El después de la guerra

Abril 2012



Actualidad

Al cumplirse el 30° aniversario del desembarco argentino en las islas Malvinas inevitablemente los recuerdos se vuelven más intensos, las preguntas exigen respuestas y se reinstala el debate.
Están aquellos soldados que murieron en combate, aquellos que fallecieron luego de finalizada la guerra y aquellos que, a pesar del dolor y la crueldad, lograron rehacer sus vidas.
Este último caso es el de Edgardo Esteban quien, a pocos días de terminar el servicio militar, fue enviado a las islas del Atlántico Sur para enfrentar a uno de los ejércitos más poderosos del mundo.
Al regresar de la guerra comenzó a dedicarse al periodismo y ya lleva unos 30 años en la profesión. En 1993 publicó “Iluminados por el fuego”, una novela basada en sus recuerdos del conflicto de Malvinas, la cual luego se convirtió en película. Hoy trabaja como corresponsal en nuestro país del canal venezolano Telesur.
Edgardo Esteban es uno de los ex combatientes de Malvinas que vivió el infierno pero pudo salir de él.
Sus palabras nos ayudan a recordar el horror de la violencia y a evaluar el modo en el que Argentina puede seguir luchando por la soberanía de las islas.

¿Cómo era su vida y su entorno familiar antes de ser convocado a la guerra?
Mi vida fue bastante compleja desde muy temprana edad porque a mi papá lo mataron cuando yo tenía nueve años. Era dirigente político y lo mataron en mi casa, delante de mis hermanos y mi mamá. Y yo me hubiese podido salvar del servicio militar porque era hijo mayor de madre viuda, pero como me llevaba mal con el marido de mi mamá, cuando fui a hacer la revisación médica me entusiasmaron para anotarme en paracaidismo y así lo hice porque eran sólo seis meses. Nunca pensé que en vez de seis meses iba a estar diez y seis meses y en el medio una guerra.

¿Cuál fue su reacción al ser convocado y luego, cuando ya estaba inmerso en la guerra: creía en un fin patriótico o siempre estuvo en contra de la violencia bélica?
La que me informa que se tomó las islas Malvinas es mi mamá, y me decía cuántas mamás van a ir a la plaza a aclamar a Galtieri sabiendo que sus hijos pueden ir a una guerra, pero a la vez había tanto fervor patriótico, tanto entusiasmo que cuando llegué a las islas el 25 de abril tenía esa dualidad…y cuando pisé la tierra y sentí la turba mojada, a pesar de que llovía y que hacía frío, era como estar en un lugar mágico, único e irrepetible, eran las islas Malvinas sobre las que tanto habíamos hablado…en ese momento estaba fascinado. Pero luego con el correr de los días, cuando uno va poniendo más los pies en la tierra mojada de las islas, va tomando consciencia de la dimensión de una guerra; cuando empezaron las bombas y los primeros ataques de los aviones, ya el 1° de mayo la realidad era otra, con las dificultades e imperfecciones que tenía el ejército argentino, porque en realidad se fue para tomar una situación simbólica; no había una cultura de guerra y los militares argentinos no estaban preparados para una guerra y mucho menos para una contra la O.T.A.N., de esas dimensiones, y se notó…y se engañó mucho a la gente hasta el 14 de junio, cuando ahí recién se anunció y la gente tomó consciencia de que no había sido lo que le habían contado los medios sino que se había perdido, que la guerra no era esa historia que contaban todos los días los diferentes medios.
¿Qué opinión le merece que el gobierno de Cristina Kirchner haya intensificado el reclamo por la soberanía en las islas?
Yo no creo en las guerras; la viví, no volvería a una guerra y creo que el único camino posible es el que se está planteando ahora, a través de la paz, de los fueros internacionales. Estamos viviendo un momento maravilloso, especial, que hay que construir y acompañar, porque si las islas vuelven a estar de este lado, como corresponde, va a ser a través de la paz y el diálogo, a través de la construcción y de los derechos que tiene Argentina sobre ese archipiélago.
¿Cree que el gobierno actual ha dado un lugar diferente a los ex combatientes? ¿En qué se avanzó en los últimos años?
En los últimos años ya no hay combatientes pidiendo en la calle, se ha trabajado mucho en la contención a nivel social, de asistencia médica y psicológica. Hemos conseguido un lugar que antes no teníamos. Creo que se va avanzando, aunque la sociedad aún está lejos de esa construcción, de ese respeto, todavía hay cierta resistencia a los ex combatientes, como ocurre en muchos países del mundo…aunque creo que acá fue un poco más cruel que en otras partes.
Creo que este proceso en el que la presidenta habla del informe Rattenbach, en donde diferencia al soldado y a los héroes con lo que significa la dictadura militar, me parece que representa un proceso de construcción muy importante para esta nueva mirada que estamos teniendo los argentinos en relación con esta situación.
Este respaldo de Latinoamérica, de pertenencia de las islas para todos los países de la región, lo que es el UNASUR…pero también ese reclamo de Argentina en los fueros internacionales a través de la paz, es un momento maravilloso que hay que construir, tratar que esto no caiga, seguir avanzando para que este proceso pueda llegar a buen término.
La realidad es que la historia tiene sus ciclos y el ciclo del imperio, como lo fue el imperio británico, se está acabando, y la realidad es que va a tener que sentarse en algún momento a dialogar; y ahí se verá. A través del diálogo todo puede pasar, pero lo menos empezar a hablar, que es lo que le pide el estado argentino y ellos se niegan a realizar.
¿Se considera un sobreviviente de la guerra?
Yo no soy un sobreviviente de la guerra. Soy un hombre que pudo reconstruir su vida; soy un hombre feliz. La vida ha sido generosa conmigo porque tengo una familia que me ha contenido, que los amo, que me aman, tengo un trabajo que es maravilloso y que me ha dado la posibilidad de seguir construyendo. Me parece que desde ese lugar está bien que nos demos otra oportunidad, y el estado hoy está presente, para contenernos y acompañarnos en esa oportunidad que nos merecemos los que participamos como soldados en Malvinas.
Ayer fui a ver por segunda vez a Roger Waters y uno ve en el arte lo que significa el horror de las guerras…y me parece que uno tiene que apostar por la vida, sino no tendría sentido mi vida.