Crítica de cine: Rigoletto en apuros

Mayo 2013



Entretenimientos

Rigoletto en apuros. Origen: Reino Unido, 2012. Título en inglés: Quartet. Dirección: Dustin Hoffman. Guión: Ronald Harwood, basado en su obra teatral. Intérpretes: Maggie Smith, Tom Courtenay, Billy Connoly, Pauline Collins, Michael Gambon y otros. Duración: 98 minutos.

Un poco en el estilo de otras películas que abordan con amabilidad y humor el tema de la vejez (nos referimos a El exótico hotel Marigold y la francesa ¿Y si vivimos todos juntos?), Rigoletto en apuros, con Dustin Hoffman por primera vez como director luego de más de cuarenta años como intérprete, nos brinda una historia algo esperable, pero no por eso carente de genuina emoción. El relato transcurre en un geriático de músicos y cantantes retirados que lleva el nombre del renombrado director inglés ya fallecido Thomas Beecham. Ese geriátrico está instalado en una mansión victoriana convertida en lujosa residencia para estos artistas, que obviamente cuesta mucho mantener, sobre todo porque depende en parte de la caridad de los círculos adinerados.

A ese lugar, donde sus internados preparan una fiesta de gala para conseguir fondos que garanticen la continuidad del funcionamiento de esa casa, llega una antigua “prima donna” (Maggie Smith), muy celosa de su pasada reputación y poco inclinada a compartir los hábitos más sociales del grupo. Es una mujer que dejó de cantar cuando la decadencia de su voz comenzó a provocarle inseguridad y un insoportable temor a envejecer. Pero hay algo más escondido en su pasado: en el geriátrico vive un ex amor suyo (Tom Courtenay) con quien tuvo un final tormentoso. Su encuentro tendrá consecuencias para ambos pero también para los planes de quienes han decidido concretar el recital.

La película está basada sobre una obra teatral de Ronald Harwood, quien hizo  también el guión de este largometraje y de otros filmes memorables como El vestidor, Oliver Twist y El pianista. La calidad de los diálogos, que no disimulan para nada su origen teatral y le dan a la película un valor complementario, proporciona observaciones de una gran agudeza y humor. Es verdad que, sobre el final, la peripecia se desliza un poco hacia un cuadro de sentimentalismo algo previsible, pero eso no le quieta el mérito de algunos retratos humanos muy veraces, sobre todo para el que conozca en detalle el mundo de la ópera, de sus divos, de sus infinitas vanidades, pero también de sus terribles fragilidades.

Un mérito todavía mayor que todas esas virtudes es la actuación del elenco, que Dustin Hoffman como intérprete debe haber disfrutado particularmente. En el papel de la vieja diva que llega al geriátrico Maggie Smith deslumbra por sus enormes y ya conocidas posibilidades compositivas, al igual que Tom Courtenay, el inolvidable actor de Rey y patria de Joseph Losey y El vestidor de Peter Yates,  como su ex amor. En una misma línea de lucimiento interpretativo están la deliciosa Pauline Collins, Billy Connolly y ese otro gran actor británico que es Michael Gambon.   

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