Los celos y las redes sociales

Febrero 2015

Actualidad

¿Chatean él o ella por Facebook o twitter? ¿Acepta contactos desconocidos? ¿Por qué pasa tiempo conectado/a al whattsapp o hablando por celular? Quién no se ha preguntado alguna de estas cosas, en relación a su pareja. Las redes sociales, y las vías de comunicación directa que habilitan, son actualmente uno de los principales desencadenantes de peleas y rupturas de parejas en el mundo. En esta nota, algunas respuestas acerca de qué son los celos, por qué generan tanto sufrimiento y cómo evitar que, en épocas de comunicación virtual, la pareja no se resienta o quede en el camino.

  Si bien en el plano profesional, y sobre todo a nivel social, las redes sociales pueden haber mejorado la vida de millones de personas en el mundo, para las parejas pueden convertirse en un martirio: cuando los celos y la voluntad de controlar al otro se vuelven permanentes y deterioran la relación, al punto de provocar que se desencadenan a partir de las sospechas de infidelidad.
El desconocimiento acerca de lo que la pareja hace en forma reservada en las redes (envío de mensajes, chats, “likes” etc.), más la incorporación de contactos (conocidos y desconocidos) puede desencadenar todo tipo de fantasías y reacciones, si el tema no se conversa y se llega a algún tipo de acuerdo que provea a ambos integrantes de tranquilidad y seguridad.


La revista Cosmopolitan de EEUU sostiene que en ese país una de cada cinco parejas se separa a raíz de las evidencias virtuales de infidelidad o coqueteo en las redes. Aunque, al margen de las infidelidades reales, el verdadero problema en aumento parece ser la voluntad de control  y el maltrato que se ve acrecentado en el mundo 2.0.
En la Argentina, un estudio de 2014 realizado para constatar los niveles de maltrato presente en las relaciones de los jóvenes –los que más uso hacen de la tecnología- reveló una realidad preocupante: para buena parte de las nuevas generaciones de argentinos, espiar y controlar el accionar de la pareja en Internet es algo habitual y que además consideran necesario.  Según la investigación realizada por el Instituto Abierto para el Desarrollo y Estudio de Políticas Públicas junto con la Asociación Civil Trama, que incluyó entrevistas a jóvenes de la ciudad de Buenos Aires, el conurbano, Tucumán, Córdoba y Entre Ríos, “para la mayoría el amor es considerado sinónimo de control y los celos funcionan como mecanismos ‘preventivos’ (de infidelidad), sobre todo en épocas en que se ha sofisticado y aumentado el uso de las redes y el teléfono celular”, sostiene el informe.


Según esta misma estadística, un 40% de los chicos, mujeres y varones, considera normal revisar los mensajes en el celular, correo o en las redes sociales de sus parejas. En muchos casos, incluso, este tipo de invasión a la privacidad es apoyada por amigos, conocidos y hasta por los padres, que también quieren vigilar a sus hijos y las parejas de éstos.
Para los especialistas en salud mental, sin embargo, poco tienen que ver el amor y los celos obsesivos, que pueden llegar incluso a convertirse en una patología psiquiátrica.


Qué son los celos y por qué generan sufrimiento

En principio hay que decir que los celos considerados “normales” consisten en una preocupación por la posible pérdida de una persona amada. Pero pueden volverse peligrosos, cuando están acompañados de intensos sentimientos de inseguridad, hostilidad y depresión; entonces se convierten en manifestaciones patológicas y suelen ser destructivos para las relaciones.
Nadie podría decir que nunca sintió celos: ya sea en el marco de la pareja, en la familia, o entre amigos o colegas, todos, en mayor o menor medida han tenido este sentimiento en alguna ocasión puntual.  Pero no siempre este tipo de conductas resulta fundada, y cuando se tornan permanentes, y se convierten en el centro de un vínculo deben, ser considerados un trastorno que conviene tratar con profesionales.


El celoso pierde el control de la conducta y emplea tiempo y energía en indagar y vigilar a la otra persona, lo que le impide llevar una vida normal. Le cuesta concentrarse en otras cosas y continuamente se imagina que su pareja está con otro. Los celos pasan a ser el centro de la vida en común, y determinan las aficiones y las relaciones sociales de la pareja”, define José María Martínez Selva, autor del libro ‘Celos: claves para comprenderlos y superarlos’, de Editorial Paidós. “Las redes, los celulares y los mails incluso, suelen fomentar, cuando no hay confianza mutua, aún más la desconfianza y el malestar.”


Los celosos suelen argumentar que sus reacciones son producto del amor, aunque la Psicología sostiene que los celos son en realidad producto de la inseguridad personal y de emociones negativas, como la voluntad de posesión. Quien cela sufre, eso es lo primero que hay que tener en cuenta para aportar a la solución de este problema que afecta sobre todo a  las parejas. La baja autoestima, el miedo al abandono y otras emociones primitivas están en la base de esa forma de sufrimiento intenso.
En cuanto a las razones ‘biográficas’, los celos pueden estar justificados o explicarse de manera retrospectiva –si quien cela, por ejemplo, fue víctima de infidelidades que lo/la hicieron sufrir-, aunque también ser producto de las inseguridades propias de quien, internamente, siente que puede perder al objeto de su amor. Los celosos suelen “darse manija” y  alimentar sus propias fantasías respecto de la atracción o el deseo que sus parejas, por ejemplo (aunque también pueden ser los hijos, amigos o familiares) podrían sentir de estar con otras personas. En el fondo, lo que suelen manifestar con enojo o apego intenso es un sentimiento amoroso pero atravesado por el temor a ser abandonados.
Quienes espían y persiguen a sus parejas buscando “evidencias virtuales” son llamados “stalkers”,– (ver Testimonios)-. Se trata de un fenómeno que crece a la par de la omnipresencia de las redes y la multiplicación de contactos que cada persona va sumando. En general, suelen encontrar alguna cosa, con mayor o menor fundamento, o porque su pareja no es fiel o porque malinterpretan la información; de tanto buscar, suponen que al final encuentran, y eso puede conducir al error.


Los especialistas aconsejan dialogar con la pareja, darse confianza mutua, y después respetar la privacidad del otro para manejarse con el celular, en las redes e Internet, bajo la premisa de que poco y nada se puede hacer para mantenerlo aislado/a del mundo. También es conveniente no chatear o conectarse a cada momento, de manera de no estimular la desconfianza innecesariamente; ambas partes deben ser respetuosas de la otra.
En una época en la que buena parte de las personas con acceso a la tecnología han tenido alguna vez que dar explicaciones por su forma de manejarse en red, lo ideal es plantear las condiciones que garanticen la tranquilidad de la pareja y luego intentar confiar en el otro. Lo ideal es que ambos integrantes de una pareja se pongan de acuerdo y expliciten qué es lo que necesitan o sienten que les hace daño, para cuidarse mutuamente y evitar el sufrimiento o la inseguridad.

 

Testimonios

•“Me puse obsesiva una vez que leí que él comentaba una foto de otra chica a la que piropeaba y desde entonces lo empecé a controlar. Empecé a seguir a las mujeres que él tenía en Facebook, e inclusive en Twitter e Instagram, y obviamente todo lo que hacía empezó a parecerme sospechoso. Tampoco podía controlarme yo, así que le contaba que lo había leído comentando esto o aquello, y él empezó a actuar raro, ocultándose, y siempre tratándome de loca lo que alimentaba mis sospechas aún más. Así hasta que generé un perfil falso en Facebook, de una supuesta chica hermosa que le escribió por chat privado, y él se enganchó. Invitó a salir a esta supuesta chica y ahí sí lo enfrenté y nos separamos. Hoy dudo de si lo que hice estuvo bien.”  Carolina  Z. (36).


•“Una vez le hice una escena a mi novio en el trabajo porque me mandó por Facebook privado un mensaje que yo creí que no era para mí, decía algo así como ‘Me encantó verte, estás fuerte’, y yo creí que se habría reencontrado con alguna mujer, aunque él me juraba que estaba dirigido a mí. Nunca supe si decía la verdad o estaba mintiendo pero la relación cayó en picada, entre otras cosas por mi desconfianza permanente, y la sensación de estar siendo engañada, que no podía superar”.  Paula P. (28)