Play Station: qué hacer cuando se convierte en un vicio peligroso

Agosto 2015

Actualidad

Entre las infinitas clases de adicciones conocidas, el auge de las videoconsolas produjo nuevas patologías: hoy se sabe que los mecanismos cerebrales que activan los videojuegos pueden generar dependencia. Cómo reconocer los síntomas y evitar que el cuadro se agrave.

Está claro: una cosa es jugar un par de horas en la Play, solo o con amigos, y otra ya no ser capaz de desconectar el aparato: esa es la realidad de millones de chicos y jóvenes en el mundo y esto preocupa a los especialistas en salud mental, que advierten sobre los riesgos de no autolimitarse o ejercer cierto control, ante todo, sobre el uso de la tecnología que hacen los menores de edad.

  La adicción al gaming –así se la llama- es cada vez más frecuente en los menores de dieciocho años y se caracteriza porque genera altos niveles de dependencia, del mismo modo que ciertas drogas químicas generan dependencia del organismo.
   Cuando esto ocurre, el motivo por el que el jugador se conecta a la consola ya no es la mera diversión, sino la imposibilidad de cortar la gratificación que le genera el hecho de conectarse a jugar constantemente. Como cualquier otra compulsión o abuso, las consecuencias pueden ser graves: desde el hecho de dejar de lado responsabilidades y obligaciones hasta el aislamiento social, la falta de higiene o la mala alimentación. El jugador compulsivo privilegia el hecho de conectarse a jugar casi por sobre cualquier otra actividad.

  Entre los signos o síntomas ante los que conviene prestar atención, se incluyen la capacidad de la persona de ejercer control sobre la cantidad de tiempo que dedica al juego y las emociones que eso le provoca: si dejar de jugar le genera malhumor, apatía o enojo, hay que pensar en una obsesión incipiente que podría derivar en adicción. Un gamer adicto puede mentir, también, en relación a la cantidad de horas que destina a jugar e incluso auto engañarse justificándose para evitar otras actividades.  En los casos más avanzados se registran síntomas de ansiedad, depresión, y trastornos mentales asociados al juego excesivo y la desconexión de la vida “real”.

  Las causas químicas por las que la Play Station –y otro tipo de consolas- puede generar dependencia radican en las altas dosis de dopamina que el cuerpo libera cuando el jugador está activo: se trata de un neurotransmisor asociado a los mecanismos de recompensa y a los comportamientos adictivos.

  "En este proceso también están involucradas áreas relacionadas con la memoria a corto plazo, con la visión, la atención y las funciones motoras. Asimismo están involucradas áreas relacionadas con las emociones y con la motivación. Cuando se genera adicción, alguna de estas áreas cerebrales no funciona correctamente", explicó recientemente Santiago O'Neill, jefe de Neurología Cognitiva del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

    Si bien en América Latina éste todavía no es un problema extremo, en países como Estados Unidos, China e Inglaterra se registran muchos casos de adicciones a la tecnología, lo que ha llevado a la apertura de clínicas especializadas: el objetivo principal de estos tratamientos es aumentar la autoconfianza de los asistentes en los encuentros y actividades “reales” por sobre la satisfacción que les genera “lo virtual".

  Vale aclarar que el nivel de adicción, en estos casos, no se ‘mide’ en función de la cantidad de horas a los que se exponen los jugadores a las pantallas, sino por las cosas que se postergan o se dejan de hacer por el objeto de adicción. El hecho de que, por ejemplo, puedan preferir jugar con la Play a almorzar en familia o salir a una actividad deportiva o social, implica que ya se han alterado los parámetros ideales. Cuando, además, esto se convierte en una necesidad –porque la imposibilidad de hacerlo produce abstinencia en mayor o menor medida, que se traduce en diversos grados de angustia-, puede hablarse de un principio de adicción que merece atención profesional específica.
El riesgo es que relaciones con amigos y familia pasen a un segundo plano, y como consecuencia esto también afecte al trabajo, la escuela, etc. Y que, en casos más extremos, el gamer adicto desarrolle una necesidad de estar en el mundo digital más que en el físico.

  La firmeza y la constancia son fundamentales a la hora de luchar contra cualquier tipo de adicción.

Cómo reconocer una adicción:
• Invertir más de 4 horas por día en los videojuegos
• Descuidar otras actividades importantes y/o los afectos
• Proponerse no jugar o jugar menos, y no poder lograrlo
• Ponerse nervioso, irritable o angustiado si no se puede jugar
• Mentir o mentirse sobre la cantidad de tiempo que se estuvo jugando
• Desobedecer la cantidad de tiempo establecido de juego
• Retracción social de familiares y amigos
• Alteración del sueño
• Alteración de la alimentación
• Problemas de salud por sedentarismo o la postura
• Dificultades académicas o laborales
• No  poder dejar de jugar a pesar de advertir la dificultad