Entrevista a Erika Halvorsen

Agosto 2018

Entrevistas

Dramaturga, guionista de cine y televisión y directora, Erika Halvorsen ha desarrollado en los últimos tres lustros una intensa actividad artística en teatro y los otros dos medios que la señalan como una de las autoras de su generación –tiene 38 años- más reconocidas y talentosas. Pero, como si ningún secreto de la escritura le fuera inaccesible, en los últimos años ha sumado a aquellos oficios el de novelista, que le procuró dos importantes éxitos de venta con sus primeros títulos: El hijo rojo y Amarás. De esos distintos caminos por donde ha circulado su quehacer nos habla en una charla franca y abierta, donde evoca desde sus primeros pasos en la carrera de dirección escénica hasta algunos de los trabajos que ha hecho últimamente, entre ellos el de una nueva obra teatral en el Microteatro de la Capital.

Como una espía que vino del frío, entrenada en captar los sentidos posibles que puede alcanzar una vida, Erika Halvorsen decidió a sus tempranos 17 años abandonar su ciudad natal, Río Gallegos, y explorar por otros territorios en qué actividad volcaría sus claros deseos de dedicarse al arte. No necesitó viajar a París, como la heroína de la novela Alberta y Jakob, de la noruega Cora Sandel, ni como ella elegir como oficio la pintura. Le bastó llegar a Buenos Aires e instalarse en un departamento de su abuela para precisar en pocos días la ruta de su aventura, que ya por entonces se encaminaba con cierta seguridad hacia el campo de la escritura y el teatro. De manera que no le costó mucho decidir y se anotó en la licenciatura de dirección escénica en la que hoy es Universidad Nacional de Arte (UNA) y por entonces tenía otra denominación. Era 1998 y lo resolvió así porque la carrera de dramaturgia, que era en la que quería inscribirse, tenía solo diez inscriptos y ese año se cerró.

“Al enterarme que la carrera de dramaturgia no corría, bajé rápido la escalera para preguntar qué otras opciones había y me dijeron que dirección escénica y pedagogía. Y me pareció que la primera me daría más herramientas para poder luego escribir –cuenta ahora en una entrevista con la revista Cabal-. Fue como una jugada del destino, pero agradezco para mi trabajo tener formación como directora, un rol que todavía desempeño junto al de guionista de televisión, novelista y dramaturga.” De hecho, Erika comenzó su actividad laboral en teatro, escribiendo y dirigiendo casi siempre sus obras, entre las que se pueden mencionar: Hija de Dios, Happy Hours, Me doy el gusto, Next, sexo en la ciudad de la bipolaridad; Mátame de nuevo, La persuasión, Bisnietas, Yo me lo guiso, yo me lo como, Vic y Vic, Fuimos todos, Fiebre de Werther, Ser ellas o Récord Guinnes, para Teatro por la Identidad. Y, aunque no haya constituido su fuente principal de ingresos, siempre le ha dedicado mucha atención al quehacer teatral.

“Mi la labor en teatro ha sido siempre de autogestión –aclara-. Y si bien hice obras con bastante repercusión de público, como Hija de Dios, un unipersonal en el que actuaba Dalma Maradona, y hubiera podido transformarlo en un espectáculo de perfil comercial, preferí no hacerlo y mantenerlo dentro del circuito de teatro independiente, que es el lugar donde siempre he desarrollado esta actividad. Y esto es así porque el teatro es el espacio de libertad, junto al de narrativa, que como creadora me reservo. Tanto en cine como en televisión, es frecuente que razones relacionadas con la producción te obliguen a aceptar cambios en lo que se escribe en los guiones. Y eso debido a que la fiesta la pagan otros. Y eso tiene mucho peso a la hora de decidir. En el teatro independiente, en cambio, me aseguro que lo que se ve es mío. Ahí está lo que quiero contar. Y, de último, si no gano plata, es un problema mío.”

“De hecho tampoco tengo la costumbre de pedir subsidios, porque soy muy mala llenando formularios y me complico con esas cosas. Entonces digo: hacemos una fiesta, juntamos plata y con lo que sacamos sostenemos todo. La verdad que hice varias obras con dinero recaudado en una fiesta. Eso es resultado de una característica que uno puede ver en Buenos Aires: que la cartelera teatral y la oferta cultural son muchas veces financiadas con el trabajo de los propios artistas. Somos una capital teatral a nivel mundial, pero las veces que hablo o colaboro con personas que vienen de afuera, del exterior, les explico que todo esto que se ve, la industria cultural, está subvencionada por la sangre y el sudor de los artistas. No hay una política pública que sostenga esto.”

Noruegas es una obra de esta autora, aún no estrenada, que recibió una mención especial del Premio Nacional de Dramaturgia del INT hace algunos años. Su título tiene que ver con una genealogía. Tercera generación de N y C (nacidos y criados en Santa Cruz), la dramaturga y directora es descendientes de bisabuelos noruegos que se establecieron como colonos pioneros en la zona del Chaltén, en esa provincia a principios de siglo. “Esa pieza a escribí hace unos quince años en un taller del dramaturgo Bernardo Cappa”, recuerda. Y fue escrita en memoria de su bisabuela materna: Aslug Petersen de Halvorsen. Nacida en 1980, Erika (también Glenda en su segundo nombre y Keka para sus seres más cercanos), no conoce ese país escandinavo, pero descuenta que viajará a él en algún momento.

No desconoce, sin embargo, que en ese país, tanto en la literatura como en los movimientos sociales, políticos o institucionales, la lucha de la mujer por sus derechos ha llevado muchos de los estandartes que ella abraza hoy. Las protagonistas de las obras de Erika son mujeres de intenso temperamento en general, que luchan por desplegar sin trabas su deseo y hacerse un lugar en el mundo fuera de las sujeciones a las que las someten las convenciones patriarcales. El personaje femenino de Noruegas es una inmigrante que viaja hacia la Patagonia a instalarse con quien será su futuro marido. Su travesía es en un barco cuyo capitán es su padre, con el cual, sin dudas, ella tiene cuentas pendientes. La poderosa lucha de algunas mujeres por establecerse en paisajes tan inhóspitos como los del sur es evocada también en Bisnietas, donde tres jóvenes evocan a una bisabuela croata que es el origen de su familia y que pudo sobrevivir a muy duras pruebas en su existencia.

 

La televisión y el cine

Erika debutó en televisión con Amanda O, una muy exitosa serie multiplataforma, que se vendió por el mundo y tuvo a Natalia Oreiro como actriz protagónica. Por ese trabajo, recibió el premio al mejor autor en el Seoul Drama Awards de 2009. La guionista y dramaturga comenta que, desde el momento en que la convocaron y conoció a la Oreiro, pegó muy buena onda con ella y la encontró muy receptiva con sus ideas sobre la serie. En este nuevo espacio luego trabajó en equipo para varias producciones, entre ellas Casi ángeles, Herederos de una venganza, Los únicos, segunda temporada. Así hasta llegar a la otra propuesta que, junto a Gonzalo Demaría, escribió para Telefe: Amar después de amar (ADDA), también de amplia repercusión en la Argentina y en el extranjero. Esa serie se está haciendo ahora en el Líbano con el nombre de Tango. Y en México se readaptó con mucho suceso, pero bajo el título de Caer en tentación, que fue la expresión encontrada por los aztecas para juzgar a la infidelidad –tema allí tratado- desde un punto de vista más potable para la moral cristiana.

“Y en simultáneo con el trabajo de televisión, escribí también dos novelas, El hilo rojo y Desearás, que fueron llevadas al cine, la segunda con un título más amplio: Desearás al hombre de tu hermana –agrega Erika-. Y ahora estoy escribiendo una tercera, que se llamará Whatsapp, que editará Planeta. Actualmente estoy en el proceso de corrección del material que va al libro. También se llevará a la pantalla, en una coproducción con Uruguay. Las películas ayudaron a que las novelas se vendieran bien. El libro de El hilo rojo fue un fenómeno descomunal, bestseller acá y en Chile y estuvo meses como número uno en el ránking. Yo no había escrito hasta ahí ninguna novela y no vengo de la literatura. ¿Quién va a comprar este libro?, pensé y a la semana estaba en todos los ránkings. Y sigue vendiendo un montón.”

De El hijo rojo vendió los derechos de autor para la película homónima y no participó en la escritura de su guion, que finalmente fue una adaptación que se aparta en algunos aspectos de la novela. En el caso de Desearás al hombre de tu hermana sí colaboró en la elaboración del guion junto a su director, Diego Kaplán, pero acepta que la impronta definitiva del film es la de éste realizador. “La novela es más psicológica, tiene otro tono –puntualiza-. En cambio, la película despliega un desparpajo que es propio del humor del director. Y es muy bueno que sea así. Los grandes artistas que yo admiro son aquellos en los que puedo reconocer una impronta. Sino son películas de fórmula, de estudio. Siempre cuando uno habla de Brian de Palma, Woody Allen, Pedro Almodóvar y otros, los reconoce por un sello personal. Por eso, mi lugar de impronta y de libertad lo pongo más en el libro. La novela queda y esa es mi firma, mi nombre, lo que yo escribí. Después cada uno que lo lee se hace su propia película.”

Le preguntamos si le agrada escribir para cine: “Sí, me gusta. Yo voy buscando en cada formato un espacio de libertad. La televisión me dio libertades que no tengo en el teatro, que tienen que ver con la producción, el vestuario o el poder contar algo de largo plazo. Pero después el cine te permite cosas que en la televisión no van, escenas más jugadas y otro tiempo de producción, más tiempo de pensar. Uno escribe un guion y después se filma. Y también me interesa mucho el trabajo colectivo que se genera en el cine, las capas que se van sumando. Y la literatura y la narrativa ofrecen la libertad absoluta, me parece que es mi palabra que va derecho al lector y constituye además un espacio de mucha intimidad. Yo no sabía que escribía literatura erótica pero en algunos lados dicen que sí, y le pusieron ese título. Lo que sí me interesa es aprovechar ese espacio de intimidad. Siempre lo que voy buscando son diferentes maneras de ir conectándome con el espectador. Al espectador de televisión necesito estimularle todo el tiempo las ganas de ver el capítulo que sigue, al del teatro trato de que se identifique y me agrada su presencia allí. No me interesa trabajar con la cuarta pared, me gusta que el aquí y ahora, lo ritual de estar en el mismo espacio y el mismo tiempo se juegue e incluya al espectador. El cine es otra relación y lo visual es muy importante, tiene todos esos artificios que son como un gran truco de magia. Y en literatura me interesa explorar qué pasa con esa relación unipersonal silenciosa e íntima con el lector, que para mí sigue siendo el espectador.”

“Ahora, cuando a mí me convocan como autora, necesito que sea en una propuesta donde pueda sentirme representada por lo que escribo, por eso me voy a veces de algunos proyectos porque siento que soy limitada en ese sentido, no me alcanza el oficio para sostener una historia que no me tome de verdad, que se apodere de mí y me represente. Todavía no tengo hijos para darles de comer y entonces puedo darme esa libertad. De última hago teatro. En mayo pasado hice una obra en Microteatro, ubicado en Serrano y Córdoba. Se llamó Cinco letras y la escribí con mi novio que no es autor, es periodista. El teatro me gusta, me parece que es también un lugar para ir a jugar. El peligro de profesionalizarse es dejar de jugar, de experimentar. Me parece que uno tiene todo el tiempo que volver a esos lugares, por eso hago teatro independiente. En ese momento se representa también una obra mía llamada Ser ella, que la doy hace cinco años y está en gira. Luego Bisnietas, que la hace un elenco de Santa Cruz.” Afirma que, además, cuando no la toma tanto el trabajo, los proyectos y las reuniones, viaja a Calafate, donde tiene su casa. “Si todo falla, sé que vuelvo allí y encuentro de nuevo mi trinchera.”

                                                                                                                           A.C.