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Diciembre 2016

Actualidad

Dos jóvenes argentinos construyeron un modelo de escáner pensado especialmente para que instituciones y organizaciones puedan digitalizar libros y documentos muy antiguos.

Juan Pablo Suárez tiene 45 años y es diseñador gráfico. Matías Butelman 28 y un pasado por la carrera de Letras. Juntos tienen un proyecto con el cual construyen escáneres muy baratos especialmente diseñados para aquellas instituciones que necesitan digitalizar material antiguo que debe ser manipulado con mucho cuidado. Podría tratarse de un emprendimiento comercial como cualquier otro, de esos que detectan una necesidad y desarrollan una herramienta para satisfacerla y hacer dinero. Pero no. Aún cuando se dedican casi full time a esta tarea y buscan incubar la idea para pensar una producción en serie, hay en ellos una militancia tan obsesiva por el trabajo colaborativo y por la construcción de una gran biblioteca pública y virtual que no permite encasillarlos en la tan moderna y vacua categoría de "emprendedores".

Por los pasillos de Puán

La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad en Buenos Aires, también conocida en la jerga universitaria simplemente como "Filo" o "Puán" por la calle en la que está, es como todo claustro humanístico de la UBA un laboratorio de iniciativas que tienden a la democratización de la democratización.  Allí tiene su origen la historia de Suárez y Butelman, cuyos escáneres colaboran hoy con la digitalización de los archivos y las bibliotecas de instituciones como el Colegio Nacional Buenos Aires, la Fuerza Aérea y el Tribunal Fiscal de La Plata.

La cuestión es que allá por 2009, a instancias de una denuncia de la Cámara Argentina del Libro, la justicia procesó al profesor de Filosofía de la Universidad Nacional de Lanús Horacio Potel. ¿Su delito? Compartir la obra del francés Jacques Derrida a través de un sitio web.  Aunque finalmente sobreseído, la embestida contra Potel movilizó a la comunidad de Filosofía y Letras.  El caso fue bastante emblemático entre los cultores del libre acceso a la cultura y el conocimiento y despertó en Suárez y Butelman el deseo de combatir las restricciones que atentan contra esa circulación.

El primer paso lo dio Juan Pablo. "A veces los diseñadores tenemos como un área de coincidencia con los programadores. El caso Potel generó toda una movida copyfight y a partir de ahí también me empecé a interesar en este tema de utilizar el software y el hardware libre en un contexto colaborativo para aportar acceso a materiales que están en las bibliotecas o en el dominio público o que pueden ser accesibles", le cuenta Suárez a Revista Cabal sobre los comienzos del proyecto. Lo del trabajo colaborativo tiene que ver con una práctica bastante común entre los desarrolladores independientes que es la publicación en foros de un proyecto para que otros lo puedan copiar en principio y mejorarlo después. En el caso de este escáner, la idea surgió del foro diybookscanner.org con el objetivo de enseñar a construir un aparato más económico que los modelos comerciales. Su primer modelo Suárez lo armó justamente para la Facultad de Filosofía y Letras.

Matías Butelman, por su parte, también caminaba los pasillos de Puán porque estudiaba Letras, pero contrariando todos los prejuicios que su carrera puede sugerir, siempre se había interesado también por el mundo de las computadoras. "Tenía pequeños proyectos web y armaba foros, pero más en el palo de las organizaciones. Entré a trabajar al Colegio Nacional Buenos Aires y fui descubriendo que había mucha documentación que no estaba disponible. Y en la facultad, a raíz de lo de Potel, se empezó a mover mucho el asunto de la digitalización. Me di por enterado de que existían este tipo de dispositivos, averigüé quién lo estaba construyendo y ahí di con Juan Pablo", relata.

Hágalo usted mismo

La primera gran diferencia del escáner desarrollado por Suárez respecto de los modelos comerciales más difundidos es que la plataforma sobre la cual se pone el material tiene forma de V en lugar de ser plana. "Eso evita que el libro se dañe o se rompa, porque con el escáner plano tenés que abrir el libro pero también darlo vuelta", explica Juan Pablo. "Y además aumenta el margen de variación en la posición de la foto, por lo que las imágenes no van a estar siempre en el mismo lugar y eso es una dificultad para hacer después el post procesamiento", agrega Matías. 

La estructura del escáner es muy simple, con la base en V, dos cámaras digitales fijas a cada lado y unas luces oblicuas que mejoran la iluminación. Todo armado con materiales sencillos que pueden ser comprados en cualquier tienda. Si un escáner comercial barato cuesta alrededor de 5000 dólares, este prototipo ronda los 600 dólares. Pero además del aparato, los chicos también desarrollaron el software que levanta las capturas, siempre basados en programas de código abierto que requieren en todo caso algún ajuste o integración pero que evitan tener que comenzar de cero.

 

Juan Pablo es el constructor más no el inventor. De hecho, reniega un poco de ese mote y prefiere remarcar que la mayoría suele trabajar sobre ideas preconcebidas y que, en todo caso, la creatividad está en mejorar esos antecedentes. "Dentro de esta lógica de trabajo colaborativo está un poco más clara la idea de que vos estás aportando o generando una nueva solución a algo que se está haciendo colectivamente", dice. Así y todo, su modelo tiene algunas particularidades locales. "Hay una cuota de invención que es responsabilidad de Juan Pablo y es que el diseño original tiene como unas placas de madera que se cortan con un aparato especial que es muy caro y que no está tan difundido en la Argentina. Él se salteó esa instancia y lo hizo con listones de madera que se consiguen en cualquier lado", suma Matías.

Este detalle no es menor porque no solo ayuda a bajar el costo del producto sino que permite que el mismo pueda ser desarrollado en lugares alejados de las ciudades donde están las últimas tecnologías. Y a la vez marca uno de los posibles caminos que podría transitar el emprendimiento a futuro. "Una de las ideas que da origen a esto es la posibilidad de construir dispositivos de estas características con los recursos que tenés disponibles en diferentes lugares. Al haber formulado una variante del escáner que se puede construir en nuestro contexto de Buenos Aires, y que sabemos que ese contexto se puede repetir en otros lugares, una opción es convertir esto en un kit para quienes quieren empezar un proyecto de digitalización, o incluso tres variantes para diferentes formatos de documentos", planea Butelman.

Esta posibilidad resume de alguna manera las dos aristas del proyecto: que sea un negocio sustentable con una fuerte finalidad social y cultural. "Hay pueblos con un diario que tiene toda la historia de ese lugar. Pero el papel, después de una cantidad de años, directamente se desintegra y toda esa memoria se está perdiendo. Esos pueblos quizá no tienen acceso a un escáner para poder digitalizar ejemplares que precisan de una técnica con cámara fotográfica. Acá hay mucha demanda de este tipo y es el nicho a dónde va esta clase de aparatos", dice Suárez.

Acceso sin restricciones

De cómo el proyecto de un escáner puede derivar en una serie de debates acerca de la memoria, la preservación y hasta la necesidad de reformar las leyes de propiedad intelectual solo pueden dar cuenta dos jóvenes animados por convicciones muy profundas. Las conclusiones de ambos son más bien políticas. Para Suárez, "si la función de las bibliotecas es dar acceso gratuito a los libros, ese acceso también tendría que poder darse por otros medios. La utilidad comercial de los libros generalmente no supera los cinco años y sin embargo por las leyes de copyright los derechos duran un promedio de 100, por lo que las obras están como en un limbo en el que no existe un interés comercial pero las bibliotecas tampoco las pueden poner en línea". Butelman advierte que lo que está en juego son los niveles de restricción de los nuevos modelos que administran las relaciones entre productores y consumidores de cultura. "Me motiva poder enriquecer y hacer más robusto el dominio público, una gran biblioteca universal. Creo que hay algo de las formas de interacción actuales que siempre está a punto de perderse porque algún interés preferiría poder cobrarte o restringirte ese acceso para obtener un lucro. Si logramos empezar a generar colecciones digitales en las diferentes organizaciones va a estar mucho más presente para el común de la población que eso es suyo, que lo puede consultar y que cualquier movimiento para restringirlo atenta contra sus propios derechos", cierra.

Fotos: bibliohack.tk