Biblioteca popular José Ingenieros: dónde el anarquismo vive

Mayo 2017

Actualidad

Ubicada en el barrio capitalino de Villa Crespo, lleva más de 80 años guardando las memorias de un movimiento que supo poner en riesgo al sistema dominante y que aún hoy persiste en la voluntad asamblearia.

 

Hablar de anarquismo en la Argentina nos remite directamente hacia el fin del siglo XIX y comienzos del XX, cuando una masiva oleada inmigratoria trajo a estas tierras a los primeros activistas. Más de un siglo después, las ideas que con mucha fuerza había promovido, entre otros, el filósofo ruso Mikhail Bakunin no constituyen una amenaza real contra el sistema, como sí lo era por aquel entonces. Pero así y todo, su espíritu no solo no ha muerto en pleno siglo XXI, sino que se lo puede encontrar en una multiplicidad de espacios, especialmente en su faceta asamblearia. La Biblioteca Popular José Ingenieros, en el barrio porteño de Villa Crespo, es uno de ellos.

El anarquismo en la Argentina
José Ingenieros (1877-1925) fue una de esas mentes brillantes que hizo aportes fundamentales a una gran variedad de disciplinas. En aquellos tiempos convulsionados, donde el progreso de la técnica convivía con la explotación obrera y la escasez de derechos, sus ensayos y pensamientos nutrieron al movimiento socialista revolucionario primero y al anarquismo más tarde. Hijo de un periodista italiano y habituado al trabajo de la imprenta desde chico, fundó el periódico La Reforma con apenas 15 años y dirigió en 1897 junto a Leopoldo Lugones la efímera publicación “socialista revolucionaria” La Montaña, cuyos 12 números completos pueden consultarse en una prolija edición que forma parte del material de consulta de la Biblioteca.

Ingenieros ha sido sin duda uno de los referentes más importantes del movimiento anarquista argentino en su etapa de mayor protagonismo dentro del movimiento obrero. Según el historiador e investigador del CONICET Fernando Aiziczon, autor del artículo “Anarquistas en Argentina” que está disponible en la web de la institución, los anarquistas “lograron una aceptación muy grande en el proletariado porque además desarrollaban una intensa vida política con inserción territorial. Fundaban bibliotecas populares y teatros, realizaban actividades para niños y para el poco tiempo de ocio que las jornadas laborales permitían, daban conferencias, editaban libros y periódicos obreros en varios idiomas -como La protesta Humana o La voz de la mujer-. Es decir, en términos culturales el anarquismo no tuvo rivales”.

Sin embargo, a diferencia de otras corrientes, la estrella del anarquismo se apagó más temprano que tarde. Según Aiziczon, hacia 1930 el anarquismo “prácticamente había dejado de existir”. ¿Las causas? “Las leyes de Defensa y de Residencia (establecían que cualquier persona que realizara actividades peligrosas o que atentara contra el orden debía ser apresada o deportada sin juicio previo), la fuerte represión estatal, la competencia por parte de otras corrientes de izquierda que sí cultivaban aspiraciones parlamentarias y finalmente ciertos avances del yrigoyenismo en materia de derechos laborales”, sostiene el investigador.

La Biblioteca anarquista
Justo cuando el anarquismo comenzaba un lento declive como movimiento revolucionario y perdía impacto político, un grupo de militantes socialistas y anarquistas ligados al gremio del calzado fundó en un pequeño garage ubicado en la Avenida Juan de Garay, entre el Pasaje Pereyra y Castro, la Biblioteca Popular José Ingenieros. Fue el 1 de julio de 1935 y la oradora inaugural fue Alicia Moreau de Justo. En realidad ya había existido una experiencia previa, aunque con otro nombre, pero las clausuras y detenciones tan habituales durante la primera dictadura argentina obligaron a refundarla, por lo que hoy se considera oficialmente esta última fecha como la original.

Tras varias mudanzas en sus más de 80 años de vida, hacia la década del 60 (no hay registro exacto de la fecha) la José Ingenieros se instaló en el local propio que ocupa hoy, en Ramírez de Velasco 958. Allí descansan casi 20 mil libros (ordenados por temáticas como anarquismo, marxismo, filosofía, sociología, pedagogía, etc.) y un archivo histórico de folletos, revistas, fanzines y demás, muy consultado por los investigadores sociales. Pero fiel a sus ideales libertarios, la Biblioteca es además un espacio donde se dictan talleres y charlas y donde algunos grupos feministas y de trabajadores pueden reunirse para debatir y acordar cursos de acción. 

Ese espíritu anarquista puede ser comprobado fácilmente por cualquier visitante apenas ingresa al viejo PH en el que funciona la Biblioteca: los libros están al alcance de todos y no hay que llenar ninguna ficha para tomar alguno. Lo que hoy no es posible es retirarlos del local. Es que están en pleno proceso de catalogación, por lo que habrá que esperar un tiempo para poder acceder al listado online y eventualmente llevarse algún ejemplar.

Elba es una médica jubilada de 70 años que hace 7 años asiste como oyente a las clases de la carrera de Filosofía de la UBA y que forma parte de la Comisión Administradora de la Biblioteca. La Comisión es, justamente, otra de las instancias en las cuales el anarquismo se mantiene tan vivo como antes. “Los que constituimos la Comisión somos mandatados y elegidos desde la Asamblea. Para nosotros la Asamblea es la soberana siempre. Cumplimos múltiples funciones, desde mantener el local limpio u ordenado hasta hacernos cargo de todo lo que tiene que ver con los libros. Pero siempre dentro de lo que significan los principios que son dados de manera asamblearia”, le cuenta a Revista Cabal. La única condición para formar parte de la Asamblea, además de estar medianamente involucrado con el espacio, es estar de acuerdo con una “declaración de principios” que comienza así: “Sin pretender acuerdos totales, aunque sí orientaciones mínimas, los miembros de esta Biblioteca nos identificamos con un anarquismo social y revolucionario y compartimos el objetivo de alcanzar, mediante la destrucción del sistema capitalista y la abolición del Estado, una sociedad libre y organizada en torno a los principios del comunismo anárquico”.

La Comisión se reúne todos los jueves para discutir las cuestiones que hacen al funcionamiento de la Biblioteca, desde los gastos o las refacciones que hay que hacer (ahora, por ejemplo, recibieron una donación de 2000 libros para los cuales hay que armar nuevas estanterías) hasta la organización de alguna actividad. Incluso, allí mismo se debatió el pedido de Revista Cabal de entrevistarlos para llevar a cabo esta nota.

Ser anarquista hoy
Bakunin, Luigi Fabbri, Luce Fabbri y Enrico Malatesta (uno de los preferidos de Elba) son algunos de los autores anarquistas que más se repiten en el enorme volumen de obras de la José Ingenieros, que se fue conformando a partir de donaciones e intercambios. “Hoy nos llegan ejemplares de Italia, de España y de otros lugares del mundo. Los mandan compañeros anarquistas que tienen sus imprentas o sus revistas”, señala Elba. La Biblioteca, además, produce junto a la editorial Tupac una colección de libros que se llama Utopía Libertaria.

Cuánta aceptación tiene el anarquismo hoy tal vez sea difícil medirlo estrictamente en números. Los visitantes de la Biblioteca son principalmente investigadores y militantes. La gente del barrio, por su parte, ha ido disminuyendo en los últimos tiempos. “Es que esta zona se ha transformado -explica Elba-. Antes había un montón de gente que vivía por acá que aunque no fuera anarquista tenía afinidad con ideas sociales y concurría mucho a esta biblioteca. Pero hoy en día el barrio se está convirtiendo en uno de los Palermo no sé cuánto y avanza esta forma de vida que nosotros no compartimos”.

¿Y qué es ser anarquista hoy? Para el politólogo francés anarquista Edouard Jourdain, autor de una muy buena síntesis sobre la historia del anarquismo, el movimiento ha sido muchas veces mal comprendido. “A menudo se lo considera una doctrina que pregona el desorden y el caos, donde toda vida política sería imposible”, escribe en su obra “El anarquismo”. Elba pone el foco en otro lugar. “Lo básico del anarquismo está fundamentalmente en la solidaridad, entendida no como beneficencia sino como que existen un montón de dificultades y por eso somos solidarios tanto en las luchas como en las necesidades que tiene mucha gente. Como anarquistas creemos que las decisiones debemos consensuarlas, debemos establecerlas a través del diálogo y que no haya un conocedor y un resto que obedece. En esos términos la construcción es colectiva, asamblearia”, define. Entendido entonces como voluntad asamblearia, el anarquismo hoy está latente aún entre quienes desconocen su doctrina. Y en la Biblioteca Popular José Ingenieros encuentra una de sus formas más auténticas y vivas.