Entrevista con Miguel Ángel Solá

Mayo 2017

Entrevistas

De regreso a Buenos Aires junto a su esposa la actriz Paula Cancio, el gran actor argentino Miguel Ángel Solá aceptó dialogar con la Revista Cabal para referirse al emprendimiento teatral que lo trajo a estas playas, la obra Doble o nada, que se representa en la sala mayor del Teatro de la Comedia. Además de analizar detalles de la pieza de Sabina Berman y de sus dos personajes, que él interpreta junto a su mujer, el actor se extendió sobre otros aspectos de su actividad artística actual, entre los cuales mencionó varios de los relacionados con sus últimos trabajos tanto en Argentina como en España.

 Los encuentros con personas que queremos de verdad y no frecuentamos demasiado por  razones ajenas a nuestra voluntad, como las largas distancias geográficas, nos provocan a menudo un sentimiento confuso: la reconfortante intensidad de esa reconexión suele teñirse de una leve sensación de nostalgia. No es extraño: esos acercamientos, si esas personas en cuestión son significativas para nosotros, nos brindan la dicha de verlas de nuevo, pero en algún momento  nos recuerdan también lo mucho que hemos perdido durante su ausencia, las horas que no aprovechamos y que el tiempo se devoró, como un tiburón hambriento, en su indiferente e irremediable devenir. Eso, al menos, me pasa a mí, al que escribe estas líneas, con los amigos y amigas y con los personajes que admiro y que he descubierto han sido o son importantes –en algunos casos esenciales- en mi vida. Es cierto que con todos ellos es posible hoy comunicarse por mail y evitar así una separación completa y silenciosa, que es atroz, pero nada reemplaza, creo, el contacto personal, el verse frente a frente. Y sin celular por delante, como nos pasa a algunos que ya hemos avanzado bastante en la práctica de arrancarle hojas al calendario y estamos acostumbrados a conversar mirándonos en el rostro.

       Días atrás, al llegar al bar del Teatro de la Comedia, donde me encontraría con Miguel Ángel Solá pensé que me invadiría luego de estar con él esa especie de melancolía. No obstante, la alegría que me provocaba la posibilidad de verlo otra vez era mucho más fuerte y fue lo que primó, aun después de concluir la plática. No es que en la conversación nos bañara de optimismo a ambos. Nuestro país no cree en estos días en lágrimas y las cosas no generan risa sino más bien preocupación. Pero, en el intercambio ratifiqué lo que siempre supe de  Miguel Ángel: que sigue siendo ese artista cabal, íntegro que fue toda su vida, digno de ser admirado tanto por su formidable talento interpretativo como por la calidad de sus valores morales. Y eso, es muy reconfortante.  Por otra parte, con su llegada a Buenos Aires para hacer Doble o nada, de la mexicana Sabina Berman –una versión algo aggiornada por su propia autora de Testosterona-, era evidente que había paño de sobra para una entrevista cálida y  distendida, rica en revelaciones inteligentes sobre el trabajo artístico y la vida, como suelen ser las charlas con Miguel.

Miguel Angel Sola

      La obra se estrenó a fines de abril y en las semanas que ya lleva en ese teatro de la calle Rodríguez Peña poco a poco el boca a boca, a falta de la enorme publicidad con que cuentan otros espectáculos, va expandiendo el número de espectadores. Miguel había hecho ya Testosterona a fines de 2014 y comienzos de 2015 en Madrid junto a su encantadora y talentosa esposa, Paula Cancio. En esa oportunidad tuvo la posibilidad de llevar la obra en gira por toda España, pero prefirió venir a la Argentina a filmar la telenovela La Leona, donde personificó magistralmente al perverso personaje de Klaus Miller. Una vez más apostó a estar con nosotros. Durante ese tiempo, intentó reponer aquí Testosterona, pero unos meses antes la había puesto en escena con poco éxito Daniel Veronese, por lo que sus amigos productores le desaconsejaron hacerlo.

En cambio de eso, al poco tiempo surgió la posibilidad de hacer una versión renovada de Hoy. El diario de Adán y Eva, de Mark Twain, que produjeron los productores Jaime Nín Uría y Manuel González Gil, los mismos que ahora producen Doble o nada. Terminada La Leona en Telefé, y de vuelta en España, Miguel filmó varias películas, entre ellas Despido procedente, de Lucas Figueroa; La enfermedad del domingo, de Ramón Salazar, en un papel pequeño, y El último traje, del argentino Pablo Solarz, una road movie en la que personifica a Abraham Bursztein, un sobreviviente del Holocausto y sastre judío de 88 años, que sale de Buenos Aires para intentar encontrar en Polonia al amigo que lo salvó de la muerte en la Segunda Guerra Mundial. Esta película se estrenará en septiembre en España y en algún momento en el país. “Fue un personaje dificilísimo –confiesa Miguel-. Y hacerlo me consumía quince horas diarias de trabajo, pero valió la pena, es una película que está bien hecha.”  

       ¿Qué los llevó a insistir en reponer acá Doble o nada?, le preguntamos.  “La necesidad de vivir dignamente de nuestro trabajo y tratar de seguir la ruta laboral posible –contesta-. Quería venir acá y Paula también. ‘Vamos allá. El diario de Adán y Eva fue una siembra y tal vez podamos cosechar de lo que hicimos’, me decía. Nos juntamos otra vez con los mismos amigos, que, contra toda lógica de producción, decidieron invertir en esta obra que había sido un fracaso unos tres años atrás en Buenos Aires. Estuvo dos meses en cartel y vaya a saber por qué fracasó, porque tenía buenos actores y un director reconocido. Nosotros la hicimos en España cerca de cuatro meses y la dejamos porque teníamos que filmar aquí La Leona para la televisión. Al llegar para teatro queríamos hacer una pieza maravillosa traducida y adaptada por Paula, pero acá no les pareció que la gente estaba de talante para ver un texto así. Y entonces propusimos hacer Testosterona, que la teníamos fresquita. Solo había que adaptar un poco el lenguaje del personaje masculino a los giros porteños. El femenino sería una española. Y nos respondieron que aquí no había funcionado. Hasta que hace unos meses, estando nosotros en España, me llamó Marcela, la administradora del Teatro de la Comedia, y me dijo que bajaba La herencia de Eszter y si queríamos hacer algo. Le dije que Testosterona. ‘Otra vez’, me dijo. Y le sugerí que lo pensara. Unos días después, me volvió a llamar y me contestó que había convencido a los productores Jaime Nín y Manuel González Gil. Pusieron dinero y se arriesgaron. Con El diario de Adán y Eva, salieron empatados. No ganaron, pero tampoco perdieron. Esta es una nueva apuesta. La versión la dirige ahora Quique Quintanilla.”

        Respecto a quién hizo la adaptación de esta nueva versión, Miguel puntualizó que fue la propia autora. “Ella –explicó- fue siguiendo la experiencia de la obra en cada país que se estrenó (México, España y Argentina).  Y en todos esos lugares recibió las opiniones de actores, críticos, directores, escenógrafos e incluso las reacciones del público. Y eso le permitió darse cuenta de que el texto no estaba totalmente acabado, que permitía otras posibilidades de giro sobre sí mismo. Y partir de esta convicción tuvo el buen tino de seguir trabajando la obra. Nosotros les hicimos algunas sugerencias relacionadas con el lugar dónde transcurría la historia y ella las aceptó de buena gana. Así que en base a estas sugerencias y las prevenciones que ella había ido recogiendo de las experiencias previas le realizó algunos ajustes al texto, que han hecho que está sea una versión distinta a la que se hizo en México, España e incluso en Argentina antes que nosotros. Esto es fantástico porque confirma que no puede existir un teatro que no esté en movimiento. Hay autores que no quieren que le toquen nada, como si sus obras fueran cuadros de Goya o Rembrandt. Y el teatro es moverse, sentir, palpar, ver lo que le pasa al público, como vas sintiendo vos. Es muy fecunda esta actitud, incluso para no acomodarte en la incomodidad y recurrir a los tics seguros. Si uno se fija bien, es lo mismo que hizo la autora con la obra. Esa historia se la contó una amiga y luego ella la ficcionalizó, le proporcionó contenido y le cambió las circunstancias de lugar y los nombres para no perjudicar a nadie.”

      Lo interesante de Doble o nada es que la obra permite al espectador, luego de seguir su proceso, continuar pensando en qué es lo que realmente motivó a los protagonistas a actuar como actuaron. Ninguna interpretación queda cerrada y sellada del todo. Ese periodista famoso que se retira de la dirección del medio en que está y le propone a su discípula tomar las riendas de la empresa haciendo lo que sea para probar que es capaz de reemplazarlo, ¿está enfermo, como dice, o no? ¿O todo es una estrategia para llevarla a ella hacia un puesto que él por alguna razón debe dejar? ¿O es al revés y ella en conocimiento de lo que pasa organiza su propio plan para quedarse con el sillón dorado? Las preguntas se pueden multiplicar. “A mí se me ocurría pensar en la escena: ¿Y si ella sabe de entrada que él está enfermo? ¿Cómo detectamos que sí o que no? Hay detalles que te podrían llevar a ese  pensamiento. Cuando él se va a buscar café al comienzo de la obra, ella mira las pastillas que él toma. Es que no sé, no podría asegurarlo. Parece más una estrategia de él, cruel sin duda porque  le hace sacar a ella lo peor de sí misma. Veremos cómo hará luego ese hombre para poder sobrevivir a eso. Él ha sido un periodista excepcional, que ha cubierto con sus notas las revueltas y luchas más importantes de su época y ella se formó muy jovencita bajo su ejemplo, quiso acercarse a ese modelo. Y él además la protegió. Pero, ahora se va, y le pide que luche por sobrevivir y triunfar allí, porque si no la van a hacer mierda. Hasta ahora, nadie se había metido con ella porque estaba él, pero ahora, enfermo, se retira. Y otra cosa que pensé yo: ¿y este hijo de puta no está enfermo? Porque él juega con síntomas, con todo. Yo lo hice partiendo de la idea de que está enfermo, pero ¿realmente lo está? Y ella se lo pregunta en el final. Y son cosas que me quedan picando y que uno, como el espectador, no puede sino pensar.”

      ¿Se puede componer un hombre con poder sin haber estado en una situación similar en la vida? Miguel cree que sí. “Nunca transité por los lugares de poder –dice-, pero he visto a mucha gente hacerlo. En mi caso, nunca me asedió el deseo de tener poder ni de ampararme en él. Sí he corrido riesgos, me he jugado un trabajo o la posibilidad de ganar dinero, pero lo he hecho solo y de frente. Tampoco nunca he estado bajo la sombra de ningún político ni he sacado réditos de sus apoyos. Parecería entonces que no podría hablar de eso porque no lo he vivido, pero la tarea del actor no es vivir las cosas, es hacer que sucedan para el que está en la sala así lo crea. El personaje de Doble o nada tiene otros valores morales, que no son los míos. A veces sí me he preguntado qué me hubiera pasado de haber entrado en el juego del poder. No lo sé. Sí sé, sin embargo, que la fuerza del poder es grande y expande su corrupción o su influjo hacia sectores que no siempre participan en sus suculentos negocios, sino que son apenas beneficiarios laterales de sus migajas y a veces ni siquiera eso.”

         Nuestro querido actor ha traspuesto ya el ecuador potencial de su existencia y va ya transitando por la década de sus sesenta años. Se lo ve espléndido en lo exterior, pero admite que está grande y con algunos achaques y que en ocasiones le cuesta mucho la pelea por la sobrevivencia. Su viaje a Buenos Aires para hacer la obra de Sabina Berman ha sido una jugada realmente de riesgo. Admirable para un actor de su trayectoria, al que el medio y la sociedad  –a cuya identidad contribuyó tanto a enriquecer con sus extraordinarios trabajos- deberían estar ya protegiéndolo y brindándole solo oportunidades para seguir exponiendo los dones de su creatividad. Pero se sabe que no es así, que en el mundo del espectáculo, como en el mercado al que hace culto el neoliberalismo, con frecuencia triunfan los más astutos, no los mejores. “Yo nunca fui astuto ni supe hacer dinero –se describe-. Debí ser más precavido, en vez de comprarme un teatro tendría que haber guardado esa plata y hacerla producir, debería haber aceptado hacer alguna propaganda de Coca Cola o de cigarrillos. Yo le daba valor al no hacerlo, pero a la mayor parte de la gente no le importa. Realmente no sé por qué les gusta y les creen más a actores que hacen publicidad o les agrada ver a una misma persona repitiéndose hasta la extenuación. Todo, aún aquellos valores que nos parecían sagrados, parecen estar en duda. Ser una persona constante con sus ideas no se valora en la actualidad. Es, por lo tanto, muy difícil moverse en el universo del presente. O tener una ideología. Y eso que no tengo una noción complicada de ideología, sino sencilla. Estoy ideológicamente en contra de aquello que no me gustaría que me hagan a mí. Es un pensamiento chiquito, pero es el que tengo. Y no me gusta que me maltraten, que me torturen, que me roben, que me exploten, que me hagan daño o me engañen. Detesto la gente maledicente  y no le doy un beso a cualquiera. Valoro muchísimo el afecto de mis amigos, es algo inmenso para mí, pero eso, lamentablemente, no da de comer.”

     “Por fortuna, en la última parte de mi vida encontré a una mujer hermosísima y llena de talento, que me ha dado una hija preciosa, Adriana, que tiene ya tres años y se suma a mis dos hijas del matrimonio anterior: María de 20 años y Cayetana de 16, que viven en España. La primera escribe como los dioses y creo que se dirige abiertamente a esa profesión. Cayetana, que tiene un gran corazón y una mente brillante, me ha dicho que quiere ser actriz, y no dudo que lo será. Son las tres muy bellas personas. Y para mí como pequeños soles que entibian mi vida con afecto, la nutren de ese indispensable calor sin el que no podríamos existir. Y, claro, también Paula, que además de sus dotes de actriz, tiene un temple formidable, que me acompaña en todas estas travesías, arriesgándose conmigo a la aventura, al desafío. Aquí estamos ahora de nuevo los dos, ella y yo, peleándola otra vez. Con la mochila a cuestas, y junto a Adriana que, mientras nos sigue, nos mira y juega con nosotros, crece.”

       Salimos con Miguel del Teatro de la Comedia y caminamos hacia Callao y Santa Fe. Él está viviendo en un departamento cerca de allí. Pero no se dirige a su vivienda, sino a una juguetería ubicada en la primera de esas avenidas. Va a comprar un chiche para Adriana. Es la hora del almuerzo. Y al llegar quiere darle una sorpresa y verla reír, disfrutar con su nuevo entretenimiento. Y tal vez mirándola evoque aquellos versos de ese otro gran Miguel, que fue Miguel Hernández: “Herramienta es tu risa/luz que proclama/la victoria del trigo/sobre la grama/Ríe. Contigo/Venceré siempre al tiempo/que es mi enemigo.

                                                                                                                                     Alberto Catena