Ficciones en línea

Enero 2016

Entretenimientos

La descarga de series y películas y los servicios de streaming suman cada vez más adeptos en el país. De Netflix a YouTube, los nuevos hábitos de la audiencia. Estadísticas y análisis.

Claudia tiene 24 años y se desparrama en el sillón de su casa. La rodean su novio, su gato, un té y unas galletitas. Acaba de poner Play, pero no en el reproductor de DVD sino en la computadora, en un sitio que frecuenta para seguir sus series favoritas y ver películas. No paga el cable: no lo necesita. Ramiro viaja en subte con los auriculares puestos para ver videos en YouTube desde su celular. Sus amigos más pudientes pagan Netflix para ver la última serie de moda. Los que no tienen abono, la descargan desde algún torrent o un sitio de descarga no oficial.

Con sus múltiples ramificaciones, la tendencia viene creciendo en los últimos años. El informe Futuro Digital Argentina 2013 de la agencia ComScore señalaba al país como el más propenso de la región a la hora de ver videos online: el 95% de los usuarios lo había hecho. No es poca cosa para el tercer país en cantidad de audiencia digital de América Latina, detrás de Brasil y México.

Medir el tráfico completo de los videos online es una tarea imposible. El sitio Observatorio de Internet en Argentina (http://inter.net.ar/) ofrece algunos datos parciales. Por ejemplo, en YouTube hay 15,6 millones de espectadores nacionales que, en promedio, miran 9 horas de video cada mes. Esto equivale a 541 horas espectadas por segundo. ¡Y ni siquiera toma en cuenta otras plataformas! En rigor, advierte el periodista especializado Federico Lisica, ninguna empresa ofrece datos fidedignos sobre el consumo de sus usuarios. «Esa información es el gran secreto de la industria», señala. Según proyecciones de la agencia Alexa, y asumiendo un uso «estándar» de la popular plataforma, cada minuto se sube el equivalente a 1,3 hora de videos.

Lo que sí está claro es que la tendencia es irrefrenable. Por esa razón, muchos canales de televisión están subiendo sus contenidos también a plataformas digitales, cuando antes dedicaban ese espacio solo a contenidos promocionales o «extras». Lisica distingue segmentos según la plataforma. «Los canales como FOX, TNT y demás le dan muchísima bola a las series, más que a las películas: son su contenido privilegiado en las plataformas digitales», plantea. El periodista de Página/12 considera que es en YouTube donde se dan los casos más interesantes y rupturistas. Pone el caso de Tiranos temblad, un producto inclasificable de origen uruguayo que fascina a orientales y argentinos por igual. «Está hecho a partir de contenidos online, pensado para una audiencia online y producido a partir del propio uso de los videos online: me parece que es el futuro», subraya. Los capítulos de Tiranos temblad, al igual que el de la mayoría de las webseries, rara vez superan los 10 minutos.

Esto da origen a otro fenómeno: lo que en Estados Unidos se conoce como «binge-watching», que es el acto de ver varios capítulos de una misma serie de corrido. ¿Se acuerdan de las maratones de fin de semana dedicadas a Lost? Bueno, exactamente eso. Y otro tanto se da en YouTube, donde se suelen consumir 10 episodios al hilo de la webserie de turno. Otro rasgo particular de esta plataforma, a diferencia de otras –pagas o no– es la preeminencia del contenido subido por los propios usuarios. Así surge el éxito de los «youtubers», usuarios que se arman su propio «canal», al que tratan como si fuera un blog alimentado con videos propios. Los últimos en llamar la atención en este rubro son los «booktubers», chicos jovencísimos que tomaron por asalto la Feria del Libro de Buenos Aires y su par infantojuvenil.

Algunos «youtubers» tienen un enorme poder de convocatoria: tienen más de 40.000 seguidores en el portal y llenan salas de conferencias. Luego hay otros sucesos, como el humorista Germán Garmendia (del canal Soy Germán), un fenómeno netamente generacional que conquista espectadores por millones en toda América Latina. «Estos chicos tienen su propio “star system” y los adultos quizás no lo terminan de entender», opina Lisica. La creatividad, considera, manda en estos canales, muy lejos de las fórmulas consagradas por las facultades de comunicación y la experiencia televisiva.

Ahora, ¿todo este universo es gratuito? Claro que no: hay muchas opciones pagas y, contra lo que sostenían los agoreros, en la Argentina tienen cierto éxito. Netflix es, entre todas, la más conocida. Cifras de la consultora Dataxis dan cuenta del crecimiento del rubro: 550.000 hogares abonan estos servicios, lo que representa más de 1.300.000 usuarios.
«Para sorpresa de muchos, la gente aceptó muy rápido el pago de Netflix, que era la gran traba que se veía. Me parece que eso ocurrió, sobre todo, por la facilidad de uso», apunta Lisica. A modo de conclusión se podría afirmar que, cuando el servicio es bueno y se puede acceder a un precio razonable, la piratería disminuye notablemente. «La industria discográfica no vio que el negocio iba por ese lado, la industria audiovisual, aunque tarde, pudo adecuarse», señala. No sorprende, entonces, que proveedores de Internet y productores televisivos por igual se lancen a este nuevo mercado: hay una nueva era audiovisual en ciernes y ya le dimos muchos clics al botón de «Aceptar».

Andrés Valenzuela
 

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