Entrevista a Ingrid Pelicori: Marcas de época

Noviembre 2011



Entrevistas

La exquisita actriz Ingrid Pelicori cuenta en esta nota cómo fueron sus comienzos actorales y la forma en que poco se fue afianzando su vocación. También habla de su paso por el San Martín y de sus espectáculos actuales.

Corrían los últimos años de los setenta, una época dura como pocas en el país. Más precisamente 1978. Y un grupo de osados, por llamar con cierta elegancia a lo que más bien era un acto de inconciencia, filmaba en secreto Buenos y a las órdenes del director rosarino Miguel Bejo la película Beto Nervio contra el poder de las tinieblas, un largometraje que utilizando algunos personajes de comic describía en tono de parodia algunas de las escalofriantes situaciones que se vivían en el país, entre otras secuestros, escenas de tortura, etc. La película se terminó y Bejo, que se fue a París y se radicó allí definitivamente, la sacó clandestinamente del país. Nunca se estrenó en la Argentina hasta que hace dos años, en una muestra que se hizo en la sala Lugones, se proyectó.

¿Quién trabajaba allí con unos primaverales y deliciosos 18 años? Ingrid Pelicori, que encarnaba a una joven integrante de un grupo de izquierda, familiarizado con los métodos armados, que se enfrentaba al poder. Ingrid sonríe al recordar en esta entrevista aquel comienzo. Su padre, el gran actor argentino Ernesto Bianco, había fallecido el año anterior, octubre de 1977, y ella recién comenzaba a actuar.

Hasta ese momento había actuado solamente en tres espectáculos: uno infantil, luego en Vos y las nubes y más tarde en Ha llegado un inspector dirigida por José María Vilches. Estaba por ese tiempo tratando de definir si la actuación era realmente su profesión y la duda la acosaba. "Es que, a pesar de criarme en una familia de actores, la mía no fue una vocación que me venía de la infancia. Es más: en casa descontaban que no sería actriz y que, tal como indicaban mis condiciones de alumna aplicada, me volcaría a una carrera. De modo que mi vocación fue súbita, apareció por aquella edad en que trabajé con Bejo, pero no fue convicción absoluta hasta unos años después". Entre los miembros de esa familia a la que aludimos estaban Tito Alonso y Pola Alonso, hermanos de su madre Iris también actriz, y cónyuges respectivos de María Rosa Gallo y de El "Charro" Moreno, famoso futbolista de los años cincuenta.

Ingrid tuvo como maestros de actuación a Raúl Serrano y Augusto Fernándes, pero varias veces dijo, y lo ratificó en esta entrevista, que su verdadero y más profundo aprendizaje fue como integrante del elenco estable del Teatro San Martín, al lado de figuras como Elena Tasisto, Alicia Berdaxagar, Juana Hidalgo, Walter Santa Ana, Alberto Segado y otros. Ingresó a al elenco estable de ese teatro en 1979 y permaneció allí hasta su disolución en 1990, en época de Menem. Mientras estuvo en el elenco municipal realizó completa la carrera de psicología de la que egresó años después pero sin dedicarse a la profesión. "Es que me había ido a París, donde viví un año, y allí tuve el click definitivo sobre mi vocación. Desde ese lugar, y habiendo estado ya en el San Martín, me di cuenta que en la actuación era lo que yo quería para mi vida. Y entonces pude tomar la decisión en paz y total libertad, sin otra opinión que pesara que no fuera la mía propia".

Respecto del elenco del San Martín dice: "Fue un lugar de mucha protección y aprendizaje para mí. Tanto por lo que significaba la institución como por la calidad de personas con las que trabajaba. Por otra parte, allí pude hacer los textos que realmente me gustaban y encontrar el modo en que quería ser actriz, porque hay muchas maneras de serlo. Cada uno o cada una descubre el suyo. Aprendí mucho actuando allí. Es una pena que no exista hoy el elenco estable, es una gran pérdida. Sobre todo para los actores jóvenes, que tendrían allí una enorme posibilidad de trabajar con gente experimentada. Porque el teatro es sobre todo trabajo grupal. A veces he oído he oído como opinión en contra de la existencia del elenco estable un supuesto aburguesamiento. No he conocido actrices menos burocratizadas que Elena Tasisto o Alicia Berdaxagar, por ejemplo.

Esa opinión es indemostrable. Por otro lado, la historia del confirma que el abecé del gran teatro nació en los grandes elencos estables y sino no hay más que reparar en las experiencias de Stanislavsky, Peter Brook o Ariadne Mnouchkine, entre otras varias. El trabajo grupal y regular enseña mucho al actor y la permanencia ayuda a experimentar, a probar siempre. Eso, siempre, permite ir más lejos. Esto de que el actor trabaje suelto, sin relación permanente con una entidad obedece más a las necesidades del  cine y la televisión."
    
Los noventa y después
A partir de los noventa, y ya disuelto del elenco del San Martín, Ingrid empezó a hacer algunos trabajos en televisión y actuó en programas como Compromiso o Vulnerables o algunas tiras diarias. Pero, no ha sido este medio en el que más ha actuado con más frecuencia. "Me gusta y cuando me ofrecen algo que me gusta lo acepto, pero siempre que no sea muy aborbente porque si no me impediría hacer teatro que es lo que más me agrada. Soy un bicho de teatro." En 1992 interpretó El zoo de cristal con Inda Ledesma, en 1993 Conversación en la casa Stein sobre el ausente señor von Goethe -un suceso que hizo durante años- y muchas otras obras, entre ellas las que encaró junto al actor Horacio Peña bajo la dirección de Rubén Szuchmacher como Decadencia, Polvo eres, Quartet, Don Perlimplin, etc. Con ese actor y director trabajó en elencos más grandes también en Muñeca y El loco y la monja. De hecho, y como dice un poco en broma y un poco en serio, con ellos formó una minicompañía teatral.

Entre los trabajos más recientes, la actriz, ya consagrada como una de las más talentosas del teatro argentino, hizo El aire del río en el San Martín y ya en el Centro Cultural de la Cooperación Antígonas, Todos somos negros, Los poetas de Mascaró y Espectros, estas dos últimas todavía en cartelera. También lee los martes poesía en Radio Folklórica, en un programa institucional de la Biblioteca Nacional. Y ha trabajado también, en proyectos ligados a su labor artística o como colaboración con algunos directores, en tareas de traducción, ocupación en la que la ayuda el conocimiento de varios idiomas. Dice que se inició en esa labor como consecuencia  de haber recibido textos traducidos que mostraban mucha dureza y conspiraban contra las buenas actuaciones. "Como actriz, del mismo modo que le pasa a muchos actores experimentados, me doy cuenta cuando un texto no cae bien en la boca. No se trata de ningún modo de 'naturalizar' el lenguaje del autor y rebajarlo sino de encontrarle el equivalente en castellano que pueda decirse con fluidez. La sintaxis alemana, por ejemplo, al ponerla en castellano suena a veces un poco forzada, produce problemas de arrastre. Eso es lo que intento, junto con los directores a los que auxilio, de solucionar. Pero, siempre averiguamos antes: si lo que se dice en el idioma original es deliberadamente artificial, muy construido, entonces lo respetamos, tratando de encontrar los mecanismos de equivalencia en nuestro idioma. Pero si el idioma es común y el arrastre se debe a una mala traducción o una traducción muy literal, lo mejoramos."

Ingrid afirma de Espectros, dirigida por Mariano Dossena, que está muy satisfecha con la versión. "Mantiene como en su autor Henrik Ibsen esa cuota de crítica social, pero el director la ha concebido más que nada como una lucha entre distintas espiritualidades, una rígida, que oprime al hombre, y otra que tiene que ver con la felicidad. Y de ese modo la expone como un espejo de lo que se paga por vivir en la mentira y fomentar la exclusión. Los clásicos son extraordinarios, porque siempre tiene algo de lo arquetípico, de lo profundo de la condición humana que nos sigue interpelando a través del tiempo, inquietándonos, revelándonos una verdad siempre nueva. Eso, además de ser una obra de estructura perfecta, llena de tensiones e interés en todo momento." Y al mencionar su afición por leer siempre poesía, Ingrid recala en Los poetas de Mascaró, el otro espectáculo que aún ofrece en el Centro Cultural de la Cooperación, y que le produce un gran placer. "Desde el inicio tratamos que este trabajo, compuesto con poemas de autores argentinos contemporános, fuera una sucesión simple de recitados, sino que apuntara a la creación de un tema unificador, de un clima y un universo. Y esto está muy logrado. El público sale muy conmocionado y no dice si le pareció lindo o feo, sino que da las gracias. Y esto porque es un espectáculo que tiene que ver con nuestra sensibilidad, nuestra historia. Habla no solo de los que desaparecieron o fueron torturados, también de los que no perdimos la vida, pero atravesamos como jóvenes ese tiempo ominoso que nos dejó una marca definitiva de época. Nos habla de las calles que transitábamos, de los amigos nuestros que desaparecieron. De todo eso. Por eso la gente se siente identificada".

Habla, en los términos de una lírica y dacongojada evocación, de aquellos tiempos de horror. De esos tiemos en que Ingrid nacía a la vocación de actriz, filmaba Vito Nervio contra el poder de las tinieblas  y, en medio de tanto castigo para los que se rebelaron contra la injusticia, sobrevivía como tantos otros y crecía consciente de que la vida no se transita sin dolor. Sin ese dolor del que ella como actriz tan sabiamente ha dado testimonio cuando le tocó representarlo.

                                                                                                              A.C.