Helados

Enero 2014

Gourmet

Para disfrutar de la mejor gastronomía hoy comemos helados

Es uno de los placeres gastronómicos más decadentes y vive épocas de gloria, tanto para empresas como para consumidores. Es que aquella actividad de solo seis meses al año, con honrosas excepciones, hoy está disponible para todos y todas sin distinción de temperatura o barrio, lo que hace felices, o debería, a quienes antes tenían que buscar una actividad invernal (cuando no abrir su local simétrico en la madre patria italiana) o combatir la abstinencia en restaurantes y con helados industriales.

La gloria también consiste en tener a disposición decenas y decenas de gustos —clásicos, neoclásicos, modernos, vanguardistas y hasta absurdos—, como en esas gelaterías italianas de película, pero reales, que invitan a zambullirse en sus mares cremosos y multicolores.

Así, lo que tradicionalmente era Chocolate, hoy implica una variedad imposible de resumir, con preparaciones ya instaladas en el gusto común y otras que representan especialidades de cada heladería.

Lo mismo sucede con el Dulce de leche, otro de los sabores de siempre —según una encuesta del sector, el más pedido de la Argentina—, que se ofrece en una serie de combinaciones que hace que cualquier pizarra de gustos resulte insuficiente.

La incorporación a nuestra dieta contemporánea de frutas de otras latitudes, por caso tropicales o patagónicas, también se trasladó a los helados, cuyos gustos en la materia tienen las características de una frutería global. La última novedad apunta a lo salado, como una opción de entrada fría, o helada, con sabores volcados a vegetales, quesos, carnes, etc. Pero esa, por ahora, es otra historia.

Además de saciar paladares golosos, refrescar momentos tórridos y ayudar a redondear una buena comida, hay quienes sostienen que el helado tiene la incomprobable virtud de paliar algunos dolores que no tienen origen orgánico y de suplir algunas ausencias momentáneas o permanentes. En cualquier caso, bienvenido sea.
                                                                                    Oscar Finkelstein