Crítica de teatro: Casi un encuentro feliz

Marzo 2016



Entretenimientos

Casi un feliz encuentro. De Griselda Gambaro. Dirección: Alejandro Vizzotti. Actrices: Claudia Mac Auliffe y Sonia Novello. Escenografía: Ariel Vaccaro. Vestuario: Merlina Molina Castaño. Diseño de luces: Mariano Dobrysz. Teatro El Kafka, Lambaré 866. Domingo 18 horas.

En las obras completas de Griselda Gambaro se encuentran a menudo algunas piezas breves, muy inteligentes y reveladoras, cuya puesta en escena no siempre se ha llevado a cabo. Este es el caso de Casi un feliz encuentro, que no excede los 45 minutos de desarrollo, y en el que la autora enfrenta a dos hermanas de muy diferente carácter y manera de mirar la vida. Se quieren, pero en cierto modo se repelen y tienen cuentas pendientes que saldar.

      La escena única se produce cuando una de ellas llega a la casa de su pariente procedente de París, ciudad en la que vive hace mucho tiempo. Sus padres han muerto hace poco y la que recibe a la viajera supone que ella viene a hacerse cargo de lo que le corresponde por herencia de sus progenitores. Hay en esta suposición algo de rabia, porque quien manifiesta esa opinión es la hermana que se encargó de cuidar a sus padres durante sus últimos años, plagados de dolencia. Pero, a pesar de eso, no le niega derechos a la otra.

      Sin embargo, la que viene de París no tiene, según dice, el menor interés en quedarse con nada de lo que quedó como bienes sucesorios. Y a partir de este pequeño detalle de discordia entre ambas, poco a poco van apareciendo otros que muestra la inteligencia con que una autora de la talla de la Gambaro es capaz de alumbrar infinidad de situaciones de la vida diaria y de las relaciones entre seres queridos que todos, de alguna manera, alguna vez hemos experimentado. Las observaciones son realmente sutiles y lograr llevar el conflicto hasta un punto de tensión, que luego se resuelve en un final que deja abierto un interrogante sobre lo que ocurrirá en el futuro entre estas dos hermanas.

     Una escenografía sobria (una alfombra roja con una mesita baja, dos sillas y más atrás un mueble para apoyar cosas, entre otras una tetera), una iluminación correcta y dos buenas interpretaciones, bien contrastantes de la diferencia entre ambas mujeres, completan el espectáculo, muy agradable y digno de verse.