Por H o por B

Julio 2017

Entretenimientos

Por H o por B. Autores del libro: Diego Peretti y Sebastián Suñé. Dirección: Sebastián Suñé. Intérpretes: Diego Peretti, Agustina Cerviño y Paula Staffolani. Música original: Gregorio Vatenberg. Diseño de Vestuario: Gustavo Alderete. Diseño de escenografía: Natalia González. Diseño de iluminación: Ricardo Sica. Timbre 4, México 3554. Lunes a las 21 horas.

Era sabido que Diego Peretti siente cierto gusto por la escritura de guiones. De hecho colaboró en el libro de dos películas en las que participó además como actor: en La señal y La reconstrucción. Era menos conocida, o por lo menos no demasiado difundida, su afición a escribir teatro. Sea como sea, haya escrito o no otras obras, es evidente que con Por H o por B, una comedia reidera sobre los contratiempos emocionales –y aún más que eso- que le generan ciertas correrías amorosas a un arquitecto de nombre Gregorio, quien después de quince años de matrimonio  comienza un romance con una nueva mujer sin decidirse ni a abandonar el matrimonio ni a blanquear la nueva relación.

       El ámbito donde Gregorio blanquea finalmente su situación es frente a su psicoanalista, quien lo atiende curiosamente desde hace tres lustros atrás. Lo decide luego de sufrir un infarto por exceso de estrés y sobreabundancia de actividad en la relación con ambas mujeres. Pero no solo se lo cuenta a él sino que cita al consultorio del profesional a las dos chicas, que obviamente ignoran lo que sucede. Peretti, que ha escrito esta obra en colaboración con Sebastián Suñe, es psiquiatra en la vida real, además de actor, y ha encarnado ya a personajes con esa especialidad en su carrera. De modo que no le ha faltado material de base ni tampoco humor para introducirse en la problemática de un hombre cuyo mayor obstáculo es no tener el suficiente coraje ni fuerzas para cortar por lo sano y terminar con una de las dos relaciones simultáneas que mantiene en el último año de su vida.

      Dicho esto, habrá que añadir, sin embargo, que la comedia no pasa de ser un pasatiempo agradable y liviano. Y mientras duran las situaciones donde el protagonista realiza toda clase de malabarismo para intentar para disfrazar su doble vida, la atención se mantiene fluida gracias a que las escenas tienen ritmo y están apoyadas en un conjunto de chistes y ocurrencias que pueden divertir a un público sin muchas exigencias. Pero a medida que avanza la obra y los secretos de Gregorio se hacen poco sostenibles y, sobre todo, en ese tramo final en el que lleva a sus dos mujeres ante el psicoanalista, todo se vuelve demasiado inverosímil. No porque a alguien no se le pueda ocurrir hacer una cosa así –la psiquis humana da para eso y mucho más- sino por el simple hecho de que, con un corazón en estado tan delicado como está el de Gregorio, nadie se lo permitiría. Es una apelación al absurdo al que se recurre como remedio de último momento, pero poco feliz. Y mucho menos creíble.

       Es verdad que se trata de una comedia para hacerle pasar un momento agradable a la gente. Y esto es legítimo, pero en ese género, cuya finalidad es siempre oxigenar el espíritu del espectador, se puede aspirar a una mayor profundidad. Y ésta obra no lo hace. De más está decir que Peretti realiza un trabajo a tono con su conocida simpatía y atraviesa algunos pasajes en que su máscara luce con detalles dignos de un actor de su calibre. Pero no va más allá. Tampoco el texto se lo exige. Sus fans se deleitan muchísimo con su histrionismo, pero convengamos en que si se quiere ver un teatro más elaborado, incluso en registro de comedia, no es ésta la experiencia más recomendable. Las dos actrices que acompañan al actor y autor (Paula Staffolani, como Bárbara, su pareja de años; y Agustina Cerviño, como Helena, la amante) cumplen muy bien sus cometidos. Son dos actrices muy frescas y que se mueven en el escenario con mucha seguridad y placer por lo que hacen. La obra se realiza en dos planos: uno es el del hogar y el otro el lugar que sirve para la oficina de él o el departamento donde visita a Helena. Con pocos muebles y dos paneles de fondo, esos dos espacios y una suerte de corredor intermedio que Peretti utiliza para contarle cosas al público y verse con su psicoanalista, resuelven bien las necesidades de una puesta que es muy movida y que el director ha logrado sostener  en un ritmo que no decae nunca.