Sin filtro

Abril 2018

Entretenimientos

Sin filtro. (L’Envers du Décor). Autor: Florian Zeller. Versión: Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Dirección: Marcos Carnevale. Elenco: Gabriel Goity, Carola Reyna, Carlos Santamaría y Muni Seligmann. Diseño de escenografía: Alicia Leloutre. Diseño de iluminación: Matías Sendón. Diseño de vestuario: Ana Markarian.

Desde mediados de la década de los cuarenta en adelante, hubo una famosa historieta en la revista Rico Tipo que era “El otro yo del doctor Merengue”, concebida por Guillermo Divito. Se trataba de un señor educado y muy apegado a las normas de urbanidad, que difícilmente expresaba sus opiniones cuando existía la posibilidad de transgredir ciertas convenciones sociales. Pero he aquí que, de pronto, su “otro yo” aparecía en la historieta y expresaba de la manera más viva su verdadero pensamiento sobre lo que estaba ocurriendo y el doctor no expresaba para no molestar a nadie. Este recurso el teatro ha usado desde viejas épocas y generalmente se ha instrumentado a través de una convención llamada “aparte”, constituida por un desplazamiento de un personaje en escena para transmitirle al público unos bocadillos o secretos que las demás actores que lo acompañan –ese es el código- escuchan. En estos días, en la televisión, la serie House of Cards ha usado mucho ese procedimiento.

En Sin filtro, título que alude sin duda a esa posibilidad de hablar en sociedad sin ninguna represión, pero que en la obra se expresa por medio de aquel recurso mencionado en el párrafo anterior, el autor francés Florian Zeller, al parecer el más representado de su nación fuera de sus fronteras, muestra a dos parejas que se reúnen a cenar un sábado a la noche. El primer tercio de la pieza es utilizada para plantear cuál es el conflicto que se puede plantear al reunir a estas cuatro personas. El matrimonio anfitrión, constituido por dos cónyuges con muchos años de vida en común, difiere en su opinión acerca de la oportunidad o no de invitar a las otras dos personas a cenar. Él, que un editor exitoso y poco aficionado a contrariar a su media naranja, es el que sugiere, aunque con muchas dudas, que se le haga la invitación a los otros. Ella, en cambio, no lo cree conveniente porque el hombre de esa pareja que se quiere invitar fue marido durante largo de una amiga del matrimonio, a la que ha abandonado hace poco, reemplazándola por una joven aspirante a actriz muchos años menor que él y con la que vive un romance al parecer ardiente. Después de intercambiar ideas y pasar por posiciones cambiantes en su punto de vista, el matrimonio decide convocar a los felices enamorados ese sábado.

Los dos tercios siguientes de la obra son los que desarrollan las crecientes situaciones de incomodidad que sufren esos cuatro seres al avanzar la noche y no poder expresar lo que realmente piensan –en especial el matrimonio- sobre los temas que surgen en la conversación. Esa dificultad se refleja de modo particular en el editor, que totalmente shockeado por la belleza de la joven novia de su amigo, comienza a sentir verdaderos arrebatos de fascinación, que le resultan cada vez más difícil de contener. Y lo mismo ocurre con su mujer que, por razones distintas a las de su marido, quisiera poder decir todo lo que piensa sobre esa pareja cuyos arrumacos le provocan una profunda y envidiosa indignación. La sucesión de pasajes en los que todo parece poder estallar en cualquier momento le da a la obra, y gracias al uso por parte del autor de diálogos construidos con frases cortas, muy fluidas y graciosas, un carácter al espectáculo realmente divertido. En realidad, el peso mayor de la pieza se coloca sobre los personajes del matrimonio, que son los que más utilizan la técnica de comunicar al público sin tapujos sus pensamientos genuinos y los que, por lo tanto, sacan un partido más provechoso a la comicidad de este texto. La otra pareja está descrita de manera más superficial, más débil, y su participación, si bien tiene pasajes que se sostienen bien, sirven en lo fundamental como sostén para el lucimiento del dúo central.

Se podría decir que Sin filtro es una obra que deja también al desnudo las conocidas y reiteradas hipocresías y ocultamientos de la sociedad moderna y en especial de las familias y de las personas las integran o de quienes unen sus vidas, sea a través del casamiento o de una relación que elude la formalización legal. Y es eso es verdad, pero, al menos en esta versión que dirige Marcos Carnevale, es obvio que la finalidad principal del montaje del espectáculo comentado es la de provocar una velada distendida y lo más reidera posible al público más que poner el acento en esas fragilidades de la conducta humana, en reflexionar sobre ellas, aunque sea mediante un humor ácido e incómodo. Y eso ocurre porque el autor está preocupado, por lo menos en esta versión, habrá que ver en el original, más en los gags y frases ocurrentes, en hacer reír a los espectadores, que en hacerlos pensar mientras se divierten. Dentro de ese panorama, hay que decir de todos modos que esos propósitos se cumplen a plenitud, porque maneja con maestría la técnica para esta clase de comedias. Se debe agregar además que los trabajos de Gabriel Goity y Carola Reyna son de una eficacia categórica, para desternillarse. Y es muy rescatable lo de Carlos Santamaría y Muni Seligmann, porque frente a esas dos potencias profesionales no deslucen nunca.

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