Los chicos y su primer teléfono

Abril 2018

Actualidad

¿A qué edad debería un niño recibir un celular? ¿Y hasta dónde controlar qué hace, qué baja, con quién habla, qué fotografía? La visión de los expertos sobre las preguntas que hoy desvelan a los padres.

Hacía tiempo que Martina, hoy de diez años, venía preguntándoles a sus padres cuándo iba a tener su propio celular. “Siempre le decíamos que a los 12, y la verdad es que teníamos pensado que así fuera” relata su mamá, Silvina. “Pero al final se lo terminamos dando sin tanta programación. En casa había quedado un equipo disponible, en un momento tuvimos que ponerle un chip para prestarlo y así fue que empezamos a dárselo cuando por ejemplo íbamos al súper y ella se quedaba sola en casa, en lugar de dejarle alguno nuestro. Al principio solo tenía nuestros números y algún juego, hasta que una amiguita me pidió el número de ella. A partir de ahí fue un viaje de ida”, confiesa y explica que la mayoría de sus compañeros ya tenían sus respectivos smartphones y que una de las cosas positivas es que ahora, si falta al colegio, ella misma puede ocuparse de pedir la tarea. Dice que la controla bastante con los horarios, que antes de cenar siempre lo apaga y que solo usa whatsapp, juegos y aplicaciones para crear videos. “Cuando se juntan con las amigas se divierten bastante haciendo coros y filmando. A veces me pide bajar alguna otra cosa, pero mucho no le dejo. Prefiero que por ahora no tenga nada que pueda abrir lo que hace a un público que no conoce. Y tampoco permito que mienta con la edad, aprovecho ese límite para restringir”, concluye Silvina su relato que sin dudas es el de tantas familias cuyos hijos empiezan a suplicar por un teléfono.

Primer celular

¿A qué edad debería un niño recibir un celular? ¿Y hasta dónde controlar qué hace, qué baja, con quién habla, qué fotografía? ¿Es necesario para estar en contacto con ellos? ¿Se quedan un poco afuera de su círculo los chicos que no tienen un teléfono? Estas y otras tantas preguntas atraviesan a los padres que, si bien se han criado muy lejos de los smartphones, hoy encuentran que incluso ellos mismos necesitan autorregularse en cuanto al uso y abuso de las pantallas. Y que como en todas las épocas, cada una con sus características y recursos, resulta tan sinuoso como artesanal ese equilibrio entre los permisos y los límites, entre el confiar y no confiar.

De acuerdo a un estudio elaborado el año pasado, el Enacom (Ente Nacional de Comunicación) lanzó hace poco el primer Mapa Nacional de Riesgos en Internet para adolescentes, que arrojó como resultado que las situaciones de peligro más frecuentes a nivel nacional son estas seis: primero, que están todo el día conectados a Internet; segundo, que suben informaciones y fotos personales; tercero, que tienen sus habitaciones repletas de pantallas (netbook, computadora, teléfono y tablet); cuarto, que tienen menos de 12 años y ya cuentan con un perfil en las redes sociales; quinto, que duermen con sus celulares encendidos; y sexto, que para las tareas usan el primer sitio web que encuentran sin comparar con otros, lo que definitivamente obtura su capacidad crítica.

Roxana Morduchowicz es asesora del Enacom en el área Chicos y Pantallas y referente a nivel nacional en comunicación y culturas juveniles. Suele alejarse de posturas apocalípticas y del miedo a la tecnología, aunque cada vez que puede reconoce que hay que acompañar a los chicos en sus consumos tecnológicos. “El celular es la última pantalla que debiera incorporarse a la vida de los adolescentes. Tal vez alrededor de los 12 años, que es cuando ganan en autonomía y entonces tiene más sentido”, explicaba hace poco durante una entrevista radial en la que señaló que las estadísticas en todo el mundo indican que los chicos empiezan a recibir su primer celular entre los siete y ocho años. “Una recomendación es que la familia construya normas, como podría ser que durante las comidas los teléfonos se apagan, y que todos las cumplan, algo que por otra parte debería suceder con todos los consumos y prácticas culturales. Otra es que los teléfonos se apaguen de noche y que tampoco queden cargándose en la habitación”, aportaba Morduchowicz. El mismo estudio del Enacom elaboró una guía con diez temas sobre los que conviene dialogar con los niños y adolescentes para que hagan un uso seguro de las pantallas y en la web entre los que se incluye una pregunta básica y a la vez de lo más rica para conversar sobre el tema: “¿qué hiciste hoy en Internet?”.

 

En la escuela

 

Que los chicos que van a la primaria empiecen a contar con sus propios teléfonos implica para los educadores un desafío importante. Una maestra de séptimo grado cuenta que en cierta oportunidad llevó a sus alumnos de excursión y les permitió durante la salida llevar y prender sus smartphones para tomar fotos que luego comentarían en clase. “Creo que está bien incorporar el uso de la tecnología al aula. Pero en este caso pasó algo curioso, que fue que los padres comenzaron a bombardear a sus hijos con mensajes, preguntándoles cómo la estaban pasando y pidiéndoles que les mandaran fotos. Por eso me parece que lo primero que tenemos que preguntarnos al analizar el empleo que los chicos hacen de sus celulares es ver cómo actuamos con ellos los adultos”, sostiene.

 

Sonia Gómez Villafañe, que es psicopedagoga, analista en formación y asistente de dirección en un colegio privado de la Capital, advierte que en los últimos años se han tenido que incorporar a los reglamentos de las instituciones educativas un montón de normas que tienen que ver con el uso de los teléfonos e internet. “En general no está prohibido que los alumnos lleven a la escuela un celular, porque hay papás que deciden que lo tengan por cuestiones de seguridad. Lo que sí se regula es que durante el horario escolar el aparato tiene que estar apagado", marca y explica que lo interesante es que vayan tratándose en clase temas como la consideración hacia los otros (también con el buen empleo de la tecnología), cuáles son los permisos necesarios para publicar tal o cual cosa y el respeto por la intimidad. “En la institución en la que trabajo estos temas se conversan todo el tiempo, con los chicos y también con los padres. Cuestiones como las consecuencias que el mundo virtual tiene sobre el real, algo que para los alumnos tal vez, inicialmente, no es tan palpable. A veces alguien publica un comentario inadecuado en una red social y eso emerge luego en el colegio. Entonces hay que abordarlo, recordarles que hay que cuidar la relación al otro en todos los espacios y no menospreciar la capacidad de reflexión de los chicos, que es realmente admirable”, afirma.

 

La docente advierte también una contradicción en algunos padres que buscan transmitir el respeto por la intimidad del otro, pero luego acceden a brindarles un dispositivo o permitirles abrir una cuenta en una red social siempre y cuando les permitan revisar los celulares o acceder a su contraseña. “A mi criterio es como abrirles los cajones -dice-, creo que hay que poder tener confianza, tanto en los chicos como en lo que uno les transmitió. Hoy muchos padres tienden a querer saber absolutamente todo de sus hijos. Es bueno tener presente que los chicos no siempre cuentan todo, que reservan algo para su intimidad, pero es importante que si sienten la necesidad de hablar o algo les molesta, tengan ahí un adulto para conversar”. Según Gómez Villafañe la escuela va amigándose con la necesidad que pueden tener los padres de ver fotos de los chicos durante un acto, en la feria de ciencias o en el campamento, habilitando los canales y medios formales para compartirlas. “Pero eso no debería suplir que el chico pueda, más allá de esas imágenes, contar su propia experiencia, que es personal y subjetiva. Por eso la cuestión tal vez no pasa tanto por prohibir los teléfonos -concluye-, sino por supervisar la regulación de su empleo y valorizar el uso de la palabra”.

 

Fotos: istock