La agenda del cooperativismo en el Congreso

Noviembre 2011



Actualidad

El cooperativismo tiene el orgullo de contar con un diputado más en el Congreso: Juan Carlos Junio. En plática con esta revista, el dirigente electo se refirió a su elección y destacó la importancia de los comicios presidenciales. Adelantó también el ciclo de posibles cambios que podrían  tener lugar luego del aplastante triunfo de la presidenta.

Pocas horas después de ser electo diputado nacional por el Frente para la Victoria -cuyas listas de la Capital integró en nombre de Nuevo Encuentro-, y mientras recibía aún saludos de sus pares del cooperativismo y de otros sectores, el dirigente Juan Carlos Junio ya debió abocarse a la nueva y copiosa agenda de contactos que le demandará su nuevo rol en el Parlamento. Uno de sus primeros diálogos fue con un cronista de Cabal Digital, con quien reflexionó in extenso sobre el horizonte político que se abre para el proyecto nacional y popular que encabeza el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner tras el rotundo triunfo logrado en las elecciones del 23 de octubre.

El director del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini y militante desde hace muchos años del cooperativismo financiero, expresó que una meta inexcusable para el país en los próximos años debe ser la lucha por expandir las condiciones de igualdad dentro de la actual sociedad y que confía plenamente en que el gobierno, rodeado por el pueblo, dará esa batalla. Adelantó que, como resultado de ello, en los próximos cuatro años de gestión presidencial surgirán nuevos conflictos, porque  los núcleos de la derecha reaccionaria, que no se resignan a perder sus privilegios, seguirán, como lo han hecho hasta ahora, oponiendo obstáculos. No obstante consideró bienvenidos a esos conflictos por estar ligados al cambio y el progreso, añadiendo que  el robustecimiento de la legitimidad generado por el amplio apoyo popular le otorgaba al gobierno suficiente poder para resolverlos y para continuar avanzando en lo que son aún asignaturas pendientes en el proyecto.
Junio subrayó también la importancia que la voluntad política de Néstor Kirchner y su esposa tuvieron en el impulso de una estrategia dirigida a torcer el momento de adversidad institucional que se vivió en 2009 y que muchos agoreros visualizaron como el fin del ciclo  kirchnerista. Y enumeró lo que, en su opinión y la de sus compañeros de bancada, son las políticas sobre las que Nuevo Encuentro insistirá en su trabajo legislativo en la  próxima etapa, teniendo en cuenta, sobre todo, que se ha logrado una mayoría suficiente en el Congreso para cumplir esos objetivos. Valoró también las palabras de la presidenta  cuando dijo que no era neutral, en especial al referirse a que no lo era respecto de los sectores más desprotegidos de la sociedad. Y aceptó que su designación como diputado, en su calidad de dirigente de larga trayectoria en el movimiento solidario, del mismo modo que la elección por las Naciones Unidas de 2012 como Año Internacional del Cooperativismo, son hechos que simbólicamente refuerzan la idea de que el cooperativismo tiene que jugar un papel relevante en el proceso de transformación social, aportando su experiencia y propendiendo a que haya un mayor desarrollo dentro de la economía de esa forma de gestión social. Lo que sigue en las páginas siguientes es el texto completo de esa conversación

 

Junio, ¿Cuál sería una primera evaluación general que usted podría hacer de las elecciones del 23 de octubre pasado?

En primer lugar diría que es un triunfo político de la mayor importancia, de una enorme trascendencia, pues corre, robusteciéndolos, los márgenes de legitimidad de la presidenta de la Nación y del proyecto que encarna. Y este hecho tiene una relación indiscutible con lo que sucederá en el futuro. La del 23 no fue una elección presidencial más sino una puja enclavada en el contexto de un proyecto en desarrollo, que nosotros los dirigentes de Nuevo Encuentro valoramos muy positivamente en términos generales,  y que los propios discursos de la presidenta de la Nación, coincidiendo con nuestras aspiraciones, han ratificado que se profundizará. Pero, ir por más y profundizar lo que se ha realizado hasta ahora requiere fuerza política. Y este gran triunfo, con la ampliación de la legitimidad de la que hemos hablado, demostró que esa fuerza política está y es grande. Y que con ella se abre una formidable posibilidad de seguir avanzando. ¿Y qué quiere decir profundizar? Ir por más igualdad. Si hoy se pudiera definir en pocas palabras cuál esa función y el objetivo de una política de progreso habría que decir que es ir por más igualdad para el conjunto de la sociedad. No es ésta una consigna vana ni circunstancial, sino trascendente, sobre todo si luego somos capaces de encontrar los caminos para que eso se vaya materializando.
 

Un asunto realmente asombroso es cómo el gobierno, derrotado electoralmente en 2009, pudo remontar esas circunstancias negativas y avanzar tanto, ¿no le parece?

Es, sin duda, un aspecto muy interesante y bastante inédito. En 2009, y luego de la derrota simbólica, cultural y política que significó el rechazo de la resolución 125, el gobierno sufrió otro revés en las elecciones para renovación de diputados. Varios comentaristas escribieron y expresaron en público en esa circunstancia que ese revés era el canto del cisne del gobierno, que el traspié marcaba el inicio del fin del ciclo kirchnerista. Lo que quiero decir, que si este gobierno, encarnado en ese momento en la figura de Néstor Kirchner y Cristina, en una situación de fuerte debilidad y sobre la base de radicalizar su visión política y tener confianza en su pueblo, fue por más, es claramente esperable que lo siga haciendo después de recibir un respaldo tan masivo. ¿Cómo no esperar que, si en un marco tan desfavorable como 2009 generó cantidad de medidas de verdadera transformación como la ley de medios, la estatización de las AFJP o el matrimonio igualitario, por citar solo algunas, ahora no siga avanzando en la misma dirección con el 54 por ciento de los votos? Un caudal electoral que tiene un gran eje en los sectores humildes, los primeros beneficiarios de estas políticas sociales, incluso en la sociedad de Buenos Aires. Por eso, creo que están dadas las condiciones para que lo que ahora se denomina el cristinismo, todas las fuerzas orgánicas del Frente para la Victoria, más los que nos sentimos parte de este frente, aunque seamos autónomos desde el punto vista de que constituimos otro proyecto político que es Nuevo Encuentro, para que se siga avanzando. Y nosotros somos muy optimistas al respecto.
 

¿Usted diría que este triunfo revela lo que se denomina habitualmente un cambio cultural, un cambio profundo de visión en la mirada de la gente?

Mi impresión es la siguiente. Con los sucesos políticos que se vivieron en torno a la resolución 125 y gracias sobre todo a la gran campaña de los medios de comunicación, ya transformados en medios de dominación ideológica, la derecha logró un triunfo cultural. Pero, creo que, a partir de allí, la acción política del gobierno fue generando un cambio lento pero sostenido en la cultura de la gente, en su visión de las cosas. A mi me parece que hay ciertos elementos que nos permiten pensar en un momento con rasgos muy distintos a los que vivimos en el pasado. No sé si se puede hablar de un cambio profundo de carácter cultural, porque para eso los valores de la ideología neoliberal que se impusieron en los últimos 20 o 30 años deberían estén erradicados del todo. Y no sé si eso pasa en la mayor parte de la población. Una parte, por lo menos, los sostiene. Por eso no digo que esa batalla ya esté ganada. Sin embargo, varios de los valores que se consagraron con virulencia en el período de la resolución 125, que tenían fuertes contenidos reaccionarios, antipopulares y hasta racistas, esos valores apoyados en la idea de una patria oligárquica, se fueron disipando por y desde la acción política, desde la política. Esos viejos valores culturales de la derecha empezaron a resquebrajarse, se oxigenó la atmósfera y se fueron abriendo paso otros elementos, otras visiones que posibilitaron que una gran parte de la sociedad comience a ver con otros ojos la realidad y valorar lo que aquella cortina brumosa de la ideología neoliberal tapaba, impedía ver. En ese sentido, hubo un importante avance en la conciencia, en la cultura política de los ciudadanos. Eso nos abre grandes expectativas para el futuro, pero no desconocemos que hay que seguir bregando para profundizar en lo ideológico lo que se ha obtenido, porque los medios de comunicación ligados al poder y la derecha van a continuar su labor de zapa. Lo peor que nos podría pasar sería dormirnos sobre los laureles.
 

¿Cómo ve la situación que se generará en el poder legislativo?

El poder legislativo estuvo muy mediatizado por el triunfo de la oposición en 2009. Había una verdadera disfunción en su relación con el Poder Ejecutivo, que hizo que el  Poder Legislativo relativizara su función de legislar. Eso porque unos no podían y a los otros no les convenía. Ahora, con este cambio cuantitativo tan grande, y con un Ejecutivo muy legitimado, creo que habrá una gran iniciativa del Poder Ejecutivo con un Poder Legislativo que va a actuar en gran parte de consuno con esa gran iniciativa política. Lo cual generará un gran cambio en el sistema político argentino. Sospecho que vamos a tener un 2012 de fuerte iniciativa del Poder Ejecutivo y Legislativo. Veremos entonces si se sostiene el rumbo. Nosotros tenemos la convicción de que será así. En ese caso, y siendo previsibles nuevas medidas de mejora de la distribución de la riqueza e incremento de la democratización cultural, no hay dudas que se generarán nuevos conflictos. Y allí deberemos ir a una confrontación ideológica y política con los poderes fácticos, como ha ocurrido hasta ahora. Son conflictos bienvenido para nosotros porque están ligados al cambio y el progreso.
 

Si la ley de medios se aplicara con más amplitud, como fija realmente la ley, ¿no podría ayudar a esa batalla?

Por cierto. Yo intuyo que en esta nueva situación habrá un cambio, porque nadie puede sustraerse a lo que ha ocurrido en estas elecciones, tampoco el Poder Judicial. Que ese poder no es homogéneo y que está cruzado por diversos intereses e ideologías ya lo sabemos, pero en una democracia no es tan fácil hacer la vista gorda a un pronunciamiento tan significativo como el que hubo. Por lo tanto, supongo que la trabazón que sufre la ley de medios entrará a corto o mediano plazo en el terreno de las definiciones que son necesarias. 
 

¿Qué rescata de las palabras presidenciales después del triunfo?

Me gustó mucho y me pareció muy significativo que dijera que no es neutral, pero sobre todo que aclarara que no lo es respecto de los desprotegidos, de las personas castigadas o que sufren carencias sociales y que, por lo tanto, necesitan medidas de reparación. Nosotros sabemos que la neutralidad es una suerte de disfraz, de falacia, porque en el fondo nadie es neutral ni objetivo en ningún orden de la vida personal y social. Los que dicen que son neutrales generalmente están virados a la derecha, trabajan para las grandes corporaciones, pero quieren ocultarlo. De ahí que la frase tenga un gran valor conceptual. Porque dijo que no era neutral y lo connotó ideológica y políticamente, afirmando que estaba del lado de los que más sufren, de los desposeídos.
 

Y lo relacionó además con América Latina.

Así es, con América Latina y Sudamérica. Y nombró a los presidentes de los países de la región, ratificando que el lugar en el mundo de Argentina es Sudamérica. Contrastó lo que pasa ahora en otros lugares de la tierra que son el centro del sistema capitalista y lo comparó con lo que hace Sudamérica. Francamente, todas esas palabras son señales muy importantes acerca de que su visión es la de continuar con el rumbo que ha tenido siempre este proyecto, aunque, paradójicamente, (paradójicamente porque era un instante de mucha debilidad), se acentuó después del 2009. Ese hecho demuestra que si bien la política es acumulación de fuerzas, esa acumulación se relaciona dialécticamente con la determinación, con la voluntad política de los líderes, con su fuerza para tratar de influir sobre los hechos. Nadie podría plantear que la política es solo obra de la voluntad, porque ni en ese plano ni en ningún otro es así. Pero la voluntad, la determinación, el coraje político, podríamos decir del líder, de enfrentar el destino con vistas a jugar a favor del pueblo o no, puede ser muy relevante y esta experiencia lo ha demostrado. Creo que es una de las enseñanzas trascendentes que exhibe la gestión de Néstor Kirchner y Cristina. 
 

Hubo otro momento de gran debilidad que fue el año 2003.

Efectivamente. Kirchner, un virtual desconocido en la política del país, gana con el 22 o 23 por ciento de los votos, casi carece de legitimidad de origen, aunque gana con toda legalidad. Sin embargo, el hombre aborda el tema de los derechos humanos, comienza a enfrentar a los poderosos, desafía el ultimátum de José Claudio Escribano, el famoso ultimátum de la oligarquía, que le da un pliego y le concede un año para cumplirlo si no quiere que lo echen. Entonces, lo que Kirchner hace no se corresponde con un momento de gran acumulación política, todo lo contrario. De ahí que su actitud sea muy meritoria. Nosotros llegamos a este 54 por ciento por un largo proceso de altos y bajos, pero signado en todo trance por una valiosa determinación política.
 

En aquel entonces la teoría del posibilismo otorgaba cobertura, justificación, a los políticos que no querían actuar contra los grandes poderes económicos.

El uso de la teoría del posibilismo reflejaba una actitud ideológica de esos líderes. Porque se podría pensar que todo consiste en una cuestión de personalidad, de coraje para enfrentar una circunstancia o no, pero es mucho más que eso. En el fondo, lo que explica que un líder se decida a enfrentar o no un problema –más allá de los distintos grados de coraje que pueda tener y que deben ser también valorados- es su ideología política. Kirchner tuvo sin duda coraje, pero sobre todo una convicción profunda de lo que quería llevar adelante. El posibilismo funcionó durante los últimos veinte años en el mundo y en nuestro país. Y hubo incluso sectores progresistas e intelectuales de izquierda que aceptaron el fin de la historia, que lo posible era lo único aceptable y que fomentar el conflicto era un error. Pululaba aquella famosa teoría de los consensos de fines de los noventa. Consenso sí, conflicto no, se decía, y agregaban: se terminaron las izquierdas y las derechas. Entonces, lo único válido era consensuar. Y con el poder, ya se sabe, no hay consenso, con el poder hay que dirimir, porque si no las grandes mayorías no se liberan nunca de las ataduras a que las somete el poder y no pueden avanzar. 
 

El poder consensúa cuando puede someter al otro.

Claro, no se puede olvidar que hay siempre una disputa de poder.
 

¿Cuáles serían algunas de las prioridades que impulsarían en el bloque de Nuevo Encuentro, más allá de la ley de servicios financieros, que suponemos este año podrá tener un nuevo impulso?

La aprobación de nuestra ley de servicios financieros, que es un fruto específico de nuestra actividad como cooperativistas, permitiría terminar con una ley  troncal de la dictadura. Más allá de lo que eso significaría como triunfo simbólico, también beneficiaría en alto grado a la sociedad porque es una ley que democratiza mucho la economía, nada más ni nada menos que la asignación de los recursos financieros, que no es otra cosa que la expresión del valor de la economía que va los bancos. Son los recursos financieros que se asignan para las pymes, para los créditos hipotecarios, para los microemprendimientos. La ley propone el establecimiento de tasas de interés activas a los efectos de beneficiar a todos estos sectores productivos, redefine la política de localización de filiales a fin de que pueda haber sucursales bancarias en el setenta por ciento de las localidades del país, muchas de las cuales ahora están condenadas a una especie de anacronismo. Esa ley permitiría ir por más, profundizar lo que se viene haciendo. Pero, además de promover la aprobación de esa ley, trabajaremos mucho en una cuestión que consideramos central, que es impulsar medidas que continúen mejorando la redistribución de ingresos. Para el bloque ese es un punto clave. Los ingresos en la Argentina y la riqueza continúan con un alto de concentración e incluso de extranjerización. Dos, tres o cuatro grandes corporaciones manejan ramo por ramo, actividad por actividad, el 70 u 80 por ciento de la producción de cada uno de esos ramos. Y un porcentaje muy alto de las 500 grandes empresas que actúan en el país son extranjeras. Por otra parte, en estos momentos de crisis mundial implica que esas utilidades son remesadas al exterior, hoy más que nunca porque sus matrices reclaman que se remese todo para morigerar su propia crisis. Eso no es otra cosa que riqueza, trabajo y producción argentinas que se van.
 

¿Y en qué sentido irían las otras iniciativas que ustedes impulsen?

Vamos a trabajar para ampliar el debate y a generar iniciativas legislativas para que el sistema tributario argentino, que todavía arrastra elementos sustanciales del modelo anterior, muy basado en impuestos al consumo y muy poco relacionado con impuestos al patrimonio y a las ganancias, sea revertido. Se tienen que tomar iniciativas en ese sentido, porque de algún lado debe salir la riqueza para transferirla a los sectores con los que todavía hay grandes deudas. En la Argentina aún existen núcleos importantes de pobreza, de indigencia, ambos bajaron sustancialmente –esto hay que verlo en un proceso histórico, no como si fuera una foto-. Sin embargo, siguen existiendo esos núcleos de pobreza. Nosotros necesitamos acumular riqueza para seguir elevando el presupuesto en educación y mucho más en salud donde tenemos grandes carencias de estructura. Necesitamos resolver mucho mejor el sistema de transporte en el país que fue mutilado en los noventa. Volver a ponerlo de pie y en forma moderna requiere enormes inversiones y quién las va a hacer si no el Estado. Entonces hay que recaudar. La red ferroviaria es una cuestión crítica que no tiene solo que ver con la vida diaria de los ciudadanos, también con construir un país integrado que no sufra más la deformación macrocefálica de la Capital, que tenga la perspectiva de un país en desarrollo y productivo y con una visión regional moderna y democrática. Eso requiere enormes recursos.
 

¿Qué piensa de los recursos naturales?

Hay que revisar el tema de los recursos naturales. La matriz de sistema de contratos en materia de recursos naturales es de raíz menemista, neoliberal. Nosotros pensamos que también allí vamos a impulsar en esta etapa un debate para que eso sea revisado, porque hay enormes riquezas que son fruto de nuestro suelo y deberían ser patrimonio de nuestro pueblo y sin embargo no lo son. Así que en esa dirección estarán encaminados nuestros esfuerzos, que descontamos provocará conflictos. Después vamos a ir por una ley pymes, moderna, nueva a los efectos de fortalecer mucho el fomento a esas empresas. En estos años las pymes han mejorado muchísimo porque se amplió el mercado interno y se recuperó bastante el salario del sector de ingresos fijos, además de lo que significó toda la política social del gobierno. Todo eso es consumo y genera un círculo virtuoso hacia las pymes también. Sin embargo, para que el sector pymes juegue un papel mucho más fuerte, tanto en materia productiva como de generación de trabajo, presentaremos un proyecto de ley que despliegue una amplia gama de iniciativas dirigidas al fomento de esas empresas. Bueno, tenemos además en el Parlamento una ley para la jubilación de los escritores por la que vamos a seguir peleando, porque se trata de una reivindicación histórica y un acto de justicia para un sector de la intelectualidad argentina. Y después trataremos de contribuir al gran debate que se producirá a partir de las iniciativas que genere el Poder Ejecutivo.
 

¿Con su elección y las anteriores de dirigentes cooperativos se cumple la idea de que el movimiento tenga una mayor presencia político-institucional en la vida del país?

Nuestra visión, a partir de nuestra experiencia, es que el cooperativismo tiene que cumplir un gran papel en este proceso de cambio de época, sobre todo a partir de lo que ha sido el fracaso histórico del modelo de gestión capitalista no solo tradicional –o sea, desde el nacimiento del capitalismo- sino del modelo capitalista del neoliberalismo, que es de altísima concentración y salvaje desde el punto de vista de la competencia. Este salvajismo de ahora, si bien el capitalismo siempre fue inhumano, ha tornado al sistema  disfuncional a un nivel lisa y llanamente civilizatorio. Destruye a la sociedad, la naturaleza y el planeta. En cambio, el cooperativismo, por la experiencia de nuestro país y del mundo, se ha mostrado siempre como una filosofía solidaria y humanista, que tiende a mejorar claramente la convivencia social. El conocimiento de esta experiencia, ha determinado un reconocimiento cada vez mayor de la sociedad y de sus distintos sectores políticos, que consideran que nuestro movimiento puede brindar un valioso aporte en la búsqueda de nuevos modelos de gestión.
 

¿Y qué papel juega el Estado en ese esquema?

Nosotros tenemos una altísima convicción de que debe recuperarse el papel del Estado, que también fue destruido y desprestigiado culturalmente –recordemos sino a Bernardo Neustadt, quien decía que achicar el Estado era agrandar el país-. Nosotros creemos que hay que seguir fortaleciendo mucho el papel del Estado. Se avanzó mucho, pero falta todavía bastante más. No obstante, para completar esta idea de un Estado cada vez más desarrollado, también hemos sostenido esta idea goriniana de que el Estado, para superar los problemas de burocracia y de corrupción que se planteen en su interior, debe ir a un modelo con amplia participación de la sociedad en la gestión estatal, de los  trabajadores, consumidores, proveedores. Esa propuesta, que parte de una mirada muy audaz, busca que la participación de esos sectores vaya controlando y afirmando la eficiencia, la ética de las empresas del Estado. Ahora bien, la experiencia internacional, aún en el socialismo, con sus grandes defectos y también sus grandes atributos como ideal humano, demostró que el cooperativismo puede ser un elemento fundamental en la construcción de una economía donde, además del Estado, tenga en su gestión a otro gran sector con ese formato. O sea que en esta sociedad debería haber un sector capitalista regulado y controlado por el Estado, un sector estatal, y un sector cooperativo y de economía social. En ese sentido, nuestra experiencia y la de otras ramas en la Argentina, y diría que en los países del mundo también, demuestra que el cooperativismo puede servir no solo para pequeños proyectos de salvación, de reivindicación, sino que es una opción para ocupar un espacio muy grande en la economía. Nuestra experiencia en el cooperativismo de crédito lo es pero lo es en igual medida la del cooperativismo de consumo, el agrario. Ahora el gobierno está transitando un camino muy interesante de transferencia a las cooperativas agrarias ACA y FACA de una parte importante del comercio internacional en detrimento de las grandes corporaciones monopólicas, que son las más grandes del planeta: Cargill, Dreyfus, etc.

¿Qué el año 2012 sea declarado por las Naciones Unidas el año del cooperativismo juega a favor de esta corriente de impulso?

Me parece que sí. Ese hecho obedece al crecimiento de un consenso mundial de los sectores democráticos del mundo en el sentido de que hay que darle más espacio al movimiento cooperativo como una forma de búsqueda de otros caminos frente al salvajismo capitalista. La participación de Carlos Heller en una reunión de las Naciones Unidas donde se lanzará públicamente ese año –eso en representación de continente- nos llena de alegría y de orgullo. Muestra la importancia del cooperativismo argentino, del movimiento cooperativo del IMFC y de Cooperar. En fin, pienso sí que la trascendencia de esa decisión de la ONU ayudará a colocar más en la sociedad argentina ese debate sobre el cooperativismo.
 

¿Cómo cree que se planteará su trabajo en el bloque?

Nosotros tenemos un bloque muy unido, tanto en lo ideológico –que estimo es lo principal, unido en las convicciones- como en nuestras relaciones personales. Hasta ahora el trabajo se ha dividido según las mejores condiciones personales y de formación de cada uno, así que en ese sentido lo que voy a hacer es integrarme a ese conjunto. La verdad es que todavía no hemos discutido a qué comisiones iría uno y otro, porque además, con este gran cambio cuantitativo, no sabemos como quedarán las comisiones, las vicepresidencias y presidencias de ellas, su propia integración. Bueno, es probable que una de las mías sea Cultura, pero tenemos que consensuar con los otros compañeros del bloque, y vamos a hacer seguramente una división racional de las tareas para estar en todas las comisiones posibles, concentrándonos en las que conceptuemos como más importantes, más trascendentes.
 

Puesto que usted ha hablado del tema de cultura –y dada su valiosa experiencia en el Centro Cultural de la Cooperación-, ¿no cree que la sensación de que en el terreno de la cultura se debe avanzar mucho más tiene algún asidero?

Sí, creo que lo tiene. Además, nosotros tenemos el propio problema de la cultura en la ciudad de Buenos Aires. Yo seré diputado nacional por la Capital Federal, y si bien soy diputado nacional y no de la Capital, estoy interesadísimo en los problemas de la cultura en la Nación y en la Capital. Salimos de esa situación del fin de la historia, de pasividad, de la cultura del espectáculo, de la cultura vacía impuesta por el neoliberalismo, y comienza a haber un proceso mucho más interesante de cultura crítica, de recuperación de la historia. El Bicentenario fue un gran momento donde la cultura se contactó con millones de personas del pueblo en la calle. Es más: el Bicentenario fue expresado por la cultura. Y lo expresó con una gran visión latinoamericanista. El salón de los patriotas de la Casa de Gobierno es un sueño, hubo recuperación de valores históricos y culturales, pero se viene de una destrucción de décadas. Así que hay que seguir asignando recursos y seguir trabajando por nuevos gobiernos de la cultura estatales, a fin de que el Estado juegue un papel más trascendente de fortalecimiento, de fomento a la cultura. El teatro es una expresión acabada del momento que se vive y se expresa mediante una repercusión mundial, que no sé si es un fenómeno nuevo porque la tradición teatral es muy fuerte en el país. En el cine también. En términos generales hay que ir por más Estado. El avance del Estado ha mostrado muchos más frutos en todo sentido, y hay que ir por muchos más, hay que tener la vocación de hacerlo, la decisión y valoración, y asignar más y nuevos recursos a la cultura. Para lo cual, repito, hay que conseguir muchos recursos. Tal vez haya que pensar en una ley de la cultura nacional que unifique y pueda articular una política con proyección federal. En las provincias hay también enormes y maravillosas experiencias en todas las esferas de la cultura, sin embargo los resultados suelen ser disímiles, desiguales. Acaso, como digo, haya que pensar en una ley de la cultura y en pensar en un ministerio para que la cultura sea más importante en lo simbólico y como poder real.

                                                                                             A.C.