Entrevista a Florencia Aroldi

Julio 2016

Entrevistas

En esta charla que mantuvo con Revista Cabal, la autora teatral cuenta cuál fue su experiencia al  adaptar para estos tiempos  El andador, una pieza escrita por su padre, Norberto Aroldi, hace cincuenta años y muy celebrada por entonces. Al mismo tiempo que describe sus proyectos para los próximos meses, la entrevistada hace también un balance de su incursión en los últimos diez años como creadora de exitosas piezas escénicas para niños.

      ¿Cuáles son los significados de la palabra “andador”? Uno de ellos remite claramente a un armazón, en general con ruedas, en la que se introduce a un niño para que aprenda a andar. Otro alude a la persona que anda mucho, que trajina o recorre la ciudad de un lugar a otro sin recalar en ningún sitio concreto. A ambas acepciones puede remitir el título de la obra teatral El andador, del dramaturgo y actor argentino Norberto Aroldi, que hace pocas semanas el Complejo Teatral de Buenos Aires presentó en una nueva versión en el Teatro de la Ribera. A la significación primera porque la pareja que protagoniza la obra, Rosa y Julián, hablan una y otra vez de ese dispositivo ante la inminencia del nacimiento de un niño. A la segunda, porque Julián es un individuo andariego y trasnochador que, aunque vive con Rosa en una casa, no reconoce compromiso alguno que le haga echar anclas definitivas en ese espacio ni límites a lo que él considera una vida en libertad.

     Estrenada en Mar del Plata en 1966 con Tita Merello y Ernesto Bianco en los papeles principales, la pieza tuvo al año siguiente una traslación al cine dirigida por Enrique Carreras, con la misma actriz y Jorge Salcedo en el rol de Julián. Y otra para la televisión interpretada por el propio Aroldi, que según el crítico Rómulo Berruti “reventó todo”. En la versión del Teatro de la Ribera, que dirige Andrés Bazzalo, la adaptación del texto fue hecha por la dramaturga y directora Florencia Aroldi, hija del autor de la obra, fallecido en 1978, y la actriz María Ibarreta. Creadora de varias obras teatrales para niños, casi todas publicadas y algunas con premios, y de textos dramáticos para adultos, además de generadora incansable de distintos proyectos culturales y escénicos, Florencia dice que la adaptación de El andador le dio un fuerte impulso para emprender otras iniciativas, gran parte de las cuales se verán coronadas este año y las restantes el año próximo. De todos esos proyectos charla en esta nota. No obstante lo cual, comienza primero con el trabajo hecho sobre el libro de su padre. 

      “Cuando Andrés Bazzalo me convocó a la confitería Ópera para hacerme la propuesta de adaptar la obra de mi padre, recuerdo que estaba también mamá –cuenta-. Comenzamos a hablar y me dijo que el texto, según su opinión, requería una cierta actualización para los tiempos de hoy. Tenía claro que se trataba de una pintura de época y no pretendía que se cambiara nada de la historia, sino trabajar sobre ciertos modismos o tempos que tal vez no favorecían una recepción más fluida del espectador del presente. Había palabras o expresiones que, en el contraste con las de estos días, podían llegar a decir cosas que el texto no quiso decir. Entonces, mi trabajo profundo se alojó allí. Fue una tarea de relojería silenciosa y casi invisible. Yo conocía bien la obra, la había leído y trabajado en el taller de Raúl Serrano, pero como lectora y alumna de actuación. De modo que me volqué durante dos semanas intensas a cambiar aquellas expresiones, giros o ritmos para conseguir aggiornar el texto, pero sin modificar en nada el espíritu de la partitura ni de sus criaturas. Y en los casos que tuve duda traté de penetrar en el proceso creativo del autor en su época y bailar a la par para encontrar las equivalencias para el hoy. El trabajo tuvo que ver esencialmente con esto, no con el cambio de algún personaje ni nada por el estilo. Rosa y Julián siguen enteros, como los concibió mi padre.”

    El andador es una obra que tiene ya cincuenta años. Los hábitos desde entonces se han modificado mucho. También la manera de concebir la relación de las parejas, el rol de la mujer dentro de la sociedad y el propio hogar, la naturaleza de las familias, etc. En ese sentido, la pieza tiene diferencias con ciertas construcciones culturales del presente –medio siglo después-, pero sigue en muchos aspectos planteando un montón de preguntas que todavía son actuales, porque la sociedad se ha transformado de manera despareja y lo que para algunos sectores son preguntas que el tiempo ya resolvió para otros no lo son. Por otra parte, hay temas sobre el amor que son atemporales. ¿Se puede vivir sólidamente un afecto sin asumir ningún compromiso? Frente a la brutalidad del mundo, como plantea Julián, ¿se debe seguir teniendo hijos o es un despropósito hacerlo? Y los interrogantes continúan. Y en ese aspecto, el texto del “Flaco” Aroldi –un porteño singular, cultivador de la amistad, animador impenitente de la noche artística de Buenos Aires, poeta, escritor y actor y al mismo tiempo personaje, en parte, de sí mismo-, no deja de interpelarnos.

      Florencia Aroldi sostiene luego que, en su opinión, El andador tiene algo del grotesco. “Porque al personaje de Julián –razona- se le termina cayendo la máscara. Pasa de ser el hombre canchero, y que se hace el duro, a pedirle por favor a su mujer que lo acepte de nuevo. ¿Qué le hubieran dicho sus amigos del café si lo hubieran visto? Por otra parte, en esa relación el machismo también está alentado por la propia mujer. Rosa es un personaje por momentos de una pureza inalcanzable. Con Bazzalo nos preguntábamos a veces cuál es la contradicción de esta mujer que banca tanto a esa pareja en nombre del amor. Me parece que el texto deja ese interrogante sin respuesta, para que lo piense el espectador. En el proceso de dramaturgia logré averiguar además algo que me concernía a mí en lo personal. Cuando mi padre escribió esta obra yo no había nacido. Y creo que, de alguna manera, mientras en el texto cuestionaba a través de Julián la posibilidad de ser padre, al mismo tiempo se habilitaba él en la vida para intentar serlo. Y mientras hacía la dramaturgia al mismo tiempo pensaba en su título. ¿Por qué El andador? Siempre creí que el andador era el del bebé, pero después comprobé que el título aludía también a Julián como un andador de la noche, un hombre que trasiega las calles de la ciudad en busca de una verdad, vaya a saber uno cuál es, pero en todo caso es la de un inconformista. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, dice Antonio Machado. El andador abre esos caminos, es un habilitador que convoca a las nuevas  generaciones a cambiar de paradigmas, a promover otras formas de ver la existencia. O sea que, a pesar de su discurso negativo, sobre el final, lo que él hace al aceptar la llegada del hijo es apostar a la vida.”

   Le preguntamos a nuestra entrevistada cuántas adaptaciones había hecho hasta ahora y nos contesta: “Ésta es la primera que hago y a partir de ella empecé a hacer otras. Pero tengo una relación con la escritura que desarrollo desde hace diez años. Y es una relación, antes que nada, de autoría, de construcción de mis propios textos e ideas. Y siento que este oficio de jugar con las palabras es el que me habilitó para hacer la adaptación y para pensar en otras posibles, como por ejemplo Discepoliana, un musical que hizo mi padre y que me gustaría traer de nuevo a los escenarios. Como dije escribo hace diez años. En un principio comencé a elaborar historias de teatro para niños. Tatiana Santana (directora de obras como Cachafaz o La bestia rubia) montó varias de ellas. Hace poco estuvo en la sala de la UOCRA haciendo El libro de Azucena. Tengo también un proyecto pedagógico que se llama ‘Leamos teatro’, que consiste en la edición de un libro con dos obras mías y material didáctico para trabajar en escuelas, que se difunde en forma gratuita a través de la Ley de Mecenazgo. El primer libro de esta colección está integrado por Fu, fa, fus y La infancia de Clara (ambas fueron declaradas de interés cultural). El segundo libro contiene Payasos en la red  y Galileo y Azucena (fueron dirigidos ambos por Tatiana Santana). Y el más reciente: Prometeo y Cenicienta, una historia con Revuelta (lo utiliza Cristina Moreira en los ejercicios para sus alumnos) y Ludovico y Ariadna (ganó un premio de dramaturgia), que se presentará en los primeros días de julio en el Festival del Libro de Jujuy.” 

      Entre los espectáculos que tiene para estrenar, Florencia señala: Candy Crush Saga, Las oceanógrafas, La Telesíada, rezabaile nacional y La extensión de las mariposas. Para el Mamerta Espacio Cultural, Lavalle 4080, ha producido y programado el ciclo llamado Los pecados capitales, que irá todos los viernes de agosto. Y de su autoría Caprichos y Ágape, que dirigirá Tatiana Santana, todos los domingos de agosto a las 20,30 horas. Espíritu imaginativo capaz de juntar a Galileo Galilei con Azucena Villaflor en una relación afectiva que los recupera tan luminosos como las galaxias que escudriñaba él o a Evita lidiando con la caja de Pandora como si fuera la urna donde se materializó el voto femenino, Florencia es también una andadora, una amiga de los caminos y trajinadora pertinaz de ese oficio maravilloso y único que es el abrir horizontes, inaugurar fantasías que nos muestren que otros mundos son posibles, no solo los de la mezquindad y el odio.
                                                                                                           A.C.