Entrevista a Claudia Lapacó

Noviembre 2018

Entrevistas

Un sábado a la tarde, un rato antes de la función, Revista Cabal conversó durante cerca de media hora con la excelente actriz argentina Claudia Lapacó. Lo hizo en la platea del Teatro Regio, donde se representan todos los fines de semana, de jueves a domingo, la obra teatral María Coraje y sus hijos, de Bertolt Brecht, en una versión de José María Muscari. Descansada, tranquila y siempre con la cordialidad a flor de piel, la actriz se refirió a este nuevo personaje suyo y defendió el enfoque hecho de la obra por el director, habló de la actualidad del texto y reflexionó respecto a lo que ha sido su posición, en todos los tiempos, frente a la labor profesional y la aceptación o no de determinados papeles.

Nació un 25 de junio de 1940, el día en el que los alemanes invadieron Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Sus padres habían huido de esa tierra previendo lo que sucedería. Y llegaron a la Argentina en 1939, donde se radicaron, y al año siguiente nació ella, sumándose a Michelle, su única hermana, una médica pediatra nacida en el país galo en 1937. Los padres de Claudia Lapacó, que de ella hablamos, tenían origen distinto. El esposo era ruso y la revolución de 1917, de la que huyeron sus padres, lo sorprendió estudiando en un colegio de la vieja Constantinopla, actual Estambul, capital de Turquía. De allí pasó a Bélgica, donde se recibió de ingeniero químico, y luego, a los 21 años, a París donde se casó con la madre de Claudia, que era francesa. La actriz ha dicho en alguna entrevista que su madre lloraba con frecuencia y que el padre tenía la melancolía propia de los rusos. Pero ella se ha declarado y mostrado siempre como una mujer chispeante y alegre, que le agradece profundamente a la vida haberle dado tanta dicha y capacidad para hacer una carrera que ya lleva 60 años y la encuentra hoy, a  los 78 años de edad, haciendo con una formidable energía Madre Coraje y sus hijos, de Bertolt Brecht, a la que entrega esa luz interpretativa tan intensa que disfrutan sus personajes.

Los títulos en los que la actriz ha actuado son imposibles de citar en una sola nota, pero es preciso remarcar, como una suerte de síntesis, que en los últimos quince años, sobre todo en teatro oficial, ha encarado personajes de gran envergadura, entre otros la Amanda Wingfield de El Zoo de cristal, de Tennessee Williams, dirigida por Alicia Zanca, en 2003; a la protagonista de La profesión de la señora Warren, de George Bernard Shaw, dirigida por Sergio Renán, en 2005;  a Filomena Marturano, en la obra homónima de Eduardo De Filippo, dirigida por Helena Tritek, entre 2016-2018; sin olvidar trabajos más antiguos como La pulga en la oreja, de George Feydeau (1995), De repente el último verano, de Tennessee Williams (1997); Seis personajes en busca de un autor (1998), de Luigi Pirandello; Las tres hermanas (2002) o La gaviota (2014), ambas de Antón Chejov y muchísimas otras. Eso sin olvidar que ha trabajado durante años en la televisión y también el cine en distintos papeles en los que es muy recordada, como por ejemplo El amor tiene cara de mujer, de Nené Cascallar que le significó un verdadero reconocimiento popular. En este medio, lo último que hizo fue una miniserie llamada La caída, que se transmitió por el Canal 7 hasta hace pocas semanas. 

En dos cómodas butacas del teatro Regio, donde se dan funciones de Madre Coraje y sus hijos de jueves a domingo, y mientras algunos actores hacían prueba de sonido con los micrófonos, Revista Cabal charló animadamente con Claudia para conversar un poco de este trabajo y de algunos aspectos de su carrera.

El tema de la guerra, un estigma universal de la humanidad, a vos te tiene que resonar en lo personal por la historia de tus padres.  

Sí, ellos vivían en Francia antes de la Segunda Guerra Mundial y cuando ésta se acercaba se vinieron a la Argentina. Este tema de la guerra es universal y si bien Brecht la ubica en la Guerra de los Treinta Años, que tuvo lugar entre 1618 y 1648 en la Europa Central, José María Muscari la sacó de ese momento y no se sabe exactamente en qué tiempo transcurre, justamente para remarcar su permanente presencia en el mundo.

Brecht solía tomar hechos, episodios o leyendas, de otra época para hablar de la suya, que fue para él algo más de la mitad del siglo pasado.
Claro, y para hablar de la corrupción y de los intereses que generaban esas guerras, que por lo demás siguen vigentes en la vida de la humanidad, aunque los escenarios vayan cambiando. Eso es muy impresionante. De ahí que la obra nos sigue hablando de un hecho que no ha cesado. Es que hay demasiados intereses que impiden que se terminen, empezando por los de los fabricantes de armas. Brecht mostraba los hechos para que el público reflexionara sobre ellos, sin decir lo que había que hacer. Él fue un artista que venía de una familia burguesa, que había estudiado medicina y que en la Primera Guerra Mundial estuvo dos años como enfermero. Y que estuvo quince años exiliado de su país. 

Sin duda, es el gran dramaturgo del siglo XX.
Y yo estoy muy contenta con la versión que hizo Muscari. El cortó muchas cosas, le agregó otras y con eso que incorporó a un grupo de bailarines le ha dado mucha velocidad a la puesta. En realidad los bailarines, que representan físicamente a los soldados, al caos, a la guerra, le imprimen al espectáculo un ritmo muy especial. Yo estoy encantada con Muscari.
 
Hay críticos que me han expresado su disconformidad con la concepción de Muscari, pero lo que es evidente en el espectáculo, más allá de que cuenta con un elenco muy capaz de actores y actrices, es coherente con sus fines estéticos. Y en ese sentido es muy cuidado, preciso con sus objetivos. Además, es un director que incentiva mucho a los actores.
Sí, es cierto. Me acuerdo que en los sesenta Miguel Bebán hizo un Hamlet vestido de civil. Yo no llegué a ver esta obra, pero trabajé en dos obras teatrales con él, antes de conocer a su hijo, Rodolfo. Y acá le cayeron encima con toda clase de objeciones. Y cuando lo hizo Richard Burton, 20 años después, eso fue maravilloso, porque lo hizo un inglés. No estoy de acuerdo en que hay que seguir haciendo a Brecht a la vieja usanza, con dos horas y media de duración y discursos tan largos. Me parece que Muscari es un creador y en ese sentido es impune. Él atraviesa tiempos, lenguaje, y muchas veces, cuando lo cree necesario, va cambiando muchas cosas. En esta obra fue modificando o sacando varias escenas de la puesta porque vio se dio cuenta que no funcionaban. Se atreve a eso, porque tiene una mente nueva. Me pasa con los años, y ya llevo sesenta años en el espectáculo, en que creo que ya puedo opinar un poquito. Antes no me lo permitía a mí misma. Cuando Alicia Zanca puso en este mismo teatro, el Regio, El zoo de cristal, y me dio el papel de Amanda Wingfield, había gente que decía que no estaba bien el enfoque de la obra porque le habíamos puesto cierto humor. Nosotros no le pusimos humor a Tennessee, contestaba yo, porque una obra que empieza con la madre que le dice al hijo ya grande: “Mastica, mastica, mastica, una comida tiene muchos sabores delicados que conviene mantener en la boca para apreciarlos y no limitarse a engullirlos”, o cuando habla de sus diecisiete pretendientes que la visitaron de joven en Blue Montain y ella los entretenía con el arte de su conversación, eso ya es gracioso. Y la gente se reía con eso, no empujábamos el humor. Y cuando vi la película de Paul Newman con Joanne Woodward, a la que adoro como actriz, me aburrió. Porque creo que ese autor no era así. Y acá se hicieron dos versiones muy dramáticas. Y creo que hay que abrir la cabeza para ver otros enfoques. Y no por eso se le falta el respeto a la esencia del autor.

El artista tiene la misión de jugarse. Esa es su misión. Eso no significa que toda innovación siempre sea buena. 
Hay una frase de Brecht que dice que el arte cuando está bien hecho no es nunca aburrido. O sea, cuando la gente que no conoce a los clásicos te dice que no los ve porque son aburridos, eso a mí me desespera, porque si está bien hecho no te van a aburrir, porque por algo son clásicos y atraviesan los tiempos y están vigentes. Tampoco hay que volverse solemne porque alguna vez se los hizo de una determinada manera y ahora no. Yo en eso respeto mucho a Muscari, me gusta su forma de trabajar, el empuje que tiene, estoy muy sorprendida. Él ya me había llamado cinco veces y nunca había podido arreglar porque tenía que hacer otra cosa. Y por suerte me tocó lo mejor.

Venías de hacer Filomena Marturano y antes La profesión de la señora Warren.
Si he tenido, en algunos de mis últimos trabajos teatrales, papeles que me han encantado y he podido hacer realmente con amor.

Tuviste una poca en los sesenta en que no había mucho trabajo en teatro.
Sí, pero hacía otras cosas: café concerts, cosas más chicas, pero todo eso me permitió ser quien soy hoy. Las experiencias diferentes te nutren y te van llevando hacia el camino que uno finalmente desea. Nunca soy de generar proyectos, porque la vida me sorprende de una forma tan maravillosa, que hay que dejar que los haga por mí. Yo soy una intérprete. Pero también te digo: nunca perseguí un determinado lugar. Si vos perseguís un lugar y resulta que un día te ofrecen algo chiquitito que crees no te corresponde hacer, se sufre mucho al no conseguir lo que se buscaba. Yo he aceptado esos trabajos, pero hay artistas que no, que los rechazaban –y me lo decían- por considerar que eso era bajar de nivel. Y no, ¿qué nivel? Yo quiero trabajar y siempre me apasiono por lo que hago. A veces se tiene suerte y te va bárbaro, se tienen buenos papeles y se gana muy bien. Y otros momentos no, pero si realmente te gusta lo que haces hay que aceptar los papeles grandes y chicos, porque ya las cosas se van a ir revirtiendo. Por lo menos yo sentí que estos sesenta años de actuación se me pasaron tan rápido que, a veces, pienso que no puede ser, que no han pasado. Pero porque siempre me gustó lo que hacía, me gustaba trabajar, a veces en trabajos chiquitos a los que, sin embargo, trataba de darles lo mejor de mí.

El verdadero éxito se encuentra allí. 
Sí, que el verdadero éxito es estar feliz con lo que se hace. A veces los mejores espectáculos no son los que tienen mayor éxito, lo mismo en la televisión. Los de mayor rating no son los de mayor calidad. En los anales de la vida televisiva han quedado o se recuerdan con mucha admiración programas que no tuvieron mayor rating y que fueron maravillosos. Uno tiene que defender lo que tiene bajo su responsabilidad de hacer y hacerlo lo mejor posible. Sino es triste hacer arte. Yo me considero una obrera del espectáculo, no alguien que está detrás de un trono del que no se puede bajar, y no lo digo en forma peyorativa, pero no es lo mío. Yo tengo que buscar la excelencia en lo que hago, más allá de que el papel sea grande o no tanto.

¿Cuánto durará este espectáculo?
Dos meses, es terrible. Antes eran tres. Con los tres espectáculos que hice acá, en el Regio, antes fueron tres meses y luego de eso me llevaron a una segunda temporada en otro lugar. Con los dos primeros al Alvear, un teatro maravilloso hoy inactivo. Y con el tercero a la Casacuberta. Y acá yo espero que siga, que como Muscari tiene tanta repercusión, se nos lleve a otro teatro. Las funciones que damos aquí se llenan todos los días.
 
Se hablaba de qué harías Hello Dolly, ¿es así?
No, para Hello Dolly nunca me llamaron y se dijo mucho que yo iba a estar, pero la verdad que no me llamaron. Pero sí me llamó Gustavo Yankelevich desde Londres días atrás. Resulta que quiere hacer Cabaret con Florencia Peña el año que viene y me ofreció un rol que yo no recuerdo que es la dueña de la pensión, y quedamos que cuando vuelve me manda el texto y retomamos la conversación. Pero yo quiero seguir con esto.

¿No podrías hacerlo luego de hacer esto?
Es que Cabaret se empezaría a ensayar en febrero para estrenarlo en abril. O sea que no tengo tanto tiempo de decidir. Habrá que ver qué pasa con Madre Coraje luego de terminados los dos meses, si sigue o no. Cuando terminé con Filomena Marturano, me preguntaba: ¿qué voy a hacer después que me guste tanto como este personaje? Y me llegó esto tan extraordinario. Y ahora estoy con el mismo tema: ¿Qué me va a hacer tan feliz como esta obra? Así que quisiera seguir con esto. Ojalá se dé.
                                                                                                                                  A.C.