Cultura villera

Octubre 2012

Actualidad

Cansados de que los medios hegemónicos los trataran “a todos de delincuentes”, vecinos de las villas de todo el país crearon un medio que se auto gestiona, no acepta publicidad y hace una bandera del anonimato, apostando al “espíritu colectivo.” La realidad contada desde abajo y más allá de los estigmas.

"La Poderosa’ fue el nombre con el que Ernesto ‘Che’ Guevara y su amigo Alberto Granado bautizaron a la moto con la que salieron a vivir su aventura latinoamericana. No casualmente la revista que “reivindica la cultura villera”, como la definen sus gestores - vecinos de distintos barrios marginados del país- fue bautizada como La Garganta Poderosa: la idea es que viaje, que llegue, haga escuela y vuelva a partir, conquistando nuevos lectores a quienes revelar todo aquello del universo marginal que los medios hegemónicos no muestran, empezando por la cultura solidaria que allí se moviliza, explican ellos, que prefieren el anonimato colectivo al estrellado singular de sus periodistas.
El consejo editor de la revista, según consta en la primera página, está integrado por “todos los vecinos de todas las asambleas de todos los barrios de La Poderosa de América Latina”. Reconocen como editor en jefe a Rodolfo Walsh y entre sus colaboradores incluyen a Julio Cortázar, el padre Mujica, Julio López y 30 mil detenidos desaparecidos.

 
La Garganta es una cooperativa de trabajo de La Poderosa (www.lapoderosa.org.ar), una fuerza social complementaria a las propuestas partidarias populares, que se construye desde las villas, buscando transformar la realidad, a través de la organización y la unión vecinal -con asambleas barriales, trabajo colectivo, actividades de educación popular y generación de cooperativas de trabajo- para actuar sobre las problemáticas de los barrios y caminar hacia una sociedad justa e igualitaria. La revista nace, en este marco, de la indignación y la impotencia de quienes se sentían marginados y estigmatizados, y de la necesidad de construir algo por fuera de esos mensajes que “siempre se encargan de contar lo malo que hay en las villas”, según definen sus responsables.
Gestada en las asambleas de los barrios más humildes, la publicación marcó una ruptura con la comunicación tradicional y se erigió como una herramienta valiosa, capaz de dar batalla a los estereotipos, que se traducen en impedimentos bien concretos, cuando por ejemplo un habitante de la villa sale a buscar trabajo.

 

La sanción de la ley audiovisual fue un puntapié para aquellos que desde hace años venían peleando por un lugar en el concentrado mapa de medios argentinos. Después vino el esfuerzo puntual de articular el trabajo colectivo, y anónimo, de todos aquellos que quisieron hacerle frente a quienes, desde los grandes medios, a menudo promueven el miedo, la discriminación y la xenofobia.
La revista tiene una frecuencia mensual y es producida y distribuida por vecinos de las villas, elegidos en asambleas barriales. No reciben apoyo económico de ningún partido político, empresa ni marca comercial, en una clara apuesta a la transparencia. Tampoco admiten que nadie trabaje por fuera del anonimato, que reivindican como una forma de que “nadie saque chapa personal con un trabajo que es colectivo”. Los únicos que firman con nombre propio sus notas son los redactores de la revista, que se eligen en las asambleas barriales.

 

Para las tapas eligen personajes populares, algunos de los ya convocados fueron Tévez, Riquelme, León Gieco, Eduardo Galeano, Martín Palermo, Charly García, Francella y la Mona Jiménez, personajes que también han reivindicado a la cultura villera, y los pequeños grandes logros que desde ese ámbito La Garganta ha conquistado con esfuerzo. Entre las últimas tapas cobró gran repercusión la de julio pasado, en la que Tévez aparecía con la cabeza cubierta por un pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo y la inscripción “Nadie se atreva a tocar a mi vieja” bordada en la tela, en apoyo a Hebe de Bonafini y a la asociación de las Madres de Plaza de Mayo.