Entrevista a Ariel Ardit

Noviembre 2016



Entrevistas

Se dio el gusto de homenajear a su ídolo Gardel en el aeropuerto colombiano donde falleciera el “Zorzal Criollo” grabando un disco que presentará en febrero en el Teatro Colón.

El 24 de junio de 1935, en la ciudad colombiana de Medellín, falleció quien fuera el cantante más popular de tango, el gran Carlos Gardel. Fue cuando la aeronave en la que viajaba junto a su comitiva intentó despegar con destino a Cali pero se despistó y terminó impactando contra otro avión que esperaba también para partir. Inspirador de tantas generaciones posteriores de tangueros (y hasta de músicos que desarrollaron otros estilos como el rock), el "zorzal criollo" se ganó un lugar en el panteón de los ídolos nacionales. Entre quienes lo veneran intensamente está Ariel Ardit, considerado por muchos el cantor más popular de la actualidad. Y fue justamente en el aeropuerto Olaya Herrera, lugar del accidente de Gardel, donde Ardit grabó en vivo y en forma de homenaje su disco Gardel Sinfónico, junto a la Orquesta Filarmónica de esa ciudad y exactamente 80 años después de la tragedia.

El álbum contiene una obertura instrumental a cargo de Andrés Linetzky y 14 composiciones de la dupla Gardel-Le Pera, el letrista que lo acompañó en sus mejores momentos y que también murió en el accidente aéreo de Medellín. "Mi Buenos Aires querido", "Tomo y obligo", "Melodía de arrabal", "El día que me quieras" y obviamente "Volver" conforman parte de ese repertorio que será presentado en febrero de 2017 en el Teatro Colón de Buenos Aires. Luego emprenderá una gira por Europa para mostrarle al mundo cómo suenan los temas de Gardel hoy día.

Ardit nació en Córdoba en 1974, pero a los 8 años se radicó en Buenos Aires. Es hijo de la folklorista Adriana Oviedo, por lo que viene de un hogar musical. Sin embargo, no era el tango el género que lo desvelaba en su infancia. Por el contrario, se sentía mucho más atraído por la ópera. Hasta que dio con un casete de Gardel que le llamó poderosamente la atención, aunque no tanto como para torcer inmediatamente su rumbo. "Me sorprendió esa voz redonda, la impostación, cómo hacía los pasajes. Pero durante muchos años, más allá de Gardel, el tango me parecía un género menor. Me seguían gustando los cantantes líricos", confesó en una entrevista al diario Página/12.

El quiebre vino en la adolescencia cuando vio por televisión un homenaje instrumental a Gardel en la ciudad francesa de Toulouse, a cargo de una orquesta sinfónica. Fue entonces cuando imaginó su voz acompañando esa música. El otro acontecimiento que terminó de ligarlo definitivamente al tango tuvo lugar en el bar "El Boliche de Roberto", ubicado en Bulnes y Sarmiento. Se hizo habitué a fines de los 90 para ahogar las penas de un amor fallido, pero enseguida se animó a cantar algunos tangos de Gardel. Voz no le faltaba. De ahí se convirtió en el cantor de la orquesta El Arranque, con la cual grabó cuatro discos y recorrió el mundo. En 2006 comenzó una exitosa carrera solista que tendrá uno de sus hitos más importantes en la presentación de febrero próximo. Atrás quedaron los revoltosos años en el Liceo Número 4, un pasado por las inferiores de Huracán e Independiente y una larga lista de trabajos ruinosos en los que fue soñando este presente maravilloso que hoy le toca vivir.