Entrevista a Sergio Vainman

Junio 2016

Entrevistas

La marcada escasez de ficciones nacionales en la televisión argentina –durante 2016 se ha producido poco y nada y tampoco existen proyectos en preparación a la vista- ha provocado una fuerte reacción de los sectores afectados por este hecho en la industria. Como efecto de esa actitud, varias entidades que representan a las distintas profesiones y actividades que se desarrollan en torno a la ficción decidieron constituir una multisectorial, que realizará el 23 y 24 de junio próximo, en el Hotel Panamericano, un congreso para debatir el tema y acercar propuestas concretas al Estado para salir de esta situación. Para tener un panorama de esta  difícil emergencia y sus causas, las posibles salidas que conciben los sectores perjudicados por ella y qué expectativas tienen al respecto, Revista Cabal conversó con Sergio Vainman, un autor de reconocida y prestigiosa trayectoria en el medio, que en esta ocasión es también uno de los integrantes de esa multisectorial en representación de Argentores. 

¿Qué es lo que hay que resaltar de la actual situación en la televisión?
Antes que nada me gustaría resaltar que la televisión argentina tuvo históricamente una abundante cantidad de programas de ficción, que ocupaban grandes espacios de su programación. Había muchas telenovelas y unitarios, que es la forma en que nosotros siempre llamamos a las producciones de emisión semanal, que hoy se denominan series. Y en la época en que los canales eran productores de sus propias programaciones, generaban dos o tres telenovelas y cinco o seis unitarios cada uno. O sea que tenían colmada su capacidad de trabajo y empleaban a mucha gente. Una telenovela puede dar ocupación a unas cuatrocientas personas entre autores, actores, escenógrafos, técnicos e individuos ubicados en su logística: choferes, encargados del catering, asistentes de vestuario, etc. Son cuatrocientas personas que trabajan cuatro, cinco o seis meses de manera continuada.
Es un problema laboral palpable para muchas personas, nada menor.

Exacto, porque lo más importante de todo es ver que acá no estamos reclamando la ficción desde un lugar de la bohemia, el sentimiento o la nostalgia. Lo estamos planteando desde un punto de vista económico y laboral. Este es un tema, me parece, a poner sobre la mesa. Es la pérdida de una cantidad enorme de fuentes de trabajo para las personas agrupadas en el Sindicato Argentino de Televisión (SAT), Argentores, la Asociación Argentina de Actores y otras entidades. Y una pérdida en lo que será la recaudación de derechos para las sociedades de gestión, porque no habrá qué recaudar. Entonces es una cadena bochornosa, que significa la pérdida concreta de una posición. Y que, por otra parte, imposibilita proyectar nuestro trabajo hacia otros lugares.

Si no producís acá novelas o unitarios no tenés material para proyectar al exterior.
Es al revés, en este momento se recibe de afuera, estamos recibiendo un verdadero aluvión de producciones de otros países del mundo, sean de Turquía, Corea, México, Brasil o Colombia. ¿Está mal eso? No digo eso. No estoy en contra de que se vean otros productos en nuestra televisión, porque también aspiro a que los productos argentinos se vean en otros lados. Por lo tanto, en una actitud de recíproco intercambio, no se trataría de poner una barrera infranqueable al ingreso de esas producciones extranjeras. Lo que afirmo es que habría que encontrar un punto de equilibrio y compensación, porque si no solo terminaremos absorbiendo todos programas que no se hacen en la Argentina. Hay un hecho curioso: cuando comenzó la televisión en el país, la mayor parte de los productos envasados venían de afuera, hasta que se desarrolló una industria nacional para la T.V. que era de ficción y no ficción. Y las series norteamericanas, que eran las que en ese entonces se pasaban, perdieron vigencia y el público prefirió ver productos nacionales, algunos mejores, otros peores. No hago un juicio de valor estético. Sin embargo, luego de esa conquista ahora volvemos a caer en aquella situación original, aunque las series ahora no sean las norteamericanas, al menos en los canales de aire.

Vienen de muchos lugares, fruto de los hábitos que impuso la globalización.
La globalización nos perjudica porque tomamos de los otros, pero nadie toma de nosotros. Porque no tenemos nada para ofrecer o porque lo que tenemos es muy poco. Eso deteriora por completo la creatividad, la gente comienza a dedicarse a otra cosa, pierde su trabajo y tiene que vivir, pagar las cuentas de la luz, el gas o los alquileres. O la nafta y los pagos escolares, de algún lado la plata se debe conseguir. De modo que las personas se ven obligadas necesariamente a buscar otras fuentes de trabajo. Esto corroe la industria o su posibilidad de mantenerse. Entonces diría que vivimos una situación crítica, que por ahora no nos permite ver cuál es la luz al final del túnel. Estamos en el medio del túnel, que es muy complicado. Hay muy pocas ficciones en la Argentina y alcanzan los dedos de la mano para contarlas. Frente a eso, todos los sectores involucrados están muy preocupados. No nos une el amor, sino el espanto, parafraseando a Borges.

Esa unidad de distintos históricos vos la calificaste de histórica.
Es la primera vez en la historia que se arma una multisectorial donde no queda afuera nadie, ni sindicatos de gestión ni sindicatos que participen de este proceso. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Que la crisis ha afectado a todos, incluso a los productores independientes, que la verdad hay pocos, pero los hay. No tienen posibilidad de colocar sus productos porque no pueden hacer frente a los costos, que son crecientes. Y esas productoras están paradas. O se han desarmado despidiendo gente y prescindiendo de los creativos, porque no hay trabajo.

¿Y esta situación a qué lleva, cómo se resuelve?
Hay varios aspectos a resolver en esta crisis. Nunca una crisis es por una sola razón ni tampoco se resuelve de una sola manera. Es una constelación de factores. Lo primero que uno tendría para decir es que esta multisectorial está buscando ser reconocida a la hora de discutirse una nueva regulación de la actividad audiovisual, de su marco legal. ¿Por qué? Porque un decreto ley del mes de diciembre pasado cambió sustancialmente lo que era la anterior Ley de Comunicación y Servicios Audiovisuales. Y se nombró hace un mes la comisión redactora de una nueva norma, pero en la convocatoria general para constituirla no se ha tenido en cuenta ni a los sectores que trabajan ni a los creativos del medio. Que una ley que servirá como marco regulatorio para la actividad no escuche a aquellos que son los que participan en ella, que no tenga en cuenta su opinión suena incoherente, absurdo si querés. Pero es a así. Es como hacer una ley para las panaderías sin oír antes a los panaderos. Es una posición sin sustento. Y no es un capricho lo que decimos, porque somos nosotros los que vamos a ser regulados por esa ley. Esa norma es la que va a determinar de alguna manera nuestro futuro, dónde nos vamos a manejar, cómo nos vamos a mover, qué limites vamos a tener y qué derechos y obligaciones. Frente a eso, que no se convoque a ninguna de las entidades que participan del proceso es significativo.

La CISAC, que es la entidad internacional que reúne a las sociedades de gestión, enterada de esto exhortó al gobierno y a la comisión redactora para que tenga en cuenta a los creativos.
Sí, porque la CISAC está relacionada con las sociedades de gestión, pero de la misma manera, con toda seguridad, se van a expedir las asociaciones internacionales que agrupan a los distintos sindicatos. Y la CISAC se pronunció porque, obviamente, ve esa actitud como absurda y discriminatoria. Uno de los ejes centrales del congreso de la multisectorial del 23 y 24 de junio será la discusión de propuestas respecto de los marcos regulatorios, esos que regularán nuestra actividad y a los que deberemos cuestionar si es que tiene normas cuestionables o a los que deberemos aportar si nos convocan y nos aceptan como parte necesaria de la convocatoria.

¿En cuanto a esa norma regulatoria qué aspecto, por ejemplo, les preocupa en especial?
Nos preocupa, y en ese sentido expresaremos una oposición definitiva como multisectorial, que las que antes eran sociedades relacionadas con los servicios de comunicación audiovisual hayan pasado a las “telco”, que son las empresas de telecomunicaciones. Nosotros no trabajamos en las telecomunicaciones, sino en la difusión de contenidos en comunicación pública, en comunicación audiovisual, que es otra cosa. Ese cambio sustancial de cariz, además de generar una enorme pérdida de los ingresos que llegaban a la ex AFSCA, ahora ENACOM, conlleva de inmediato a que el aporte que antes realizaban las empresas de comunicaciones no lo hagan más. Desaparece ese aporte. Con lo cual todo el fomento que podría hacer el ENACOM ahora no estará porque no aparecerá el dinero. Y en el futuro hasta es probable que algunas de esas empresas digan que no van a pagar derechos de autor porque hacen telecomunicación y no comunicación pública audiovisual. Esto para todos nosotros es un cambio inaceptable. Pero, bueno, todo esto hay que discutirlo sobre una mesa. Los discutirán los creativos, los abogados, todos los actores que tengan que intervenir en esto. No es que pretendamos convertirnos en legisladores. Para eso están los diputados y senadores, pero queremos que escuchen nuestra voz.

¿Y en cuanto a la protección del Estado que posición se tomará?
Hay una ley que dice que la actividad audiovisual es una industria. Sin embargo no está reglamentada.  Es una ley cuya reglamentación es genérica. Nosotros queremos que haya una declaración específica de declaración de industria para la actividad audiovisual que genere naturalmente las protecciones o los beneficios que tiene cualquier otra industria. Cuando hay una industria en crisis en el país allí va el gobierno a través de los organismos competentes a tratar de mejorar la situación. Hablamos de intervenir sin sustituir desde el gobierno para paliar los efectos de una crisis. Nosotros creemos que es imposible salir de esta crisis si no hay una colaboración, una participación, una intervención activa del Estado. El Estado debe proteger esta industria, para lo cual debe reglamentar específicamente el tema. Y otro asunto del marco regulatorio es que nosotros necesitamos una ley de fomento para la actividad audiovisual, además de la ejecución de todos los dineros que ya han ingresado para ser asignados al fomento y que no han sido ejecutados. En fin, todas esas situaciones obligan al Estado a intervenir, porque sin su intervención es muy difícil, prácticamente imposible resolver lo que ocurre.