Is This the Life We Really Want?

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Aunque parezca mentira, a sus 73 años el ex líder, bajista y voz cantante de Pink Floyd acaba de publicar su quinto disco solista en estudio en un período de treinta y tres años, un número que en términos de marketing musical es inaceptable. Sin embargo, y en especial a través de sus varias versiones de The Wall —la ópera rock levemente autobiográfica de Roger Waters grabada originalmente en 1979, cuando ya las disputas internas en la banda empezaban a hacerse notar—, el músico inglés logró sobrevivir a las demandas de la industria discográfica y hacer las cosas a su manera.

Así, Is This The Life We Really Want? ve la luz veinticinco años después de su anterior opus en solitario, Amused to Death, y sigue la línea oscura y desesperanzada de casi toda su obra. La pregunta del título (¿Esta es la vida que realmente queremos?) coloca al oyente en un lugar de incomodidad y reflexión existencialista que se parece bastante al de The Wall. Como en su obra cumbre, Waters critica el statu quo, milita contra el absurdo de la guerra, alerta sobre la alienación, fustiga la corrupción política, denuncia el rol de los medios y el de la educación formal y busca, de alguna manera, sacudir la modorra social frente a este estado de cosas. En Déjà Vu, por ejemplo, canta: “Si yo fuera un dron/ Patrullando cielos extranjeros/ Guiado por mis ojos electrónicos/ Y el factor sorpresa/ Sentiría temor de encontrar a alguien en casa/ Quizás una mujer en la cocina/ Horneando pan, cocinando arroz o simplemente hirviendo unos huesos/ Si yo fuera un dron”. Y en un aspecto más global dice que “las truchas en las corrientes son todas hermafroditas/ Te inclinás a la izquierda pero votás a la derecha/ y se siente como un déjà vu”.

En Broken Bones, una vez más se muestra crítico de los Estados Unidos: “Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial/ Aunque el pizarrón nunca fue borrado/ Pudimos haber recogido los huesos rotos/ Pudimos haber sido libres/ Pero elegimos la abundancia/ Elegimos el Sueño Americano”. Sin embargo, su verdadero manifiesto está en el tema que da nombre al disco: “El miedo impulsa los molinos del hombre moderno/ El miedo nos mantiene a todos en línea/ Miedo a todos los extranjeros/ Miedo a todos sus delitos/ ¿Es esta la vida que realmente queremos?”. Y se pregunta si “cada vez que un estudiante es atropellado por un tanque (…) Cada vez que una novia rusa se anuncia para la venta/ Y cada vez que dejan a un periodista podrir en la cárcel (…) Y cada vez que un bobo se convierte en presidente/ Todos nosotros, los negros y los blancos/ Chicanos, asiáticos, todo tipo de grupo étnico/ Incluso la gente de Guadalupe, el viejo, el joven/ Brujas sin dientes, súper modelos, actores, maricas, corazones sangrantes/ Estrellas de fútbol, ​​hombres en bares, lavanderas, sastres, prostitutas/ Abuelas, abuelos, tíos, tías/ Amigos, relaciones, vagabundos sin hogar/ Clérigos, camioneros, mucamas (…) ¿Somos simplemente tontos?/ ¿Es por eso que no sentimos ni vemos?/ ¿O estamos todos entumecidos por los realities de la televisión?”.

El disco es el resultado de una serie de grabaciones realizadas entre 2010 y este año, con producción de Nigel Godrich (trabajó con otros grandes como Paul McCartney o Radiohead), en las que es inevitable hallar sonidos, armonías, efectos y registros documentales de la radio o la TV, recursos de algún modo ya escuchados en Pink Floyd o en los álbumes de Waters. Esos climas opresivos, esas voces desgarradas por el dolor o la bronca, esos crescendos instrumentales son su marca registrada, como lo son también sus letras, cargadas de provocación y búsqueda de respuestas a la realidad que no lo satisface, a esa vida que vivimos sin realmente quererlo.

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