La era del Pánico

Noviembre 2012

Actualidad

La OMS define como las "plagas del siglo XXI", a las patologías asociadas a la ansiedad. En ese marco, los Ataques de Pánico son uno de los trastornos más frecuentes en el mundo entero: aparecen de improviso y producen una sensación muy parecida a la muerte -quienes lo padecen sufren los mismos síntomas de un paro cardíaco-. Afectan tanto a hombres como a mujeres y condicionan cada vez más la vida de miles de jóvenes.  Revista Cabal consultó a un especialista en el tema.

Los Trastornos de Ansiedad son considerados las patologías mentales más prevalentes en la actualidad: engloban toda una serie de cuadros clínicos que comparten, como rasgo común, la presencia de múltiples disfunciones y desajustes a nivel cognitivo, conductual y psicofisiológico.

Según un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tres de cada diez personas en el planeta sufren en la actualidad de Trastornos de Ansiedad, lo que representa una cifra alarmante y sin precedentes. En la Argentina, más de 6 millones de personas ya padecen algún tipo de síntoma, y alrededor de un millón sufre concretamente el Trastorno de Pánico. Lo más grave es que las cifras van en aumento. Es por eso que se habla de una pandemia característica de este tiempo, signado por la velocidad y la hiperexigencia.

Pese a que el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, ya había identificado y definido a finales del S. XIX la llamada “crisis de angustia” -decía que “el sujeto entra en pánico cuando se proclama que el trono y el altar peligran”, refiriéndose a los valores, necesidades o ideales que cada persona considera imprescindibles y su reacción ante la posibilidad de perderlos-, los especialistas coinciden en que las rutinas de las grandes ciudades sirven de  caldo de cultivo a una patología –el Panic Attack-  que tiene su origen en una predisposición genética y psicológica, pero que  se ve potenciada por las exigencias que impone la vida moderna.
“El Trastorno de Pánico es un problema universal, es decir que se encuentra presente en todas las culturas, razas y niveles socioeconómicos”, explica a Revista Cabal el médico psiquiatra Alfredo Cía, especialista en trastornos de ansiedad, y que desde hace años se dedica específicamente a la investigación y tratamiento de estas patologías. “Sin embargo, es posible encontrar algunas diferencias culturales que pueden influir en su presentación: en este nuevo milenio hubo un notable aumento de la cantidad de gente afectada porque, por un lado hay una conciencia pública y profesional acerca de esta enfermedad que hasta hace poco tiempo quedaba sin diagnosticar, y por el otro, las condiciones actuales de vida y de estrés ambiental crean un marco desfavorable en relación a décadas pasadas, y que pueden actuar como desencadenantes inmediatos. Las presiones socioeconómicas se han incrementado y ciertos factores, como la inseguridad, la sobreocupación, la incertidumbre laboral, el desempleo o la violencia urbana se suman hoy a la exigencia cotidiana a la que los individuos se ven sometidos”.

El Pánico afecta a cada vez más personas en el mundo y particularmente en la Argentina, donde también existen profesionales especializados en la materia e instituciones dedicadas a su diagnóstico y tratamiento.
Diferentes estudios epidemiológicos a los que tuvo acceso el especialista consultado arrojan que 1 de cada 10 personas tiene al menos una crisis de Pánico a lo largo de su vida. El porcentaje de personas afectadas de por vida en la población general oscila entre el 2% y el 5%, lo que significa que 1 de cada 30 personas padece la enfermedad en forma crónica. De lo que se deduce que más de un millón de afectados son los que se registran en la Argentina, según las estadísticas que maneja el psiquiatra.

“Antes tardábamos años en llegar al diagnóstico de una persona. La gente iba al hospital porque tenía dolores físicos y los clínicos atribuían los síntomas a un ataque de nervios. La buena noticia es que, actualmente, las nuevas generaciones de profesionales se encuentran instruidas sobre estos cuadros sintomáticos e identifican rápidamente este tipo de crisis”, explica el autor de “Cómo superar el Pánico y la Agorafobia” entre otros títulos, presidente electo de la Asociación Psiquiátrica de América Latina para el período 2012–2014.

Un dato llamativo que se registra en la última década es el aumento de jóvenes que presentan síntomas patológicos de ansiedad. En la actualidad, la mayor tasa de consultas corresponde a la franja de pacientes de entre 21 y 30 años. Ante la consulta sobre si estos comparten características de personalidad comunes, Cía define: “Los jóvenes que sufren esta crisis tienden a sobre exigirse, suelen querer controlar todo y se caracterizan por ser perfeccionistas."

Para la OMS, actualmente el 13 por ciento de la población padece algún tipo de trastorno asociado a la ansiedad –las “plagas del siglo XXI”- y la Argentina es fiel reflejo de esta tendencia. ¿Pero cómo se define, puntualmente el Pánico, en este marco y desde la perspectiva médica?  "Desde el punto de vista psiquiátrico,  asegura el profesional, puede definirse como una vivencia de miedo o terror intenso, con sensación de descontrol, desmayo o muerte inminente. La etimología griega de la palabra nos recuerda al Dios Pan, un niño solitario, triste y taciturno que solía esconderse en una caverna. Si algún extraño se acercaba a perturbarlo lanzaba un grito espantoso que atemorizaba y hacía huir al intruso, con un miedo intenso que luego se llamó pánico”.

Ansiedad adaptativa vs ansiedad patológica

Es importante destacar que la ansiedad, por sí misma, no es una reacción negativa o necesariamente patológica sino que cumple una función esencial para la supervivencia del individuo, como mecanismo clave de activación y alerta ante posibles peligros, amenazas o exigencias ambientales, facilitando el afrontamiento rápido, ajustado y eficaz ante este tipo de situaciones. Ocurre que, cuando la respuesta –a estímulos reales o imaginarios- es excesiva, se manifiesta con los síntomas característicos de los Trastornos de Ansiedad, que difieren de los sentimientos habituales de nerviosismo e inquietud. Son, en rigor, reacciones desproporcionadas y/o injustificadas ante estímulos o situaciones ambientales cotidianas, reacciones que escapan del control voluntario de la persona y tienen un carácter intenso y recurrente, generan incomodidad y malestar e interfieren significativa y negativamente en la vida en múltiples niveles.

En estos casos, en lugar de cumplir su función natural y primigenia -es decir, actuar como mecanismos de preparación, atención, protección y alerta frente al peligro- estos signos de activación emocional pierden su valor adaptativo y convierten a algunas situaciones o eventos cotidianos en fuentes potenciales de terror y pánico. “La fobia es un miedo persistente, excesivo, irracional y desproporcionado a determinados objetos o situaciones que se acompaña de la marcada tendencia a evitarlos”, detalla el profesional. “Cuando genera gran malestar o sufrimiento y produce restricciones en la vida cotidiana –interpersonales, laborales o sociales-, necesita ser tratada”.

El Ataque de Pánico puede desencadenarse de manera espontánea o, ante una situación de extremo stress. El diagnóstico, de todos modos, suele hacerse cuando las crisis de angustia son reiteradas y producen un cambio significativo del comportamiento del sujeto junto a un estado de permanente preocupación ante la posibilidad de aparezcan nuevas crisis y las consecuencias de éstas -volverse loco, sufrir un infarto, etc. Asimismo puede presentarse acompañado o no de Agorafobia (evitación de lugares o situaciones donde escapar pueda resultar difícil), algo que sucede en la gran mayoría de los casos limitando de manera notable la autonomía y calidad de vida del paciente.

Las crisis se desencadenan, a menudo, sin motivo aparente. Sin embargo, son frecuentes los antecedentes de estrés acumulado en los meses anteriores a la primera crisis. “Tanto el estrés físico como el estrés mental suelen ser antecedentes frecuentes de la aparición de una primera crisis de pánico: circunstancias reiteradas de estrés van estimulando crónicamente al sistema nervioso simpático -explica Cía-. Hoy se considera a éste como un problema neurobiológico, que puede traer aparejadas serias consecuencias psicológicas si no se lo trata”.
Cuando este tipo de trastornos no es adecuadamente diagnosticado y tratado, con el paso del tiempo y de la progresión de la enfermedad, puede impulsar a la persona a adoptar toda una serie de medidas extremas de evitación y/o huída que le mantengan ‘seguro’ de las fuentes de peligro percibido, desde evitar salir de casa hasta esquivar cualquier tipo de contacto social. “Hoy se sabe que la clave para curarse reside en enfrentar el problema, no en aceptar sus limitaciones”, concluye el psiquiatra.

Cómo detectarlo

La sintomatología propia del ataque de pánico se caracteriza por una repentina sensación de intenso miedo o malestar, que alcanza su intensidad máxima dentro de los primeros diez minutos y llegando a tener una duración de treinta minutos aproximadamente. Según los lineamientos del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales IV (DSM-IV por sus siglas en inglés) es posible diagnosticar un ataque de pánico cuando la aparición temporal y aislada de miedo o de malestar intenso está acompañada de 4 o más síntomas entre los siguientes:

1. Palpitaciones o taquicardia.
2. Sudoración.
3. Temblores o sacudidas.
4. Sensación de ahogo o falta de aire.
5. Sensación de atragantamiento.
6. Opresión o malestar torácico.
7. Náuseas o molestias abdominales.
8. Inestabilidad, mareo (aturdimiento) o sensación de desmayo.
9. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).
10. Miedo a perder el control o a volverse loco.
11. Miedo a morir
12.Parestesias (sensación de adormecimiento u hormigueo en manos, pies, etc.).
13. Escalofríos o sofocaciones (calor).

 

Algunos libros claves sobre el tema

 


Cómo superar el Pánico y la Agorafobia, del Dr. Alfredo Cía (Polemos Editori)

 

 

La ansiedad y sus trastornos  2º edición. Manual diagnóstico y terapéutico, de Alfredo Cía (Polemos Editori)

 

 

“Ataques de Pánico y Trastornos de Fobia y Ansiedad”, de los Dres. Oscar Carrión y Gustavo Bustamante (Galerna)