Crítica de teatro: Tribus

Julio 2015



Entretenimientos

Tribus. De Nina Raine. Dirección de Claudio Tolcachir. Elenco: Patricio Contreras, Gerardo Otero, Viki Almeida, Maruja Bustamante, Lautaro Delgado y Miriam Odorico. Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Diseño de iluminación: Ricardo Sica. Diseño de vestuario: Ana Markarian.

El estreno de la obra teatral Tribus, de la autora inglesa Nina Raine, podría suscitar, si el ambiente cultural de Buenos Aires fuera propicio a esa práctica, un entretenido y enriquecedor debate acerca de sus contenidos. Tienen miga para hacerlo, aunque es difícil saber si lo provocará. En algunos casos, algunas puestas son acompañadas por estos debates posteriores a la función, pero, salvo excepciones, no suele pasar con los éxitos de taquilla importantes sino en aquellas piezas que intentan más que nada atraer como público a grupos profesionales vinculados con la problemática que se trata.
     ¿Por qué decimos que ayudaría el debate? Porque, seguramente, contribuiría a discutir sobre zonas de significación de esta pieza que despiertan sensaciones encontradas. Mucha gente disfrutó del espectáculo, considerando que estaba frente a una gran obra, montada con mucha destreza y con actuaciones destacadas. Sobre estas dos últimas afirmaciones no hay objeciones que hacer. El ritmo escénico con que se desarrolla el relato y la labor de los intérpretes sobre los personajes es impecable. Está por verse, en cambio, y algunos críticos y espectadores coincidieron en esto, si la obra tiene un rico valor dramático, capaz de ayudar al espectador a pensar con hondura sobre lo que ve arriba de la escena, o solo a reírse de manera acrítica y desentendiéndose de lo que potencialmente pueden llegar a sugerir los personajes y sus conflictos.  
     Lo primero que habría que ver es si el original fue respetado y si lo que vimos es un reflejo de lo escrito por el autor. No lo sabemos. Lo cierto es que Claudio Tolcachir contó en su puesta con una versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino, que son dos adaptadores poco inclinados a respetar los textos originales, sino más bien a acomodarlos al oído y el gusto de cierto público promedio que acude a las salas de la avenida Corrientes. Y no hay duda que esa versión tuvo su aprobación –o incluso recibió su propio aporte-, como queda demostrado por algunos comentarios del programa en los que celebra la supuesta bondad del material que tuvo entre sus manos.
      Dice de Tribus que es un “gran texto, humano e inteligente, teatralmente novedoso”.  Y explica un poco antes que lo que discute esta pieza es la idea de una comunidad que, a la vez que protege, encierra a sus hijos, a los que no les reconoce diferencias entre ellos. “Querer lo mejor para los que amamos no siempre permite comprender quienes somos”, agrega. Ahora, uno se podría preguntar frente a ese padre que gasta todo el tiempo bromas de lo más crueles con sus hijos, ¿si eso es realmente cariño o un ejercicio egoísta y frío de la paternidad, que no contiene preocupación alguna por el verdadero destino de sus hijos? ¿Dónde está el amor del padre por esos hijos, salvo en el hecho de ofrecerles, y bajo protesta permanente, que vivan en su casa?  ¿Qué condiciones reales crea para arrancarlos de sus frustraciones? Tolcachir habla de un “humor agudo y políticamente incorrecto”.  Más parecería que ese humor es el mecanismo que encontró la autora –y acentuó la versión- para, bajo la apariencia de una ausencia total de tabúes en el tratamiento de ciertos temas, no hablar en profundidad de ellos. Y lo que más demostraría esto es el final de la obra donde el hermano que oye voces –y se encargó antes de hacerle pelota la relación al que está sordo- termina abrazado dulcemente a él, requiriendo y expresando su amor, porque en esa familia, parecería decirse, después de todo, la crueldad no es tan grave, porque el amor estaría siempre allí para conjurarla. Creer que esto nos sumerge al público en contradicciones, como dice Tolcachir, es en todo caso demasiado optimista.
                                                                                                                           A.C.

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