“La filosofía es para todos, cualquier persona puede pensar”

Enero 2013

Actualidad

El filósofo, conductor y guionista del ciclo “Mentira la Verdad (filosofía a martillazos)", que emite canal Encuentro, conversó con Revista Cabal sobre la importancia de que cada vez más gente se anime a preguntarse sobre las cuestiones trascendentes para el hombre, a partir de la televisión.

Si se piensa que la filosofía nació en las calles de Atenas, con Sócrates hablándoles a sus discípulos sobre los grandes temas que preocupan al hombre, no es descabellado que después de haber sido reclamada y reducida a los ámbitos más eruditos y académicos, esta disciplina recupere de algún modo su dinámica original. En el siglo XXI no es en la calle donde se produce el fenómeno, sino en los medios de comunicación masivos, como la radio y la televisión. El programa que conduce Darío Sztajnszrajber, “Mentira la Verdad (filosofía a martillazos)" es una fiel prueba de esto: desde la pantalla del canal Encuentro (jueves a las 20) ha logrado interesar a miles de televidentes, en el marco de un fenómeno más amplio –cursos, talleres, títulos editoriales- que tienen a esta disciplina como eje o centro de atención.
Darío es filósofo, trabaja dando clases en colegios y universidades desde hace más de dos décadas, tiene una columna en radio desde la que interpela a los oyentes y hasta se hace tiempo para participar de espectáculos en los que se conjuga música y filosofía. Fue gerente Editorial de EUDEBA y Coordinador del Programa de Cultura Literaria de la Secretaría de Cultura de la Nación, coordinó y asesoró proyectos en los Festivales de Cine Independiente y de Teatro de la Ciudad. Tiene tres hijos.

Descubrió su vocación de muy chico: preguntaba acerca de todo, y su familia, lejos de censurarlo, lo estimuló y acompañó en el comienzo de esa búsqueda que proyectaría durante toda su formación. “La filosofía no es, no debería ser, una dimensión encerrada del saber para especialistas sino que tiene que ver con lo humano en su dimensión más existencial, es la capacidad que tenemos los hombres de poder pensar que todo puede ser de otra manera”, define. Con un formato que combina la ficción y un lenguaje accesible a los espectadores no especializados, “Mentira la verdad” les da espacio y marco estético a las grandes preguntas y los grandes temas: el amor, la amistad, Dios, lo humano, la belleza, entre muchos otros. “Poder mostrar una televisión diferente es una manera de dar pelea frente a la televisión hegemónica”, argumenta Darío. “La filosofía habilita el pensamiento crítico, y  la posibilidad de dudar, y eso cabe para todos: nuestro lema es que cualquier persona puede pensar. No intento dar clases de filosofía por televisión, sino hacer filosofía con la cotidianeidad”.

_En los últimos años la filosofía parece haber ocupado un lugar predominante en catálogos editoriales, cursos, talleres, incluso programas televisivos y radiales, como Mentira la Verdad. ¿Está de moda la filosofía?
_Sí, está de moda. Circula fuera de los claustros en la política, en la religión, en los medios, en la empresa, en los grupos de autoayuda. Hay una popularización de la filosofía que la coloca en el espectro de la moda, entendiendo el fenómeno de la moda como esa tensión entre la socialización de un saber y la pérdida de su carácter crítico. Pero lo más interesante es que en este caso lo que se pone de modo es la filosofía en tanto discurso crítico sobre lo real, con lo cual caben dos posibilidades: o la moda se terminará deglutiendo ese potencial cuestionador de la filosofía, o la filosofía brindará su granito de arena para una ciudadanía cada vez más emancipada.

_ ¿En su visión, es positivo el hecho de que cada vez más personas accedan a la posibilidad de pensar y preguntarse sobre las cuestiones que ocupan a esta disciplina?
_Obviamente. Pensar es una capacidad que todos poseemos. La filosofía es una de las tantas maneras que tenemos de ejercitar el pensamiento. Es que no hay una única forma del pensar. Está el pensamiento estratégico, el deductivo, el calculador, peo también está el pensamiento filosófico que es aquel que prioriza el uso de la razón con el objetivo de desenmascarar y deconstruir toda certeza presentada como inobjetable. O sea, todos tenemos esa potencialidad de poner todo en duda, de vislumbrar las múltiples perspectivas que pueden crearse de cualquier fenómeno. El tema es poseer unas pocas herramientas para ejercer esa búsqueda y hoy con la popularización de la filosofía se lo está consiguiendo cada vez más…

_La filosofía debe tener, en última instancia, una aplicación práctica, ¿en este caso cuál le parece la más relevante; en qué medida puede mejorar o enriquecer la vida de las personas?
_Nunca enriquecer o mejorar en un sentido utilitario. La filosofía es un saber inútil, un saber más bien ‘interruptivo’ ya que detiene las lógicas que funcionan de modo acelerado y sin ningún tipo de reflexión, de planteo de otras perspectivas posibles. Creo que puede mejorar la vida en el sentido de hacerla más humana, esto es, mucho más plagada de contradicciones, de preguntas, de contingencias. La libertad y la seguridad, a pesar del discurso liberal, no van de la mano. Cuanto más libres somos en el ejercicio del pensamiento, más incertidumbres…

_Vivimos en la cultura del individualismo y el hiperconsumismo, ¿en qué medida es importante recuperar el ejercicio de la reflexión, en términos individuales y colectivos? ¿Qué lugar tiene la filosofía en la cultura contemporánea?
_Una filosofía individualista es una filosofía que se cierra sobre sus propios dogmas y en ese sentido no puede nunca salirse de si misma para abordar otras perspectivas posibles. Hacer filosofía es una manera de apostar a la otredad, ya que se parte de la idea de que el otro también puede tener razón y sus ideas pueden transformar las mías. El hiperconsumismo es la forma acabada del individualismo ya que disuelve toda otredad haciendo del uso de productos la supuesta forma humana de realización. El problema no son los objetos, sino su cosificación como parte de la expansión de nuestros egos…

_En Mentira la Verdad se trataron diversos temas (la amistad, el amor, Dios, lo humano, la belleza, La historia, la felicidad etc.). ¿Cuáles suscitaron más interés y a qué lo atribuye?
_Dios claramente en primer lugar. Cuando se suponía que los debates religiosos estaban pasados de moda, siempre que se plantea alguna cuestión en relación a las creencias, se suscita un interés inesperado. La audiencia tomó rápidamente partido frente al programa sobre Dios, sobre todo porque partimos del planteo de su muerte. Luego, los temas más cotidianos también impactaron fuertemente: la amistad, el amor, la felicidad. En especial porque los presentamos intentando derribar las ideas más afines al sentido común acerca de lo que es un amigo o de lo que buscamos cuando amamos, por ejemplo…

_ ¿Encuentra una relación directa en la capacidad de reflexión y la felicidad? ¿Pensar más nos hace más felices?
_Todo depende de cómo definamos qué es la felicidad. Si entendemos a la felicidad como imperturbabilidad del alma, como sostenían los epicúreos, resulta difícil asociar ambas ideas. Pensar en cierta forma nos arroja a una zona de angustia o de conmoción existencial que poco nos tranquiliza o nos permite cierto autodominio. Pero si entendemos la felicidad más ligada a la autodeterminación y a la posibilidad de cierta autonomía y ejercicio de nuestra libertad, la cosa cambia. Creo que nada puede hacernos más felices, suframos o no, que sentir que pensamos por nosotros mismos…

_ ¿De qué forma las nuevas tecnologías y las redes sociales pueden aportar a que más gente abandone ciertos automatismos y llegue a cuestionarse esquemas de pensamiento de algún modo naturalizados?
_Pueden aportar mucho. No sirve enfrentar a las nuevas tecnologías con posturas dogmáticas y cerradas, del tipo: hace bien o hace mal. Hay que poder entender que las nuevas tecnologías, como toda técnica a lo largo de la historia, lo primero que hace es reinventarnos. La pregunta a desarrollar es entonces pensar en qué aspectos nos estamos transformando. Hay una idea de la naturaleza humana que todavía sostenemos y que tiene más que ver con las condiciones materiales del mundo antiguo. Pero son esos resquicios donde aún se juega la pelea por el sentido de las cosas. Animarnos a pensar que lo humano hoy cada vez menos tiene que ver con la idea de ser humano que aprendimos en la escuela nos aterroriza…

 

Ping Pong, el desafío de la síntesis

Por Darío Sztajnszrajber

El amor: es esa tensión entre lo que quiero poseer y aquello de lo que me debo desprender…

La amistad: la apertura infinita a la presencia del otro y su diferencia.

El sexo: un contacto entre cuerpos que se reconocen en la libertad del placer.

La cultura contemporánea: ser contemporáneo es estar con un ojo en la luz y con otro en la sombra.

Los hijos: una tarea que dura toda la vida y que consiste en aprender finalmente que nada, ni los hijos, nos pertenecen.

La belleza: cuando todo pierde sentido, todavía nos queda la belleza.

La felicidad para mí: una búsqueda infructuosa…

 

Darío Sztajnszrajber es filósofo. Ha sido docente en todos los niveles educativos: primario, secundario, terciario, universitario y posgrado. Dicta clases en FLACSO en posgrados presenciales y virtuales de las áreas de Comunicación y de Educación. Desarrolla una importante labor docente en la comunidad judía, en su cátedra del Seminario Rabínico Latinoamericano y en el Colectivo Cultural judío YOK. Es docente de la UBA en la materia Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado del CBC. Se ha desempeñado como docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y en el Colegio Pestalozzi. Dirigió el Profesorado de Historia del Instituto Braun Menéndez. Conductor del programa Mentira la verdad (Canal Encuentro). Colaborador del Diario Clarín. Compilador y editor de la obra Posjudaismo Vol. 1 y 2 (Editorial Prometeo). Ha desarrollado también una extensa tarea en el ámbito de la Gestión Cultural. Fue Gerente Editorial de EUDEBA y Coordinador del Programa de Cultura Literaria de la Secretaría de Cultura de la Nación. Coordinó y asesoró proyectos en los Festivales de Cine Independiente y de Teatro de la Ciudad de Buenos Aires.