Fertilidad: la lucha por ser madres

Octubre 2014

Actualidad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay 48.5 millones de parejas que padecen actualmente en el mundo problemas de fertilidad o esterilidad (en la Argentina, más de un millón y medio de parejas). Los tratamientos de reproducción asistida presentan cada vez más opciones para cumplir el sueño de llegar a concebir. El testimonio de una madre que concretó ese deseo tras años de esfuerzo y las razones por las que la Ley Nacional de Reproducción Asistida -sancionada en 2013- representa un gran avance en relación al acceso a los tratamientos.

El deseo de tener un hijo moviliza a millones de parejas por año: mujeres y hombres que planifican la llegada de un hijo, atraviesan con más o menos emoción, temores, felicidad los nueve meses de gestación y reciben a sus chicos de la manera esperada. Pero hay otros millones de personas que en cambio se topan en el camino con el obstáculo de la infertilidad.
Según la OMS hay 48.5 millones de parejas actualmente con problemas de fertilidad, en el mundo. En la Argentina, se calcula que actualmente más de un millón y medio de parejas padecen problemas de fertilidad o esterilidad. La prevalencia de la infertilidad –también según la OMS- oscila entre 10 al 15 % en la población en edad reproductiva, si bien no existen datos ni registros oficiales-. Parte de estas mujeres y hombres deciden adoptar o encarar alguno de los múltiples tratamientos disponibles, para intentar concretar el sueño de ser madres y padres.

La larga búsqueda del hijo

Luciana Mantero es periodista y hoy madre de dos hijos, Lucas y Joaquín. Es un ejemplo también de lo que puede lograr una mujer que se propone ser madre, incluso después de que la ciencia, tras la llegada de su primer hijo, le dijera que le sería casi imposible volver a concebir.
Cuando su primer hijo tenía un año, y ella apenas 32, le fue diagnosticada una “menopausia precoz”, probablemente producida por una tiroiditis (desregulación de la glándula tiroides). Ninguno de los especialistas que consultó entonces confió en que podría volver a embarazarse. Por el contrario, le dijeron que se resignara y aceptara lo que le tocaba: quedarse con un hijo, o adoptar o recibir la donación de un óvulo (ovodonación). Ella, sin embargo, deseaba volver a embarazarse, no se resignaba a la idea de que eso no fuera posible. “Lloraba sin poder controlarlo, me he llegado a ir de cumpleaños de amiguitos de mi hijo porque me daba mucha tristeza ver panzas, cochecitos o bebés”, cuenta ella a Revista Cabal. “La verdad es que no sabía cuánto deseaba ese segundo embarazo hasta que me topé con esta circunstancia”.

El deseo de volver a ser mamá –que se contradecía con un diagnóstico en apariencia irreversible- fue el origen de un extenuante periplo por consultorios y clínicas de fertilidad: “Inauguré una carpeta de estudios médicos que fue engrosándose hasta parecer un bibliorato”, relata ella. Esa es la realidad de buena parte de las millones de mujeres que en la Argentina y en el mundo reciben cada año la noticia de que no podrán -o están condicionadas para- concebir de forma natural.

Las que inician ese camino aprenden que las  técnicas de reproducción asistida se clasifican en función de su grado de complejidad: 1) las de baja complejidad -relaciones sexuales programadas, inseminación artificial intrauterina- son aquellas en las que la fecundación se hace dentro del cuerpo de la mujer; y 2) las de alta complejidad, cuando los óvulos son extraídos del cuerpo y la fertilización se hace en el laboratorio. En este sentido comprenden dos técnicas: ICSI, o la inyección de un espermatozoide en el citoplasma de un óvulo y  la Fertilización in vitro, o la puesta en “clima” de entre 50 y 150 mil espermatozoides por cada óvulo en un tubo de ensayo para que alguno se amalgame.  Los de alta complejidad pueden ser con gametos propios o donados, para lo que los pacientes deben recurrir a Bancos de Gametos. Algunas clínicas -las mejores- tienen sus propios bancos. Se calcula que la ovodonación y donación de semen representan entre el 20 y 30 % de los tratamientos de fertilidad en el mundo.
Algunos de los tratamientos más frecuentes en la actualidad son: la inseminación artificial, Fecundación In Vitro y la Ovodonación. Las patologías más frecuentes son varicocele, en los hombres; y la obstrucción de trompas y la baja reserva ovárica en las mujeres.

Se estima que un 30% de los problemas de fertilidad y esterilidad responde a causas masculinas: alteraciones en el ámbito testicular, obstrucción de conductos, patologías en la próstata, alteraciones en la eyaculación o erección y alteraciones en el semen. Un 30% a causas femeninas: menopausia precoz, endometriosis, obstrucciones o lesiones de las trompas de Falopio, anomalías uterinas y cervicales o problemas ovulatorios. Un 20% responde a causas mixtas o combinadas: en las cuales los dos miembros de la pareja son responsables. Mientras que un 20% llega a ser una causa inexplicable.

En la actualidad, tres de cada diez parejas entre las que se someten a un tratamiento de reproducción asistida requieren de óvulos o esperma donado para tener un hijo, sin contar el creciente número de mujeres sin pareja que deben recurrir a una ovodonación, como consecuencia del retraso de su decisión y el envejecimiento de sus ovocitos.
En las últimas décadas se registra en la Argentina un aumento de las cifras de infertilidad, y en parte esto obedece a razones culturales. Una cuestión central es que la primera consulta suele ser tardía -el promedio de edad de consulta de la mujer es de 34 años, porque asumen más tarde el deseo de ser madres, en relación a décadas pasadas, y por ende se enteran más tarde del problema que pueden padecer- y además porque muchas veces no se deciden a encarar un tratamiento médico.
Los hospitales suelen brindar diagnósticos y atención primaria; luego hay centros de segundo y tercer nivel de complejidad, privados, que ofrecen los tratamientos más sofisticados.  Existen en Argentina actualmente 18 centros acreditados por la SAEF (Sociedad Argentina de Esterilidad y Fertilidad) para el desarrollo de técnicas de reproducción asistida.

Los costosos tratamientos y la cuestión legal

Como Luciana, que pasó por la estimulación ovárica -a menudo el primer paso en los tratamientos-, las pacientes suelen iniciar una largo recorrido, en la búsqueda del hijo -que la mayor parte de las veces, además resulta además costoso en términos económicos y emocionales-.
A pesar de que la sanción en 2013 de la Ley Nacional de Reproducción Asistida fue un gran avance, ya que establece la cobertura gratuita a cierta cantidad de tratamientos -fue aprobada en junio de 2013- hoy muchas parejas infértiles terminan teniendo que costearse los tratamientos debido a desajustes para su implementación (desajustes entre la letra chica de obras sociales y prepagas y la reglamentación).

Para estas pacientes, el tiempo vale oro, ya que el primer tercio de la vida de la mujer es el más fértil, y la capacidad reproductiva decae a partir de los 35 años-. La espera, en este sentido, es un lujo que no muchos pueden darse. Esa es la razón por la que, quienes pueden hacerlo, en la práctica terminan costeando sus tratamientos.
"La mayoría de las personas no se imaginan lo duro que es pasar por una situación de infertilidad y por la búsqueda de un hijo a partir de tratamientos”, explica Mantero, que escribe un libro sobre su experiencia y la de otras mujeres con vivencias similares. “Hay parejas cuyas vidas giran alrededor de este tema por años y años, lidiando con la decepción de cada tratamiento que no resulta. Si hubiera conciencia de esto y de lo rápido que envejecen nuestras células, muchísimas personas empezarían a buscar hijos antes".

La cuestión legal

La Ley Nacional de Reproducción Asistida, sancionada en el 2013 – a la que ya adhirieron y la adecuaron siete provincias- es  pionera en Latinoamérica.  Entre otras cosas, universaliza los tratamientos, lo que implica nada menos que darles la posibilidad de concebir a mujeres de cualquier extracción social.
La ley establece justamente que los costosos tratamientos deben ser brindados gratuitamente por las obras sociales, los seguros médicos privados y el sistema de salud público a todo mayor de edad que quiera ser padre usando los procedimientos disponibles (beneficia a cualquier adulto que quiera realizarse el tratamiento, sin contemplar si es infértil, su edad o su estado civil, y también a parejas homosexuales).

A partir de la Ley Nacional –desde el 2010 regía una ley similar en la provincia de Buenos Aires, que ya se adecuó a la Ley Nacional-, las obras sociales deben cubrir cuatro tratamientos de baja complejidad por año y tres de alta complejidad a lo largo de la vida del/la paciente. Esto se cumple, excepto cuando las obras sociales se amparan en la letra chica de la Ley para no hacerlo, o argumentan en algún momento del tratamiento alguna cuestión no regulada –como puede ser, por caso, la provisión de cierta medicación o cierta instancia no habilitado o consensuada con el Ministerio de Salud-. Los problemas suelen presentarse cuando no hay reconocimiento de gastos por parte de las obras sociales, que muchas veces tampoco reconocen ni reintegran el valor de los medicamentos.
Luciana perseveró y cuando, finalmente, había tomado la decisión de tener un hijo por ovodonación, quedó embarazada naturalmente.

Dónde consultar

• Cegyr, tratamientos de Reproducción Asistida: 4372-8289 / www.cegyr.com
• Fundación Concebir:  www.concebir.org.ar/
• Procrearte: www.procrearte.com