Costureras, un oficio que se revaloriza

Octubre 2014

Actualidad

Las mujeres siguen prefiriendo a la modista tradicional o a alguna cadena express de costureras a la hora de arreglar una prenda o hacerse algo a medida. Esta es la razón por la que el oficio de estas auténticas artesanas de la moda sigue vigente, e incluso se revaloriza en virtud de su calidad. Una tendencia que crece.

“La modista de siempre no ha muerto, se ha reconvertido. Es difícil de encontrar, damos fe, pero sigue ahí, donde ha estado siempre, cosiendo en la sombra.” Así comienza una nota publicada recientemente por el diario El País de España, en la que se presenta una tendencia que tiene su correlato en la Argentina: las costureras ejercen su oficio con vigencia en el mercado de la moda; compiten y en distintos sentidos ganan en la carrera contra la industria de producción de prendas en serie.

Es que, a pesar de la feroz competencia que ofrece la industria textil, modistas y costureras tienen mucho que ofrecer: la confección artesanal, personalizada, que por estos días vuelve a ser valorada. La calidad de las prendas que mejoran o directamente realizan es uno de los factores decisivos a la hora de recurrir a estas mujeres. Ellas saben mejor que nadie como confeccionar o adaptar un vestido, un pantalón o una blusa al cuerpo de una mujer real –de cuerpo imperfecto-, a la que a menudo las marcas industriales no tienen en cuenta.
Tanto épocas de crisis como de bonanza económica, las modistas suelen aumentar el volumen de trabajo: en el primer caso, porque las mujeres se deciden a rescatar viejas prendas de cajones y placares y aggiornarlas o adaptarlas a sus medidas vigentes, en el segundo porque prefieren invertir en prendas de calidad aunque esto pueda costarles unos pesos más que comprar en una tienda.

La hechura de vestidos de fiesta –novias, egresadas, cumpleañeras etc.- también es uno de los rubros en que se prefiere a la modista, son ocasiones en que las chicas y mujeres optan por la atención personalizada y se garantizan que la calidad y diseño del vestido se adapte bien a su cuerpo.
Aunque el de costurera y bordadora son oficios muy antiguos -fueron las francesas quienes, por primera vez, lograron que Luis XIV reconociera en 1675 la existencia jurídica de la comunidad de maestras costureras-,  fue recién a mediados del siglo XX que se lo identificó como un trabajo disociado de la producción de prendas en serie y se lo asoció con factores como la calidad y la conveniencia en relación a su costo.
La “buena prensa” que tuvieron las modistas también estuvo desde entonces asociada a las preferencias de las amas de casa más exigentes y a la confección de prendas para las casas de alta costura: a parir de la década de los 40’ y más acentuadamente a partir de los 60’ y 70’- marcas y diseñadores de renombre internacional utilizaron a las costureras para la confección de sus creaciones artesanales más sofisticadas.

“El oficio de la modista pasó entonces de la casa de la modista a los talleres de corte y confección en donde se cosía por encargo o se creaban las prendas que se llevaban a las pasarelas, los catálogos de moda, los medios de comunicación masiva e inclusive los museos”, detalla Ana Lucía Franco, Diseñadora de Indumentaria y autora de una tesis de Historia sobre el oficio de las modistas. “Luego, a pesar del rol desempeñado por las modistas en las fábricas, la vieja modista no perdió su identidad artesanal: a finales de los años setenta se consolidó en el ámbito local su figura como creadora de prendas únicas. Sin duda los medios masivos y especializados, así como la tradición formativa de escuelas de corte y confección, talleres y espacios de capacitación formales y no formales han permitido que la memoria del oficio perviva y continúe siendo distinguida, a pesar de las transformaciones económicas y productivas que ha tenido”.

“Trabajo hace 18 años cosiendo. Me parece que la costura artesanal en la actualidad se valoriza porque el pret-a-porter no viste todos los cuerpos del mismo talle de igual manera –por ejemplo, dos mujeres talle M, pueden tener caderas diferentes o senos de distintas medidas- y es inevitable que a una pueda quedarle mejor que a otra”, reflexiona Cecilia Donato, costurera profesional, consultada por Revista Cabal.
“Para que las prendas queden bien se necesitan los retoques a medida, eso es evidente”, explica Donato. “Un patrón industrial, que viste a millones de M o L, no puede modelar un cuerpo como cuando te hacen algo a medida, específico para tu cuerpo.  También llegar a tener una prenda única, elegida y realizada para una, es algo especial que a las mujeres les gusta mucho y también pesa a la hora de buscar a la modista. Otra razón que pesa es que a veces en el mercado una mujer no encuentra prendas con las cuales sentirse bien, ya que hay muchísimo para jovencitas, y poco lindo para mujeres arriba de 40, pocas opciones y pocos estilos, al menos lo que veo en Argentina. En Europa y EEUU, la tendencia también es un hecho, allá la mujer tiene infinitas opciones, pero también se comenzó en los últimos años a revalorizar la prenda  a medida, que es vista como un nuevo lujo, ya que se sale de la oferta masiva, y repetida de tipo industrial.”

Donato explica que “existen hoy muchos diseñadores/artesanos, que no queriendo trabajar para una empresa trabajan solos o con poca ayuda cosiendo personalmente”. El oficio de modista es, además, una forma que mujeres encuentran para trabajar de forma independiente, en sus casas o en un estudio- taller; y entre amigas o vecinas es frecuente compartir el dato de dónde se encuentran como una información valiosa.

En los últimos años aparecieron también en Buenos Aires cadenas de costureras contratadas por locales específicos de arreglos de ropa. Fix Ok!, por ejemplo es uno de ellos. En su local del barrio de Belgrano, media docena de costureras se encargan de hacer reformas, arreglos y renovación de prendas, además de coser desde cero los diseños que las vecinas les acercan. “Hacemos arreglos y confección de prendas pero también bordados, disfraces, todo tipo de trabajos en tela”, explican ellas. Una de las ventajas competitivas de la marca es que los trabajos se concretan en muy poco tiempo: 24, 48 o 72 hs –con precios diferenciados- de acuerdo a las necesidades del cliente.
Modistas, bordadoras, costureras: ellas son la solución cuando hay que arreglar ropa que se quiere reutilizar o confeccionar otra de mejor calidad. Todo demuestra que, si bien los años no han pasado en vano para ellas, su oficio logró reinventarse y está plenamente vigente.