La seducción en tiempos de feminismo

Febrero 2019

Actualidad

De qué manera repercute el nuevo paradigma social en la relación entre hombres y mujeres a la hora del romance. Cómo manejar los mecanismos de la atracción en clave no machista.

El nuevo rol de la mujer en la sociedad, ese papel que debió haber ocupado siempre pero que recién en las últimas décadas y, con mayor presencia, en los últimos años –con fenómenos locales como #NiUnaMenos y globales como #MeToo para hacer frente al femicidio y el abuso y la violencia de género, respectivamente– se convirtió en “amenaza” para el statu quo patriarcal y machista, también deja algunas preguntas que habrá que ir contestando. Es que este empoderamiento, esta manifestación colectiva de signo femenino, coloca a mujeres y varones en lugares diferentes, poco conocidos, en caminos que habrá que, en muchos casos, aprender a transitar.

El de la seducción es uno de ellos. Aquellos viejos recursos del hombre activo frente a la mujer pasiva, cuya herramienta más poderosa era decir “no”, aunque todavía quizá sin la premisa taxativa de que “no es no”, van quedando sin fuerza frente a una sociedad que en este tema pierde la paciencia a pasos agigantados. Así, el varón, aun aquel que cree genuinamente que es quien debe “encarar” porque eso es lo que le corresponde, porque ese es el mandato, del mismo modo que lo es para ella esperar a que él tome la iniciativa, se siente, al menos, desorientado frente al nuevo paradigma.

“El nuevo paradigma –explica la psicoanalista y escritora Marta Giralt– cambia los escenarios. La mujer siempre ha manejado el poder de la maternidad. Poder que, debido a la tecnología, estamos perdiendo. Por lo tanto, las mujeres negociaremos. Somos muy hábiles en eso. La experiencia del harén lo avala. En un harén las mujeres conviven, se ponen de acuerdo, consensúan. Eso es vital para ellas y para el visir. La primera dama no es lo mismo que la esposa, o la favorita”. Y define: “La política es femenina”.

Como toda novedad, en especial cuando tiene la importancia que tienen hoy la lucha, los logros y la determinación del feminismo, de las mujeres, de barajar y dar de nuevo en esta cuestión social por primera vez en la Historia, hay una necesidad de reacomodarse, de aggiornarse. Y así como en la actualidad se acepta que algunos de los más populares humoristas de décadas anteriores hoy tendrían serios problemas para desarrollar su profesión exactamente como antes por absoluta incorrección política, al momento de la seducción, de las relaciones amorosas, quizá también sea necesario ese reacomodamiento. Aun a riesgo de perder algo de la libido sexual que tan bien nos hace. “La libido no va a perecer antes que la vida misma. Quizá cambien algunas malas formas. Pero el deseo es el deseo. Los hombres tendrán más seguridad de ser deseados por las mujeres que los soliciten. Y no podrán descargar en la conquista de una mujer toda su agresividad. Las mujeres tampoco podemos”, opina Giralt.

El nuevo rol de la mujer implica también un nuevo rol del varón. Y aquí es donde se encuentran más matices. Hay aspectos sociales, económicos, educativos, culturales y etarios que hay que tener en cuenta para ver cómo cambian los comportamientos según estas variables. Y aunque hay conductas individuales que exceden estos límites, los niveles de deconstrucción del machismo varían según uno o más de estos ítems.
 
Donde se ve con mayor claridad es en el aspecto generacional: un hombre mayor de, digamos, 50 años, es probable que, en términos generales, se resista con mayor ahínco a aceptar que lo que décadas atrás funcionaba sin cuestionamientos a la hora de la seducción hoy deba ser, al menos, revisado. “Isabel Allende dijo hace poco, y lo comparto, que para los hombres grandes, de mucha edad, y muy entrenados en las lides del machismo, lides que sus madres les transmitieron, será difícil aceptar algo como el lugar de una mujer en sus vidas que no sea una mera vagina. Porque eso ya no existe”, dice la especialista.

Varones adolescentes y jóvenes, en cambio, tienden naturalmente a manejar otros conceptos de seducción, o ninguno premeditado. Hay una empatía más transversal, más extendida, en parte quizá porque hubo una educación en ese sentido, con madres y padres que vivieron el florecimiento de los primeros feminismos activos, con igualdad de género en la propia casa. Para los hombres de más edad no es algo que surja de manera natural. ¿Es entonces una herramienta de seducción para los hombres demostrar su empatía con el empoderamiento de las mujeres? Para Giralt, “en relación a la empatía de los hombres con las mujeres, siempre suma la diferencia. La empatía es terreno femenino. Pero cuando el hombre lo habita lo empodera también a él”.

Quienes aún no se sienten cómodos con esta nueva realidad de mujeres y hombres interactuando con otros códigos sostienen que tener que pensar dos veces las cosas antes de hablar o de hacer, tanto en el varón como en la mujer, atenta contra la libertad y la espontaneidad, dos valores que consideran necesarios para el romance y, quizá, para la vida toda. “La espontaneidad –concluye Marta Giralt– es algo que, desgraciadamente, no abunda. Por eso tienen tanto mercado las drogas que bajan los frenos inhibitorios. La inhibición es el arma letal a la hora de domesticar al ser humano. Pero no creo que pensar vaya en contra del deseo ni de la sexualidad. Hará de nuestra historia algo más digno que la violencia que estamos viviendo. Pensar nunca es un mal, siempre ayuda. Obsesionarse es otra cosa. Es anular la capacidad de pensar”.

Un decálogo para el “nuevo hombre”
En su libro El hombre que no deberíamos ser (Planeta), el español Octavio Salazar desarrolla lo que él denomina “la nueva subjetividad masculina”. Estas diez claves que propone para la conducta masculina no machista bien podrían ser un punto de partida para, entre muchas otras cosas, ejercer la seducción en tiempos de feminismo:
1. Los hombres no deberíamos seguir gozando de manera acrítica de nuestros privilegios. Deberíamos transformar las estructuras de poder que mantienen a las mujeres en una posición subordinada.
2. Los hombres no deberíamos estar ausentes en lo privado; deberíamos ser agentes corresponsables en el ámbito doméstico y familiar.
3. Los hombres no deberíamos creernos seres omnipotentes; deberíamos ser cuidadores y asumir la necesidad de los otros y las otras para sobrevivir.
4. Los hombres no deberíamos huir de lo femenino; deberíamos asumir y valorar la ternura de nuestra vulnerabilidad.
5. Los hombres no deberíamos monopolizar el poder, el prestigio y la autoridad; deberíamos ejercerlo de manera partidaria con la mitad femenina de la ciudadanía.
6. Los hombres no deberíamos reproducir los métodos y las palabras patriarcales; deberíamos transformar las maneras de entender y gestionar lo público.
7. Los hombres no deberíamos ser el centro y la única referencia de la cultura, la ciencia y el pensamiento; deberíamos compartir paritariamente con las mujeres los saberes y la construcción de los imaginarios colectivos.
8. Los hombres no deberíamos ser cómplices de las violencias machistas ni de instituciones patriarcales como la prostitución; deberíamos ser radicalmente militantes contra la desigualdad, la violencia y la explotación de las mujeres.
9. Los hombres no deberíamos ser héroes románticos ni depredadores sexuales; deberíamos educarnos para una afectividad y una sexualidad basadas en el reconocimiento de nuestra pareja como un ser equivalente y, por tanto, en la reciprocidad.
10. Los hombres no deberíamos seguir legitimando y prorrogando el orden patriarcal y el machismo como ideología que lo sustenta; deberíamos convertirnos en hombres feministas.