprendedor: declarar la identidad de un nuevo emprendimiento. La pregunta central en este dominio es: ¿puedo crear interpretaciones más poderosas acerca de mis posibilidades de crear valor y de constituirme en oferta?
La segunda disciplina de desarrollo del liderazgo es la capacidad de inventar ofertas valiosas y seductoras. Este dominio lo asociamos con todas las prácticas, habilidades y sensibilidades relacionadas con la producción de valor para una comunidad de clientes, involucrando en muchos casos la invención de nuevo valor expresado como innovaciones que cambian las prácticas de los clientes, volviéndolas más armónicas. Inventar la oferta concreta es la segunda acción de un líder emprendedor: diseñar la identidad del nuevo emprendimiento. La pregunta central en este dominio es: ¿puedo crear una oferta innovadora que mejore la vida de mis clientes?
La tercera disciplina de liderazgo es la capacidad de organizar la ejecución. La práctica de la gestión propiamente dicha la entendemos como la vinculada a la producción de acción colectiva efectiva, propiciando el mejor uso para los capitales de los que la organización es portadora. En la ejecución buscamos capitalizar lo mejor de cada miembro de la organización para aportar a la consecución de los objetivos colectivos. Las habilidades de ejecución implican la gestión de redes de conversaciones en la cuales se generan promesas para la concreción de acciones, que implican anticipar y minimizar quiebres y desarrollar los capitales requeridos. Las habilidades de ejecución incluyen la competencia emocional para lidiar efectivamente con las emociones que surgen en los quiebres, como por ejemplo el enojo y el miedo. La falta de esta última competencia es una de las que más suele limitar el desarrollo de un líder, al poner un ‘techo’ en sus capacidades para la ejecución. Organizar la ejecución nos conduce a concretar la tercera acción de un líder emprendedor: encarnar la identidad del nuevo emprendimiento. La pregunta central en este dominio es: ¿puedo crear una red de producción de valor para satisfacer a mis clientes?
Lo que hacen los grandes líderes es: declarar, diseñar y encarnar identidades valiosas y confiables para los clientes. Identidades que, como decíamos, implican ofertas que mejoran la vida de sus clientes. Estas tres dimensiones de la creación de identidad se desarrollan de manera simultánea y recursiva. La construcción de identidad es un proceso cíclico. A estas tres dimensiones agregamos una cuarta relacionada con cultivar resiliencia.
La resiliencia permite a los líderes navegar un mundo incierto y cambiante que no pueden controlar, sosteniendo su capacidad de aprendizaje, fortaleza emocional e integridad espiritual, de manera de re-inventarse en sintonía con las inquietudes y valores propios

Las prácticas en estos cuatro dominios constituyen una manifestación de la cultura de una organización. Cuando una organización enfrenta desafíos que la llevan a generar nuevas formas de respuesta, esto siempre implica gestionar un cambio cultural. Todas estas capacidades organizacionales que se encarnan en prácticas humanas, son desarrolladas por grupos de personas actuando coordinadamente. Estos grupos humanos coordinados son la condición de posibilidad de toda organización.

Por lo anterior, el despliegue de las capacidades de una organización siempre implica procesos humanos de comunicación y aprendizaje que se deben movilizar, y que son los que nos permiten ‘bailar con la vida’. La pregunta central en este dominio es: ¿mis propósitos y acciones son consistentes con  mis preocupaciones mas profundas y con mis valores fundamentales?
 

¿Es posible aprender a emprender? ¿Cuáles son las principales tendencias en términos de formación de emprendedores y cuáles las que definen o diferencian los cursos de Hacer Historia?
La respuesta es sí, y se desprende de la pregunta anterior. Para nosotros emprender implica esas cuatro disciplinas fundamentales, que como toda disciplina se puede cultivar. Lo que nos diferencia en relación con otras propuestas de formación de emprendedores es justamente que nos dedicamos a entrenar emprendedores en estas disciplinas fundamentales. La mayoría de las ofertas disponibles hacen foco mucho más prioritario en las habilidades analíticas y técnicas, las necesarias para pensar estratégicamente o desarrollar un plan financiero. Para nosotros son importantes pero no son lo central para un emprendedor.
 

¿De qué manera se vinculan las oportunidades de superación con la capacidad de construir una nueva identidad, y con el concepto de valor?
En los últimos  años hemos escuchado que las empresas están en crisis y que dicha crisis tiene relación con el hecho de la velocidad de cambio del entorno. Nos encaminamos hacia un mundo en el que se producirá́ una expansión de la economía a caballo del nuevo paradigma de las tecnologías de la información y la comunicación. En dicha expansión tendrán un rol central las innovaciones disruptivas que re-configurarán distintos mercados de manera cada vez más frecuente. En este espacio de cambio acelerado, las identidades han dejado de tener la solidez que solían mostrar. Esto podemos relacionarlo con la aceleración de la innovación que amenaza con la obsolescencia y nos desafía a re-inventar nuestras ofertas para que sigan siendo juzgadas como valiosas por quienes vemos como nuestros clientes. Para nosotros desarrollar capacidad de liderazgo implica volverse competente para responder la pregunta: ¿cómo construyo una identidad singular que me haga valioso y único para mis clientes?
La identidad en este contexto, se relaciona con articular un rol valioso en la vida de los otros. En el mundo que viene, la identidad es un trabajo ineludible de todos. Hoy más que nunca nuestra vida es una creación, una oportunidad para hacer historia. Este es el gran desafío que enfrentamos: la re-invención permanente de nuestra identidad.
 

¿En qué medida la formación de redes de contactos y la construcción de equipos contribuye a la concreción de proyectos? ¿Qué papel juegan las competencias emocionales y comunicacionales para establecer esas nuevas relaciones y generar comunidad?
Esta pregunta resulta central. Solemos ver que lo que define el techo en el desempeño de un líder es su incompetencia emocional. No saber lidiar con el miedo o con el enojo suele ser con mucha frecuencia el mayor limitante de muchos líderes. Por otro lado, para nosotros la acción humana colectiva es algo que ocurre a partir de la posibilidad de comunicarnos, de conversar, por lo que las habilidades de comunicación no son un pacto accesorio y deseable, sino mas bien la condición de posibilidad de la producción de resultados efectivos.
Estas habilidades son centrales: necesitamos líderes emprendedores que creen nuevas empresas, líderes sociales que quieran producir cambios en sus instituciones, líderes políticos que quieran hacer un aporte como ciudadanos y quizás donde más necesitemos líderes emprendedores, es en el ámbito de las pymes y las corporaciones. Entendemos a los líderes emprendedores, como personas comprometidas con crear nuevas ofertas de valor en sus ámbitos de acción. Un líder emprendedor puede ser un directivo pyme que quiere desarrollar un proyecto que impulse el crecimiento y la transformación de su empresa.
 

Un estudio reciente demuestra que la cultura de los emprendedores está creciendo en la Argentina a pasos agigantados, ¿a qué atribuye este fenómeno?
Hay al menos dos factores que me gustaría destacar: por un lado la desocupación llegó para quedarse, no hay trabajo para todos. Esto moviliza el emprendimiento como una elección de vida. En segundo lugar, las corporaciones todavía no logran sintonizar con los cambios en los hábitos y expectativas de los jóvenes, lo que hace que para muchos de ellos, las corporaciones resulten un tanto áridas y hostiles. Esto produce un drenaje de talentos desde las corporaciones hacia el mundo del emprendimiento.
Creo que este último punto es un gran desafío para las grandes empresas en los próximos años.

 

Dr. Juan Carlos Lucas. Fundador, director, y head coach de Hacer Historia Consultores, trabaja como coach, speaker y consultor para líderes, organizaciones y emprendedores. Columnista de Materiabiz y La Nación entre otros medios. Creador y director académico del Proyecto Hacer Historia, un innovador y exitoso programa de formación de líderes para el mundo de habla hispana. Investigador pionero en Management 2.0, una área nueva que estudia cómo el paradigma colaborativo emergente en la web social transforma las prácticas de gestión y liderazgo. También es Profesor de Emprear, UdeSA, UADE, UCA y UNSAM, y ha sido profesor de ITBA, UTDT, UNQ, y UBA. Además, tiene una extensa trayectoria como científico, es Lic. en Química, Doctor en Materiales, Postdoctoral Fellow en FSU-USA y MBA de UCA.
Contacto: www.hacerhistoria.net