Picadas y tapas



Gourmet

Dejamos atrás por unos meses los guisos, las sopas sustanciosas, las fondues, las pastas con salsas contundentes. Es tiempo de comidas más frescas, más ligeras, con menos temperatura aunque no siempre con menos calorías. Tiempo de picadas, por ejemplo, una costumbre cada vez más arraigada y con mayor cantidad de opciones, como sucede en todos los ámbitos de la gastronomía de las últimas dos décadas. Es que la picada ya no es sólo lo que era, una excusa para acompañar el vermú, sino una alternativa en sí misma a la hora del almuerzo o la cena. Es cierto que aquellos módicos ingredientes que se sumaban al copetín en cuestión hoy se convirtieron en un sofisticado abanico de sabores, colores y aromas y, así, la picada se volvió autónoma y diversa.
No es un invento argentino, qué va. El Tapeo español, sin ir más lejos, le antecede y por mucho, lo mismo que los Antipasti italianos, las bandejas de inefables fiambres alemanes, los mil y un quesos franceses, el Smörgasbord sueco con sus gloriosos pescados ahumados, las variadas entradas de la cocina árabe mediterránea… Cada una de estas especialidades acompañada de sus bebidas tradicionales y sus largas tertulias, que tampoco son una creación de estos pagos.
En nuestro caso, la herencia española dejó marcada muy fuertemente su presencia, varias décadas antes de que empezáramos a hablar de tapas o de pintxos como si fuéramos amigos de toda la vida, aunque es oportuno recordar el antecedente de los cien platitos de la Rambla marplatense, un clásico de otras épocas que representaba quizá la única oportunidad anual de celebrar la vida con mariscos frescos y caracoles. Y con vista al mar. 


Hoy no son el prólogo de un almuerzo o de una cena, sino una comida en sí misma, presente en las reuniones de despedidas de año que comienzan en estos días. Y las opciones son tantas que todo parece posible. A los lugares tradicionales en los que la picada es un arte desde hace décadas, se le sumaron decenas de alternativas, incluso en la modalidad delivery, en un abanico étnico y en una escala de variadísima sofisticación que dificulta la elección, un obstáculo más que bienvenido.

 

                                                              Oscar Finkelstein