Aguafuertes y notas periodísticas

Enero 2018

Entretenimientos

Uno de los libros recomendados de este mes es Aguafuertes y notas periodísticas de Roberto Arlt publicado por Eudeba

  Roberto Arlt ingresó a trabajar en el diario El Mundo en 1928 y permaneció escribiendo columnas para su redacción hasta su prematura muerte en 1941. Con anterioridad a su trabajo en ese matutino, el escritor se había desempeñado ya como periodista de policiales en Crítica y había dado a conocer su primera novela, El juguete rabioso, y algunos otros textos diseminados en publicaciones de la época, entre ellos un artículo breve y polémico llamado “Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires”. Siempre se ha dicho que su trabajo periodístico fue compañía central de su labor como narrador y luego autor de teatro, acompañando de algún modo los vaivenes y ajustes formales que sufría su escritura y la búsqueda de personajes y temas que luego alimentaban su imaginación artística. Los primeros tiempos de Arlt en El Mundo pertenece a la época en que escribe las extraordinarias aguafuertes, que convierten a la ciudad de Buenos Aires en la protagonista principal de sus exploraciones. Allí se describen: sus cambios vertiginosos y sus duras contradicciones, sus personajes extravagantes o llamativos (“el empleado que hace méritos”, el squenun, el furbo, los fotogénicos), el idioma popular atravesado de giros lunfardos, todo es captado con profunda sensibilidad y poder de observación por su pluma, que ya era la máquina de escribir. Este libro selecciona algunas de sus “Aguafuertes porteñas” más representativas, pero también varias de las columnas llamadas “Tiempos presentes” y “Al margen del cable”, que escribió con posterioridad a las aguafuertes. Es una compilación que, para sintetizarlo en trazos gruesos, establece un recorrido en torno a dos ejes básicos: las notas sobre la ciudad (con aquellas características que señalábamos) y las que Arlt escribió en los últimos tiempos como analista y narrador de glosas de las noticias internacionales, en las que, como en sus crónicas de viajes, el autor de Los siete locos introduce también las variaciones de una lengua más cosmopolita, más alejada de la lengua de la calle. En cualquiera de las dos vertientes, el estilo vigoroso, comprometido y sagaz del gran escritor siempre ofrece lecturas de profundo interés.