Entrevista al actor Osvaldo Santoro

Septiembre 2016

Entrevistas

En una sustanciosa charla, en la que realiza un balance de su intensa actividad como actor, concejal y secretario de SAGAI, Osvaldo Santoro hace también algunas precisas observaciones sobre la actual realidad nacional, tanto en el campo específicamente político y social como en el cultural. También el conocido intérprete adelanta algunos aspectos de Kilómetro Limbo, una obra teatral del argentino Pedro Gundesen que estrenará a fines de septiembre en el Teatro Nacional Cervantes, y de una película que acaba de filmar con Marilú Verdú, El faro de las orcas, que tiene producción española y de nuestro país.

Ha hecho una carrera actoral formidable, una de las mejores en la Argentina por la variedad y buena elección de los personajes que ha realizado en teatro, cine y televisión. Ha participado en varios de los más notables elencos que se han visto en la escena del país en los últimos cuarenta años, elegido por grandes directores. Ha cosechado por su lucimiento en distintos papeles algunos de los premios más codiciados. Y desde que comenzó su labor profesional, allá por 1974 –fecha en que egresó del Conservatorio Nacional con la distinción de alumno más destacado de su promoción, igual que Jorge Marrale y Beatriz Spelzini-, no ha dejado casi nunca de estar en actividad. Todo ello sin abandonar jamás una forma de vida caracterizada por la coherencia con sus principios artísticos y políticos. Sin embargo, ninguna de esas circunstancias, medallas ganadas o reconocimientos le embotaron nunca la inteligencia, como ocurre a menudo con otras personas en contextos similares. Hoy, como hace muchos años atrás, Osvaldo Santoro es fiel a un rasgo esencial de su personalidad: su profunda sencillez y transparencia. Al contrario, es como si el tiempo fuera depurando día a día esas virtudes.

     Estas columnas han sido espacio de otras conversaciones con él, pero no han registrado varias de sus actividades de los últimos años, entre ellas la de su labor como concejal electo por el peronismo en el partido de Tres de Febrero, mandato que culminará en 2017. “Ha sido una buena experiencia, que en verdad valoro, y que realmente quise hacer –contó-. Vengo de una familia peronista y mi padre fue dirigente sindical, tenía curiosidad de observar y conocer ese mundo que es muy particular. Y que puede ser muy teatral, con lo que esto conlleva de posibilidad de ficción y de mentira. Pero, desde mi lugar de presidente de la Comisión de Educación y Cultura, pude acercarme más a los problemas de los vecinos e investigarlos más más a fondo con el propósito de darles una solución. Vivo hace muchos años en Caseros, una zona, a la que le tengo mucho afecto. Y pensé que desde ese cargo, que está dentro de una temática que manejo, podía contribuir a lograr conquistas que mejoraran la vida de la gente. En nuestra zona lo que existe hoy, entre otras fuertes carencias, es un grave problema de falta de seguridad. Es un asunto muy complejo, que además se ha agudizado con el desplazamiento de algunas cúpulas dentro de la policía bonaerense y el incremento de las internas. A lo que hay que agregar, desde luego, la cada vez más extendida desprotección entre los sectores sociales más vulnerables. Yo vivo entre los vecinos y lo veo. Había personas que en los últimos años se habían comprado ropa, se habían puesto los dientes o se iba de vacaciones todos los veranos, esas cosas elementales que todos los seres humanos necesitan. Muchos de ellos tienen problemas para sobrevivir. No hay ningún derecho en querer hacer retroceder la situación social de las personas hacia niveles de pobreza que ya se habían superado, por lo menos en un grado significativo. ¿Qué necesidad había de levantar las retenciones a las mineras o a las capas ricas del campo? Yo viajo bastante, sobre todo a Córdoba. Y siempre he visto en los últimos años que esos grupos ganaron mucha plata. Los que con seguridad tienen problemas son los sectores más pequeños, pero no los grandes propietarios.”

  En cuanto a qué costado le ha gustado menos de su actividad como concejal, dijo: “No me ha gustado que me distanció un poco de mi carrera y eso no es bueno, porque la tarea en el municipio lleva tiempo. De todos modos, no es que haya dejado de trabajar. Pero bajé el ritmo y rechacé algunas propuestas. De todos modos he hecho algunas películas y series de televisión y estoy ensayando una obra que me entusiasma mucho y que estrenaré para fines de septiembre en el Teatro Nacional Cervantes. La pieza se llama Kilómetro Limbo, del autor argentino Pedro Gundesen, quien ha escrito otra obra que tuvo repercusión, Argentinien, que se hizo también en el Cervantes, y Ya nada será como antes, Wendy.” Consultado sobre las razones que lo hicieron aceptar la pieza, comentó: “Diría que son tres: primero, que era la última obra de la gestión de Rubens Correa y Claudio Gallardou al frente del teatro, por lo que me entusiasmó cerrar un ciclo como el de ellos que fue muy rico y favoreció mucho la asistencia del público. El segundo punto es que se trata de una obra que durará unos dos meses en cartel, luego de los cuales es posible que quede en nuestras manos para que decidamos si seguimos o no. Y el tercer punto que me atrajo fue la obra en sí, que es distinta, absolutamente vertiginosa y muy vigente. El texto tiene como base un suceso que ocurrió y tuvo su difusión en los medios: el de un camión jaula que desbarranca en una ruta y deja varias vacas muertas que los vecinos del lugar, personas muy pobres, faenan y se las llevan a sus precarias viviendas. El punto de arranque del texto me pareció fantástico: el encuentro del dueño del camión, un tipo de mentalidad cerrada, y un travesti que lo socorre, con una finalidad que no es sexual, como queda demostrado en la obra. Este travesti vive cerca del lugar del accidente y tiene conexiones con la gente del lugar. Y en medio de esa situación aparece un concejal que intenta hacerle cambiar la versión de los hechos al camionero.”

    “Hay una serie de equívocos que me parecieron muy interesantes en la obra –continuó su exposición Santoro-. El camionero aduce, por ejemplo, que el accidente se produjo porque se le cruzó una liebre. Pero es muy probable que haya tenido la fantasía de querer tener relaciones con algunos de los travestis que se reúnen en la zona para ofrecer sus servicios, un pensamiento sin embargo que nunca se hubiera permitido revelar, y que al intentar parar en el lugar el camión mordió la banquina y derrapó. El encuentro entre esos mundos tan diferentes, el que representan estos sujetos, me pareció sumamente atrayente. Sobre todo en un contexto tan precario, porque la escenografía muestra pequeñas casas hechas con paredes de latas o letreros arrancados de los caminos. Y todo eso tenía como plus el hecho de trabajar con Claudio Rissi, que hace el travesti. Yo hago el camionero. Hay en ese encuentro una cierta violencia en el comienzo, que va cambiando de color a medida que pasan los minutos, se va humanizando la situación. Y se entiende por qué. En medio del conflicto y cuando la situación está en su nivel más agresivo, poco a poco las cosas se van apaciguando. El camionero hace una especie de catarsis y en un instante, tanto él como el travesti, se despojan de prevenciones, y se desnudan espiritualmente ante el otro. Rissi es alguien francamente atractivo como actor. Y hemos congeniado muy bien. Y hay un tercer personaje, que lo hace el joven actor Cristián Aguilera, que tiene una aparición pequeña, pero significativa porque contribuye a exhibir la realidad que nos rodea. Es una obra relativamente corta, pero tremendamente enérgica. Y muy potente en lo conceptual. La dirección de la pieza es de Luis Romero.”

     La última obra teatral que Santoro hizo fue El placard, un gran éxito de taquilla, basada en la adaptación de una película francesa del mismo nombre. Y antes La celebración, una obra de oscuros secretos familiares, donde interpretaba a Helge Hansen, un frío hombre de negocios. Lo que también hizo en los últimos años fue cine y televisión. Hace poco terminó de filmar en el sur un film argentino-español llamado El faro de las orcas, en el que trabaja con Maribel Verdú y Joaquín Furriel, entre otros. El director es el español Gerardo Olivares, conocido por su larga trayectoria como documentalista (La ruta de las Córdobas, La ruta de los exploradores y La ruta de Samarcanda) y en los últimos años por sus aportes a la ficción: 14 kilómetros (muy premiada y que trata sobre el drama de la inmigración africana a Europa), La gran final, El camino del águila y Entre lobos. El largometraje cuenta la historia de una madre que viaja a la península de Valdes con su hijo autista porque se ha enterado que allí que existe un guardafauna que tiene una relación muy especial con las orcas. Y que el contacto con ellas es una buena terapia para los niños de esa condición. El año pasado terminó también una miniserie con Telefe, Vida política, en la que personifica a un político corrupto. La historia, que forma parte del acervo del BACUA y cuyo director fue Daniel De Filippo, se proyectó hace poco en Canal 12 de Trenque Lauquen. También el mes pasado se pasó por Canal 7 otra miniserie llamada Las palomas y las bombas en las que trabajó. Este trabajo se centra en los hechos del 6 de junio de 1955, cuando fuerzas aéreas navales bombardearon Plaza de Mayo, la Casa Rosada y la CGT, dejando 300 muertos.

    Santoro sigue teniendo, además de sus compromisos artísticos y la labor de concejal, una importante responsabilidad gremial que lo une a SAGAI (Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes): es la de secretario de esa entidad. Como miembro de esa sociedad le ha tocado participar en la Multisectorial para el Trabajo, la Ficción y la Industria Nacional, que reúne a 19 instituciones vinculadas a la industria audiovisual. “Ayer, 8 de septiembre, firmamos el acta constitutiva –nos contó como novedad- de la Multisectorial como institución formado por 19 importantes entidades del país. Esta institución llevará a cabo ahora, de hecho lo venía haciendo, las negociaciones con el gobierno para encontrar soluciones a la grave situación que atraviesa la industria audiovisual. Es un conglomerado institucional único en ese sector, similar al que las sociedades de gestión armaron con AASAI para orientar la lucha por los temas específicos de su espacio. Ahora que ya está la plataforma con los puntos a tratarse en la negociación, esperemos que se resuelven con la mayor prontitud posible porque el momento que se enfrenta es muy delicado. La Multisectorial lo que pide es: una cuota de pantalla para la producción nacional, la ley de fomento a la industria audiovisual para que haya más trabajo y más ficción en el país; la ley de mecenazgo y la creación del Instituto Nacional de Televisión. Hacer una ficción en el país cuesta unos 60 mil dólares el capítulo y una serie extranjera te la venden 1500 dólares el capítulo. Si no hay fomento, la industria audiovisual en el país corre serio peligro de desaparecer.”

     En cuanto a su experiencia concreta en SAGAI, Santoro terminó de redondear sus respuestas con este panorama: “Estamos cumpliendo el décimo año y la verdad que hemos tenido logros enormes. La Fundación sigue haciendo un gran trabajo. Hemos ayudado mucho a la Obra Social de la Asociación Argentina de Actores, porque últimamente, con la merma de trabajo muchos socios no pagan y eso disminuye naturalmente los ingresos.  Más allá de eso, la Fundación se ocupa también de los actores que tienen dificultades, sobre todo los mayores, que en la vejez enfrentan problemas de salud y requieren atención. Nosotros construimos la realidad con dos visiones: una es la que me miro en el espejo y la restante es la que me da el otro cuando dice al verte en la calle: ‘Hoy, mirá quién va allá.’ Cuando desaparece esa notoriedad, aunque hayas sido una gloria, caminas por la calle y la mayor parte de la gente no te conoce. Entonces sobreviene un deterioro muy fuerte. Yo he visto sufrir a mucha gente. Y fíjate que cuando entregábamos un premio-incentivo a los mayores de 80 años –ya lo hicimos varias veces y este año lo haremos otra vez-, ese gesto es importante para ellos, pero no tanto por lo económico (hasta ahora era de 18 mil pesos), que pueden sin duda venirle muy bien, sino, sobre todo, por el reconocimiento de sus pares. Volver a subir al escenario y oír que sus compañeros los aplaudían. Nosotros en ese sentido tenemos que pensar en distintas alternativas para seguir ayudando a estos compañeros. Así que te diría que estoy orgulloso de lo que hacemos en la entidad.”
                                                                           A.C.