El odio virtual es una realidad

Febrero 2017

Actualidad

La intervención en los foros de los medios online o en las redes sociales muchas veces va acompañada de una carga de violencia extrema. Por qué para muchas personas esta herramienta de participación se convierte en un vehículo para la agresión sin medida. Cómo tratar con los odiadores.

Una medida del Gobierno, las declaraciones de un artista, una jugada polémica en un partido de fútbol, la opinión de un desconocido en Facebook o Twitter, una foto subida a Instagram por una modelo, el video de un famoso en una situación poco feliz, un comentario de un lector en un portal de noticias… Cualquiera de estos textos o imágenes, entre muchísimos otros, sirven como estímulo o, literalmente, como disparador para quienes por motivos no del todo claros hacen del odio virtual su modo de expresión, aunque también están aquellos que lo hacen por dinero.

¿Qué es lo que desencadena esta conducta? ¿Cómo es el perfil de un odiador? “Sobre todo hecho que se quiera reflexionar —explica el psicólogo social Carlos Sica— hay que tener en cuenta la policausalidad. De modo que son varias las necesidades: de participación, evitar la sensación de soledad, dar a conocer pensamientos y sentimientos, generar intercambios que en otros medios es casi imposible (no se puede dialogar con la pantalla del televisor), etc. En el mismo sentido, el de la policausalidad, sería una simplificación querer encontrar un perfil típico”.

Si bien el odio potencialmente alcanza a todos los sectores y/o personas por igual, hay una serie de destinatarios predilectos, usualmente minorías en general o miembros de esos colectivos en particular, los mismos que suelen ser discriminados en el mundo real por diversas características: identidad sexual, género, raza, religión, nivel socioeconómico… Pero también el mundo virtual funciona como escenario para la disputa violenta, a menudo desproporcionada, de diferencias políticas, artísticas, futbolísticas y otras más inverosímiles.

Lo que antes podía discutirse en torno a una mesa de café, una tribuna, un local partidario o la cola del banco —es decir, cara a cara— hoy se “debate” en ese espacio incierto del universo online que, entre otras particularidades, permite la estrategia cobarde del anonimato. Para Sica, que es director del Centro de Altos Estudios en Psicología Social (CAEPS) y coordinador general de EPS Emergencias Psicosociales, “la época y la tecnología actual favorecen, facilitan, las expresiones de odio, pero en toda época los odiadores han encontrado, y seguirán encontrando, los medios para manifestar su odio. Bastan una pared y una brocha para escribir ‘¡Viva el cáncer!’”.

Las participaciones de estas personas en los medios suelen estar marcadas por un odio irracional y opiniones taxativas, sin matices. Es una violencia verbal, simbólica, que quizá pueda estar acompañada de otro tipo de violencia, física o psicológica. “Los espacios masivos —agrega el especialista— generan la multiplicación y exacerbación de los afectos, cualesquiera sean: idealización, alegría, tristeza, miedo, odio, etc. Cuando es el odio lo que se comparte, es posible que la palabra no alcance, y si se pudiera linchar al odiado, lo harían. En los foros y redes sociales es común observar verdaderos ‘linchamientos’ simbólicos”.

La típica idea argentina de que “esto en otros países no pasa” no se cumple, tampoco, en este caso. El fenómeno de los odiadores no es privativo de un país o de un foro virtual en particular. Se trata de una conducta social sustentada en el anonimato parcial o total; la facilidad de acceso y el vértigo, que impiden quizás una pausa para la reflexión, y una violencia social latente, que puede comprobarse con facilidad cada día y en todo el mundo. A esos odiadores, Carlos Sica suma a “los que generan ese odio. Hace mucho que se sabe del inmenso poder de los medios de comunicación para instalar en la sociedad todo aquello que responde a sus propios intereses: ideológicos, políticos, sociales, comerciales. No es necesario mucho esfuerzo para detectar, en los medios, verdaderas usinas de odio. Disfrazados como debates, asistimos a verdaderos torneos de agravios, descalificaciones y de ‘vale todo’. Inocular el virus del odio es lo que más resultado les ha dado para llevar al poder institucional a quienes ellos eligen como empleados administrativos del verdadero poder que encubiertamente poseen”.

 

Materia de estudio

Para enfrentar estas situaciones y evitar en lo posible que se repitan, los foros virtuales tienen mecanismos de arbitraje: en los medios online, la posibilidad de cerrar las noticias a comentarios (recurso del que algunas veces se abusa, cuando de manera “preventiva” directamente no permiten opiniones de ningún tipo) o de denunciar una publicación o comentario, algo que por lo general no resulta efectivo. Lo confirma el informe “Prevenir, reparar e inhibir el discurso del odio en los medios digitales” (PRISM, por sus siglas en inglés), elaborado a partir de entrevistas a usuarios jóvenes de las redes sociales y profesionales de la justicia, la educación y las fuerzas de seguridad de España, Italia, Francia, Rumania y Gran Bretaña. La antropóloga Olga Jubany, de la Universidad de Barcelona, coordinadora del estudio en España, explicó que el mecanismo de denuncias en las redes sociales “no funciona” y, peor aun, “acentúa la situación” de discursos de odio y “los normaliza”. 

Como parte de la investigación se hicieron cien denuncias en Facebook, de los que la red social solo aceptó un diez por ciento. Consideraron que solo nueve de esos mensajes contenían “discursos o símbolos de odio” violatorios de las “normas de la comunidad”. En opinión de la especialista española, “los criterios para retirar esos mensajes son aleatorios”. Tomó en cuenta, por ejemplo, que Facebook retiró mensajes como “Los perros son más discretos que los musulmanes”, pero conservó otros como “Matarlos (sic) a todos sin piedad”. Otra triste conclusión del estudio es que los jóvenes musulmanes “consideran los mensajes islamófobos una parte más de su vida”. Para Jubany, “el nivel de inaceptabilidad se ha relajado cuando uno se refiere a los musulmanes y los inmigrantes”. En nada difiere de lo que sucede en el mundo offline. 

En La Argentina, según información del INADI, en el último año creció un 30% el número de denuncias por “odio virtual” respecto de 2015, a razón de dos por día. Pero la denuncia es solo uno de los recursos disponibles para tratar con estos, en el mejor de los casos, “cínicos hostiles”. También existe la posibilidad de ignorar esos comentarios, por inconducentes o para no dar entidad a esas personas o a ese discurso. O utilizar un lenguaje formal, no agresivo, para evitar la legitimación de ese estilo de discusión.

¿Pueden estas conductas generar odios o violencias en quienes naturalmente no las tienen, generando así una espiral sin fin? “Sobre este aspecto —concluye Sica— tampoco es prudente generalizar. Continúa sin respuesta la pregunta: ¿Las series televisivas de extrema violencia, generan conductas violentas? No vemos personas que salgan a matar motivadas por esas películas. Pero no debemos ignorar que sí hay quienes actúan por esas motivaciones. Como dijo un pibe chorro: ‘A mí la TV me enseña todo. Con las publicidades, todo lo que tengo que tener. Con las series y los noticieros, cómo las tengo que conseguir. De todos modos, hay que poseer mucha estabilidad emocional, mucho entrenamiento en la reflexión para no caer en el odio, cuando se respira un espíritu de época donde la mentira y el cinismo prevalecen en quienes llegan al poder institucional, porque el otro, el real... ya sabemos a quiénes pertenece”.  O quizá sea simplemente como Adolfo Bioy Casares le hace decir a uno de los personajes de su novela Dormir al sol: "A nadie quiere tanto la gente como a sus odios".

 

Fotos: Shutterstock