Grandes hitos del Luna Park

Abril 2017

Actualidad

El emblemático estadio porteño por el que pasó buena parte de la vida deportiva, política, social y cultural de la Argentina cumple 85 años en su actual ubicación. Aquí, un puñado de eventos de su larga y rica trayectoria.

Luna Park

Un libro de reciente aparición repasa la historia del llamado Palacio de los Deportes, escenario mítico de la ciudad de Buenos Aires. En Luna Park. El estadio del pueblo. El ring del poder (Sudamericana), los periodistas Guido Carelli Lynch y Juan Manuel Bordón reviven su rico derrotero deportivo, político, social y cultural, iniciado a comienzos del 1900 donde hoy reina el Obelisco y desde el 6 de febrero de 1932 en su sitio de honor, la manzana de Lavalle, Madero, Corrientes y Bouchard. Ese día, con la construcción a medio terminar, se celebraron “unos bailes de carnaval animados por la Orquesta de la Guardia Vieja (…) La entrada costó un peso con cincuenta y las mujeres pasaron gratis, pero la convocatoria estuvo muy por debajo de las expectativas de sus dueños (José Pepe Lectoure e Ismael Pace) por culpa del mal tiempo”, cuentan los autores. Un mes más tarde, el 5 de marzo, abrió sus puertas al boxeo, que en un principio era su razón de ser. Con los años, y bajo la batuta de Juan Carlos Tito Lectoure, sobrino de aquel pionero, y de su tía Ernestina Devecchi (tras su muerte, en 2013, quedó a cargo de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco y Cáritas Argentina), el estadio se convirtió en plaza central y en sede de las más diversas actividades. Aquí, por orden de aparición, algunos de los muchos eventos que dieron de qué hablar celebrados en el Luna Park (desde 2007 Monumento Histórico Nacional) en sus 85 años de vida:

Adiós, Carlitos. El éxito había comenzado mucho antes, en la Argentina y en el exterior. Pero el mito Carlos Gardel empezó en el Luna Park. Fue el 5 de febrero de 1936, más de siete meses después de su muerte en un accidente aéreo en Medellín, el 24 de junio de 1935. Los restos del Zorzal Criollo recorrieron un periplo de cuatro países (Colombia, Panamá, Estados Unidos, Uruguay) antes de llegar a la Dársena Norte del Puerto de Buenos Aires. “La puesta —relatan Carelli Lynch y Bordón en su libro— había sido dramática, a tono con la ocasión. La enorme lámpara que alumbraba los combates (de boxeo) estaba adornada con blandones y dos crespones negros. Un gran crucifijo de plata volvía la escena más solemne, y la larga hilera de coronas de flores servía de corredor para la multitud que había peregrinado hasta el lugar (…) En el centro de la escena, donde siempre iba el ring, se ubicaba un enorme ataúd de madera y zinc algo desgastado. Adentro yacía el cuerpo de Charles Romuald Gardes, más conocido como Carlos Gardel”. Luego, decenas de miles lo acompañaron en su último viaje, hacia la Chacarita.

Nazis y comunistas. El domingo 10 de abril de 1938, para festejar la anexión de Austria, país de nacimiento de Adolf Hitler, a la Gran Alemania, a pesar de la oposición de diputados socialistas y radicales y de la Federación Universitaria Argentina (FUA), entre 12.000 y 20.000 personas de distintos puntos del país se dieron cita en el estadio. “Contaban con la venia de la jefatura de policía, que dos días antes había accedido al pedido de la comunidad austroalemana para realizar el acto (…) Cuarenta y cuatro abanderados vestidos con camisas pardas y brazaletes con la cruz esvástica se ubicaron en el gran escenario. Detrás, en letras góticas, colgaba una bandera con la leyenda ‘Heil, Führer’, y otra con el famoso eslogan hitleriano: “Un pueblo, una nación, un conductor”. En ambos extremos del escenario flameaban la bandera argentina y la alemana, que llevaba en el centro una gran cruz esvástica. —Heil, Hitler —bramaba la multitud, mientras el estadio terminaba de llenarse”, relatan los autores de Luna Park

Siete años después, apenas concluida la Segunda Guerra, el Partido Comunista argentino (que para enfrentar al incipiente peronismo integraba la Unión Democrática con el radicalismo, el socialismo y la democracia progresista, bajo el padrinazgo de la embajada de los Estados Unidos en la Argentina) organizó su primer acto público tras tres décadas de prohibición. En lo que hoy se puede juzgar como una escena por demás bizarra, el retrato del líder ruso Josef Stalin convivía en el escenario con los de Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill, Harry Truman y Clement Attlee, los líderes de los países aliados.

Perón y Evita. El primer encuentro entre Juan Domingo Perón y María Eva Duarte, que se convertiría en una breve pero intensa historia de amor y política, se produjo en el Luna Park la noche del 22 de enero de 1944 durante un festival artístico para recaudar fondos. Una semana antes, un violento terremoto en San Juan había dejado un saldo de entre 7.500 y 9.500 muertos y 12.000 heridos, y se apeló a la solidaridad de la población para brindar ayuda a los damnificados. Entre otras, participaron grandes figuras como Niní Marshall, Luisa Vehil,  Blanca Podestá y Libertad Lamarque. El presidente Pedro Pablo Ramírez también se hizo presente, del mismo modo que el entonces coronel Perón, titular de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Tenía 48 años, era amante del boxeo y habitué del Luna Park. La que pronto se convertiría para siempre en Evita tenía 24 años, era una actriz de radioteatro en leve ascenso que logró acercarse a Perón, ya era un actor político importante. Hay al menos tres versiones de cómo fue que se produjo el encuentro. En cualquier caso, nada sería igual desde entonces para ambos, ni para la historia argentina.

La era de hielo. Durante décadas, desde 1949, Holiday on Ice formó parte de la cartelera habitual del estadio, hasta que dejó su lugar a una nueva franquicia sobre hielo: Disney on Ice. El espectáculo en el que diestros patinadores se deslizan, saltan y bailan sobre la pista helada en la Argentina, donde no son muchas los lugares para aficionados y menos aun para profesionales, está directamente asociado al escenario donde se desarrolla anualmente, el Luna Park. 

Los amos del básquet. En 1948, apenas tres años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, las autoridades de la Federación Internacional de Básquet (FIBA) decidieron que el Mundial siguiente se realizara en 1950 y en el continente americano. Como Argentina había tenido un buen papel en los Juegos Olímpicos de Londres de 1948 y contaba con el apoyo político para organizarlo, el torneo se disputó en nuestro país. Así, entre el 22 de octubre y el 3 de noviembre se disputó en el Luna Park el Campeonato Mundial de Básquet Libertador Gral. San Martín, en el año del centenario de la muerte del Libertador. La Selección Nacional resultó campeona mundial tras derrotar en la final al equipo de Estados Unidos por 64 a 50. Para esa misma época comenzaron a visitar el país, y el Luna Park, los Harlem Globetrotters (literalmente, los Trotamundos de Harlem, una franquicia aún en actividad), un equipo de basquetbolistas virtuosos, capaces de las más increíbles acrobacias, que se enfrentaban a un equipo de profesionales, también estadounidenses, que cumplían el rol de partenaires. El Luna Park también fue sede del Mundial de Básquet de 1990 y de los de vóley de 1982 y 2002, entre otros acontecimientos deportivos de trascendencia internacional.

La velada récord. El 4 de septiembre de 1965, 25.326 espectadores pagaron su entrada y generaron una recaudación de $13.194.208, toda una fortuna para la época. Con famosos del deporte, la empresa y la política en el ring side, se enfrentaron el sanjuanino Gregorio Goyo Peralta, campeón e ídolo total de los pesos pesados, y el porteño Oscar Natalio Ringo Bonavena, un simpático provocador que ingresó con una linterna en la mano. “Estoy buscando a Peralta. Dicen que se escondió y necesito encontrarlo para que me entregue el cinturón de campeón”, dijo quien ganaría la pelea por puntos y en fallo unánime. Y el que, tras una muerte absurda en los Estados Unidos, el 28 de mayo de 1976 fue velado en el mismo estadio, por donde pasaron a despedirlo unas 150.000 personas antes de acompañar sus restos bajo la lluvia hasta el cementerio de la Chacarita desde el Luna. El mismo escenario en el que brillaron otros grandes del boxeo nacional: Luis Ángel Firpo, Alfredo Prada, José María Gatica, Pascual Pérez, Horacio Accavallo, Nicolino Locche, Carlos Monzón, Víctor Galíndez… y siguen las piñas.

Detrás de la cortina de hierro. En plena Guerra Fría, la disputa silenciosa entre el mundo capitalista y el mundo socialista, al menos tres espectáculos circenses provenientes del Este europeo llegaban al Luna Park año tras año: el Circo de Moscú, el Circo Estatal de Hungría y el Circo de Berlín. Payasos, equilibristas, acróbatas, contorsionistas y domadores deleitaban a chicos y grandes que, por aquellos años 60 y a diferencia de estos días, no estaban advertidos del maltrato al que habitualmente eran sometidos los animales.

La Voz. En el estadio donde actuaron centenares de artistas de todos los géneros imaginables, del país y del exterior, en una lista interminable que incluye nombres como los de Liza Minnelli, Luciano Pavarotti, B.B.King, Tom Jones, Ringo Starr, James Brown, Deep Purple y un larguísimo etcétera, y donde Charly García y Nito Mestre despidieron a Sui Generis con dos shows el 5 de septiembre de 1975 ante 30.000 espectadores, la actuación de Frank Sinatra fue un verdadero hito. El legendario cantante y actor se presentó los días 9 y 10 de agosto de 1981, después de haber brindado cuatro recitales “exclusivos” (una cena show de US$1.000 el cubierto) en el hotel Sheraton. En el Luna, con precios más accesibles, 19.700 espectadores por noche disfrutaron de un repertorio de 16 canciones, con clásicos como Fly me to the Moon, Strangers in the Night, The Lady is a Tramp, As Time Goes By, New York, New York y My Way, acompañado por Vicente Falcone (piano), Tony Mottola (guitarra), Gene Cherico (bajo), Irv Cottler (percusión), Charles Turner (trompeta) y una orquesta dirigida por Don Costa. El segundo show se pudo ver en Canal 13 y escuchar en Radio Rivadavia. Todos contentos, menos Palito Ortega, que en su rol de empresario de Chango Producciones invirtió US$1.650.000 para traer a Sinatra a la Argentina, una cifra que solo recuperó parcialmente.

El Papa viajero. Después de su visita al país durante la guerra de Malvinas, el 11 y 12 de junio de 1982, poco antes de la rendición argentina, Karol Wojtyla, el papa Juan Pablo II, retornó al país del 6 al 12 de abril de 1987, días antes del primer alzamiento carapintada, período en el que visitó diez ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario. La noche del 10 de abril, después de celebrar misa en el estadio Vélez Sarsfield, visitar la catedral de los ucranios y convocar a unos 300.000 trabajadores en el Mercado Central, el Papa se dirigió al Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Allí, pronunció su discurso en polaco, pese a lo cual un gran número de personas siguió sus palabras a través de altoparlantes ubicados en las afueras del estadio.

¡Qué noche de casamiento! El 7 de noviembre de 1989, después de años de convivencia y con sus hijas Dalma Nerea, por entonces de dos años, y Giannina Dinorah, que tenía siete meses de vida, Diego Armando Maradona y Claudia Villafañe formalizaron su relación y lo festejaron a lo grande en el estadio de Corrientes y Bouchard. Cuentan Carelli Lynch y Bordón en su libro: “En solo treinta y seis horas había desarmado la cancha de básquetbol que se había montado en el Luna para la presentación de los Globetrotters y puesto en marcha el ‘operativo Maradona’ (…) En un día y medio, veintinueve camiones transportaron las cuatro mil doscientas plantas que se colocaron en las tribunas del estadio; ciento veinte operarios colocaron cortinados acrílicos para tapar las gradas vacías y recrear, con la ayuda de efectos lumínicos, la caída de una cascada (…) El mejor jugador del mundo decía que quería un festejo sencillo e íntimo para su familia, pero en el estadio techado más grande del país lo esperaban mil doscientos invitados, cuatrocientos litros de vino blanco Castel Chandon, quinientos litros de tinto Saint Felicien, novecientos litros de espumante Baron B y mil litros de gaseosas, que servían ciento cincuenta mozos.”

Señor de las 34 funciones. En el año 2006, en los meses de septiembre y octubre, el cantautor guatemalteco Ricardo Arjona batió todos los récords de asistencia a recitales de música en el Luna Park, ya que convocó a 238.000 personas para su espectáculo Adentro. Fue una seguidilla interminable de 34 funciones. El récord anterior lo tenía el cuartetero Rodrigo El Potro Bueno, que en abril de 2000, poco más de dos meses antes de su trágica muerte, había convocado a 82.200 personas en un ciclo de 13 funciones a estadio lleno y en las que cantó vestido de boxeador.