Crítica de cine: Dallas Buyers Club

Marzo 2014



Entretenimientos

Dallas Buyers Club: El club de los desahuciados. (Dallas Buyers Club, Estados Unidos, 2013). Dirección: Jean-Marc Vallée. Guion: Craig Borten y Melisa Wallack. Intérpretes: Matthew McConaughey, Jennifer Garner, Jared Ledo y otros. Duración: 107 minutos.

Inspirada en un caso real, el de Ron Woodroof, un vaquero texano que contrajo SIDA por 1985 y sobrevivió hasta 1992 tratando de traficar drogas que permitieran paliar la enfermedad en una época donde contraerla era fatal y los tratamientos estaba en plena experimentación, Dallas Buyers Club tiene algunos elementos interesantes como película. En principio, muestra la terrible situación que se les planteaba a quienes contraían el virus en aquel tiempo, donde al principio se creía que atacaba solo a los que mantenían relaciones homosexuales (por eso se la denominaba la “peste rosa”), criterio que más tarde se demostró que no era así. Woodroof era, precisamente, un heterosexual promiscuo que salía con todo tipo de mujeres y muy adicto al consumo de cocaína. Es probable, aunque la película no lo muestra, que se inyectara también y hubiera contraído la enfermedad por esa vía. El descubrimiento de que ha contraído el mal lo sorprende y deja incrédulo pues supone que, por su condición heterosexual, no corre peligro. La certificación de que sí tiene el VIH lo vuelca en la angustia y en una  búsqueda desesperara por encontrar la manera de combatir su afección. Para eso, primero se aplica azidotimidina (AZT), el primer antirretroviral que se aplicó para la enfermedad, pero detecta que en altas dosis provoca más daño en la salud que beneficios y se transforma en un opositor a las experimentaciones que las corporaciones médicas y los laboratorios hacen con ese medicamento. Tarea que, simultáneamente, combina con la obtención en otros lugares del mundo de medicamentos alternativos para enfrentar la enfermedad. La mayor parte de la película –que no se sabe hasta qué punto cuenta con exactitud los sucesos reales y hasta dónde los ficcionaliza más allá de lo en verdad ocurrido- transcurre en esos viajes  que le acarrean toda clase de conflictos con las autoridades.

    El enfoque general de la historia es la de una película políticamente correcta donde el gran negocio de las corporaciones no se analiza en profundidad. También describe lo que sería una actitud de superación personal muy al gusto del público norteamericano, que, entre otras cosas, lleva al personaje a pasar de la homofobia feroz a una estado de amistad profunda con un transexual que encuentra en sus primeras internaciones en un hospital y que luego se hace su amigo y socio en la aventura redentora. Más allá de eso, el verdadero festival de este filme son sus dos actuaciones principales: la de Mattew McConaughey como Ron, que bajó 21 kilos para componer al personaje, y la de Jared Leto, como el transexual Rayon. Ambos recibieron los premios Oscar a las mejores actuaciones en el rubro principal y de reparto.

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