Doña Petrona, un clásico renovado

Agosto 2018

Gourmet

Una nueva edición de su célebre recetario, la definitiva, demuestra su increíble vigencia

A ochenta y cinco años de ser publicado por primera vez, “el libro más vendido en la Argentina después de la Biblia y el Martín Fierro” según asegura el incomprobable mito, ya tiene su edición definitiva, la número 103. El libro de Doña Petrona (Planeta, $849) es, lejos, el recetario más consultado del país. Con más de un millar de recetas que responden a las culinarias de la inmigración diversa que conforma nuestro país, la obra de la santiagueña Petrona Carrizo de Gandulfo fue traducida a ocho idiomas y vendió más de 3.000.000 de ejemplares en todo el mundo. Al margen de los platos que describe y del carácter de libro de consulta a la hora de cocinar, se convirtió claramente en un tratado involuntario de historia, sociología y antropología, que encabeza el canon de los libros de cocina en la Argentina y explica de alguna manera cómo éramos y cómo somos a la hora de alimentarnos y de servir la comida a la familia y a las “visitas”.

Ni chef, ni cocinera, Doña Petrona era una ecónoma, que enseñó a cocinar a varias generaciones de argentinas (sí, las que cocinaban en las casas eran, casi invariablemente, las mujeres), primero en vivo, en clases públicas de la Compañía Primitiva de Gas de Buenos Aires, que buscaba promover el uso de las incipientes cocinas a gas, luego en revistas y en radio y más tarde, a partir de la década de 1950, en televisión. Y el libro, todo un caso de estudio de emprendedorismo ya que en aquel lejano 1933, la propia Petrona lanzó la primera edición, que empezó vendiendo en su casa. La primera tirada, de 3 mil ejemplares, se agotó en dos semanas. La segunda ya fue de 5 mil. Con el tiempo, llegó a imprimir ediciones de hasta 40 mil libros.

La nueva edición de su obra maestra incluye material nunca antes publicado, especialmente imágenes inéditas del archivo familiar. La revisión estuvo a cargo de la periodista especializada Laura Vilariño, quien se encargó de corregir algunos errores que se produjeron en las versiones posteriores a la muerte de Doña Petrona, en 1992. También incorporó pistas para reemplazar ingredientes que ya no se consiguen o son muy difíciles de conseguir en el mercado, pero las recetas se transcriben tal como las concibió Doña Petrona, tanto en medidas y proporciones como en tiempos de cocción.