Street food, de la calle pero bajo techo

Febrero 2017

Gourmet

Aquello que solo se comía ocasionalmente, al paso y a precios de remate, hoy es consumo gourmet. La moda de la comida callejera puertas adentro también llegó a la Argentina.

¿Qué tienen en común un pancho alemán, un shawarma mediterráneo y un choripán argentino? Junto con muchas otras, son comidas que no necesitan más que nuestras manos y hasta se pueden consumir caminando. Street food, como le dicen en el mundo angloparlante y también en otros, como acá nomás, en Palermo. Una tendencia, o quizá solo una moda, alimentada por los ex carritos o los actuales food trucks, al que los nuevos tiempos le agregaron una paradoja: ahora la comida callejera se puede comer en un lugar cerrado, bajo techo y con toda la impronta gourmet. A menos que alguna vez vuelva el añorado fútbol, y con él las folklóricas bondiolas y hamburguesas y los sospechosos choripanes.

Así, lo que siempre fue comida al paso para consumir en cualquier horario informal y a cambio de una modesta suma, hoy es el plato principal de muchas salidas nocturnas, que empiezan y a veces terminan varias horas después en ese mismo escenario de lo que antes se llamaba comida rápida. Y que hoy presume de cervezas artesanales, tragos estandarizados y jugos sofisticados.

Las hamburgueserías, por ejemplo, que a veces se travisten de lugares que expenden burgers and fries, tienen como base de su pirámide alimentaria justamente hamburguesas y papas fritas, como se les decía hasta no hace mucho. Son muchas, muchísimas, y en general parecen tener éxito, lo que al mismo tiempo hablaría no tan bien del paladar de las nuevas generaciones (aunque hay algunas que son originales e irresistibles) y muy bien de la nueva generación de emprendedores, que supieron importar la tendencia (no, no es un invento argentino) y, en todo caso, adaptarlas al gusto local, aunque no mucho. O sea, pululan como antaño lo hicieron los parripollos y las canchas de pádel, pero todo parece augurarles un futuro más venturoso.

Sofisticadas pancherías, con perdón de la palabra, ofrecen hot dogs realmente deliciosos, con salchichas, panes y aderezos de maravilla, que dejan bastante mal parados a los viejos y queridos superpanchos de los kioscos, que solo pueden competir por el precio y por su omnipresencia. Ah, y por la lluvia de papas fritas. Se habló aquí del choripán gourmet, ya no exclusivamente de carne de vaca o cerdo y con el agregado de sabores inéditos, y para el que se necesitan unos cuantos billetes más que para el de la parrillita ambulante.

Pero lo más novedoso en la materia son las propuestas que involucran a comidas étnicas, y que se sumaron a la movida en los últimos meses. Uno ofrece especialidades callejeras judías con fuerte acento árabe: Kebab, Kipe, Falafel, una picada con Hummus, Mutabbal, frutas secas saborizadas y aceitunas marinadas, y también pastrón y las ecuménicas papas fritas, comunes a todas las gastronomías. El otro propone una carta de platos asiáticos (de Vietnam, India y Tailandia, y en menor medida de Japón y Taiwán), con una oferta que trasciende un poco lo meramente callejero. Hay Cakes de langostinos empanados en panko, Spring rolls de pollo, ensaladas con productos y aliños típicos de aquellos pagos, sopas (Pho de carne, Khao soi de pollo), Sándwiches (pan francés con albóndigas de cerdo, pan al vapor relleno de cerdo, repollo y verduras; pan al vapor abierto con panceta, salsa hoisin, pickles y akusay; pan al vapor abierto con hongos y pickles), cuatro variedades de Curry y, de postre, Paletas y Vasitos con sabores del Lejano Oriente.