Constelaciones, de Lisandro Aristimuño

Entretenimientos

Con el corazón mirando al cielo

Lisandro Aristimuño pertenece a una generación de cantautores y cantautoras de origen variado, que pueden provenir del rock, el pop, el folklore, el tango, aunque en realidad entran y salen de los géneros según gusto o necesidad, lo que le otorga a este movimiento artístico implícito una enorme dinámica. Nombres como Gabo Ferro, Flopa, Lucio Mantel, Luciana Jury, Lucas Marti, Sofía Viola, Gonzalo Aloras, Mariana Paraway, entre muchos otros —realmente muchos— se alejan de las históricas contiendas de género (progresiva-comercial, rock-pop, etc.) para coincidir en la diversidad, tanto estética como temática.

En Constelaciones, su sexto disco, Aristimuño —en la casi inmejorable compañía de Sergio Verdinelli en batería, Javier Malosetti en bajo y Adrián Polenta en teclados— se corre un poco de los aires folklóricos y de las cuerdas y se pone por momentos más rockero, como en Hijo del sol (“No soy de aquí/ no soy de allá/ solo agradezco lo que me das/ hijo del sol/ beso el calor/ rompo las reglas del tiempo”), o blusero, como en Una flor (“Una gota se cae por exceso/ explota en la mesa más ancha/ y cuidada por un cazador/ vos que sos más valiente que un reino, ¿con quién estás?”). Sin embargo, su espíritu patagónico (nació y pasó gran parte de su vida en Río Negro, en una familia de artistas) siempre aparece, como en De nuevo al frío (“Tu tiempo, mis soles/ tus soles, mi tiempo/ tus manos latiendo/ que piden siempre a gritos mi voz/ tu tierra, mi tierra/ los dioses sembrando/ el campo, tu casa, / que dice muchas veces quién sos/ El Chaltén, soy Nehuén/ ¿quién me va a acompañar de nuevo al frío?”). Y también el recuerdo para alguien que decidió no estar más, como en Tu corazón (“Cada vez más todo te da igual/ y te fugas a la orilla del río/ sin pensar te pusiste a llenar/ tu corazón repleto de vino/ te encontraste en la mañana en un revólver/ y sin pensar todo te da igual/ quise estar, pude estar/ quise estar y salvar/ tu corazón”.)

A diferencia de su antecesor, Mundo anfibio, compuesto mayormente observando el agua, Constelaciones está inspirado en lo que se ve y se siente levantando la vista: “Para este disco pensé en mucha gente que se fue y que ilumina desde arriba. Gente muy especial para mí desde lo musical y familiar y ahí empecé a pensar en eso que te dicen de chico: que la gente se va al cielo. Yo creo que sí, que desde las estrellas o las constelaciones, nos mandan un mensaje y nos cuidan. Pensé mucho en eso. Hice el disco pensando mucho en eso: que hay vida después de la Tierra”. El resultado es un conjunto de temas de amor y desamor más o menos celestiales y destellos de su evidente vínculo con la naturaleza, todo sobre su habitual variedad de motivos musicales, su voz inconfundible y una poética siempre cuidada aunque algo más directa y visceral que en sus discos anteriores. Así lo demuestra en Constelación Once: “Nunca tuve miedo/ de aquel patrón/ siempre defendí/ nuestro cielo/ y así yo doy sin recibir amor/ y así yo voy a morir mejor/ cuando se hace luz/ despierto y voy a dar semillas/ al gallinero/ cuando viene helada/ prendo calor/ y llamo a todos al fuego”.

                                                                                                                              Oscar Finkelstein