Libros recomendados: Mis almuerzos con Orson Welles de Peter Biskind

Noviembre 2015



Entretenimientos

Uno de los libros recomenadados de este mes es Mis almuerzos con Orson Welles de Peter Biskind (Crónicas Anagrama)

  Aclaremos de entrada: los almuerzos con Orson Welles, como dice el subtítulo del libro, son los que mantuvo con Henry Jaglom, un cineasta, productor e intérprete que tuvo una relevante gravitación en la vida del autor de  Ciudadano Kane en la última etapa de su vida. Peter Biskind, un periodista especializado en cine que ha colaborado con varias de las publicaciones más importantes de los Estados Unidos, ha sido su editor. Durante muchos años, habían circulado en el ambiente de Hollywood noticias sobre la supuesta existencia de unas conversaciones que Jaglom le había grabado a Welles durante distintos almuerzos que tuvieron lugar entre ambos en 1983, 1984 y 1985. Las grabaciones realmente existían y fueron a parar a manos de Biskind que, con el permiso de Jaglom, las editó hace un tiempo pero tomándose algunas libertades, como el mejoramiento en algunos casos la sintaxis, siempre imperfecta, en el intercambio coloquial; la supresión de lo que no se entiende o la incorporación de opiniones del propio Jaglom que sin haber sido parte de esas pláticas pertenecen a los diarios personales de Jaglom y tienen pertinencia en los temas de su diálogo con Welles.
       Biskind previene esa circunstancia en una “Nota al Texto” previa a la transcripción de las conversaciones y luego de una introducción jugosísima que escribe contando cómo se conocieron ambos directores y abundando en diversos aspectos de su carrera y filmografía. Sin duda, este prólogo es esencial para entender luego la libertad y confianza con que ambos charlan de una cantidad enorme de temas y personajes de Hollywood, entre los que están, en el caso de los últimos, figuras como Laurence Olivier, Humphrey Bogart, Katherine Hepburn, Charles Laughton, Charles Chaplin, Alfred Hitchcok, Woody Allen y tantos otros. Como dice el periodista Richard Brody en The New Yorker, el volumen podría ser un verdadero monumento a la chismografía de Hollywood, un mero divertimento, si detrás de las opiniones que se emiten no existiera un personaje como Welles. Y en ese sentido, las conversaciones se convierten en una auténtica fuente de conocimientos para entender al director y ser humano que era ese genio. Sus opiniones son alternativamente penetrantes, honestas, divertidas, groseras o impactantes, todo a la vez, de un modo que solo podría haberlas proferido una personalidad como el gran Orson.
      Las charlas se produjeron en el restaurante Ma Maison, que se había transformado como en el segundo hogar de Welles, pues acudía casi todos los días a comer allí. Ese bistró francés cerró en otoño de 1985, aproximadamente un mes después de que Orson muriera de un ataque al corazón en su departamento, mientras tenía una máquina de escribir en su regazo, probablemente tratando de empezar a escribir algún guion. Fue un 10 de octubre, cinco días después de la última conversación la tuvo con Jaglom. Al morir dejó diecinueve proyectos inconclusos, en distintas etapas de producción. La película en que apareció por postrera vez como actor fue Alguien a quien amar, precisamente dirigida por Henry Jaglom.  En ella decía: “Vivimos y morimos solos. Solo el amor y la amistad nos crean la ilusión de que no estamos  completamente solos”. Hay otros interesantes trabajos sobre Welles, en especial una biografía de Barbara Leaming, pero recorrer estas conversaciones, más allá de todo lo que se haya leído sobre él o visto de su maravillosa filmografía, es una experiencia aparte, sumamente gratificante. Y un baño de placer para los que  han admirado o admiran su talento.

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