36 años de historias de la televisión que todos vimos

Entretenimientos

Creadores de varios de los ciclos televisivos más vistos de los últimos cuarenta años, Jorge Maestro y Sergio Vainman son realmente una “marca autoral” instalada en el imaginario de distintas generaciones de espectadores, que durante esas décadas los eligieron para disfrutar  de las historias que ellos elaboraron y que ya tienen un lugar bien ganado entre lo mejor que produjo la pantalla chica en el país. Compañeros de la escuela normal, donde se recibieron de maestros y a la vez comenzaron a montar espectáculos infantiles que ellos mismos escribían, los dos autores dieron inicio a su trabajo en televisión en 1980, pasando a lo largo de los años por casi todos los canales importantes del país y llegando a escribir los guiones de más de sesenta telenovelas y series. Tarea que acompañaron con distintos trabajos hechos para varios países de América Latina, entre ellos México, Chile, Estados Unidos y otros. Entre sus éxitos más recordados están los programas Nosotros y los miedos, Clave de sol, La banda del Golden Rocket, Zona de riesgo, Los machos, Amigovios y Montaña rusa, Como pan caliente o Gerente de familia, por los cuales fueron premiados en distintas ocasiones.

     La proliferación de carreras universitarias y terciarias vinculadas al guion han sido en los últimos años un aporte metodológico a la profesión, pero como ocurre siempre: lo más relevante que se aprende en este oficio, como en todos los demás, siempre reside en la propia práctica, en lo que se adquiere mediante el ejercicio regular de la profesión. Maestro y Vainman comenzaron a escribir guiones de urgencia en los mismos estudios de televisión donde, al mismo tiempo y con ojos ávidos, aprendían todos los secretos de lo que allí se hacía: trabajo de producción y exteriores, edición, asistencia de dirección, armado de proyectos, desglose de libretos, planes de grabaciones y cuanta cosa uno pueda imaginar. Así poco a poco fueron armando y perfeccionando su técnica: husmeando, preguntando, leyendo, archivando, escribiendo, en un proceso continuo de prueba y error, que es el que provee el mejor aprendizaje.

      Muchas de las mejores experiencias de ese camino recorrido se cuentan en este libro, desde los primeros intentos formativos hasta las realizaciones mayores de su carrera, siempre mediante una redacción clara y llena de encanto, en la que no faltan infinidad de anécdotas que harán reír y disfrutar a más no poder al lector. Todo eso con el propósito de que la lectura de este libro pueda ayudar a los jóvenes autores a entender mejor este oficio que “es el mismo desde que el hombre comenzó a contar historias a su tribu, más allá de las nuevas tecnologías y de la multiplicidad de plataformas.”  En un cálido e inteligente prólogo, el periodista Carlos Ulanovsky, después de elogiar la riqueza del libro y sugerir su lectura completa -que se transita como si fuera un atrapante y revelador cuento-, recomienda en especial un apéndice final del volumen, que comienza con el subtítulo: “Todos conocemos Hamlet, pero refréscamelo un poco…” Adherimos a esta sugerencia, sin dejar de advertir que la totalidad del libro provee muchos momentos de alto interés.