Movimiento Nacional Los Chicos del Pueblo

Noviembre 2012

Actualidad

El Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, que coordina el sacerdote Alberto Morlachetti, reúne a 400 instituciones no gubernamentales de todo el país que trabajan con niños y jóvenes que se encuentran más cerca de la muerte que de la vida, para defender sus derechos y protegerlos del hambre, la miseria y la desidia de quienes no se involucran con una realidad que duele.

La sociedad a la que aspiran los hombres sensibles no podría edificarse nunca sobre el núcleo de la ganancia y el desprecio por el prójimo: debe edificarse, en cambio, sobre principios solidarios y sólidos derechos, que protejan a los que menos tienen o han quedado fuera del sistema. Esa convicción rige el trabajo de Alberto Morlachetti y quienes lo acompañan en la que ya se ha transformado en una auténtica cruzada en todo el territorio nacional: Los Chicos del Pueblo es el lugar de encuentro de 400 instituciones no gubernamentales de todo el país que trabajan con niños y jóvenes que se encuentran más cerca de la muerte que de la vida, para asistirlos, difundir sus derechos, proveerlos de insumos básicos y así salvarlos de la tragedia de la desatención y  la pobreza.
El hambre y el hecho de que los chicos estén en la calle no es algo de lo que deba ocuparse únicamente al Estado, sino que le compete a la sociedad en su conjunto, piensa Morlachetti, Coordinador Nacional de esta movida, y que impulsó esta iniciativa en 1987, en una humilde capilla de Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires.


Según las estadísticas que maneja la asociación, más de la mitad de los niños argentinos menores de 18 años se encuentran viviendo en la pobreza, y decenas de niños menores de 5 años mueren por día por causa de la miseria. Si a esos se les sumaran los que no mueren pero se ven afectados física y mentalmente por la falta de recursos básicos, la cifra aumentaría considerablemente.
La Convención de los Derechos del Niño -incorporada a la Constitución Nacional- asegura a todos nuestros pequeños el derecho a la vida: es decir, familia, escuela, salud, vivienda y la ternura del pan. Y sin embargo esas bellas palabras están lejos de las vidas de muchos. El no cumplimiento de estas leyes implicaría, en este marco, una violación esencial a nuestros derechos humanos consagrados en la Constitución Nacional, y así lo entienden los miles de colaboradores involucrados en esta lucha por la equidad, la solidaridad, la justicia.


“El hambre es un crimen que aniquila el prodigio de la vida, y debe ser detenido. Porque en el país no faltan riquezas, ni alimentos, ni platos, ni madres, ni médicos, ni maestros, falta, a menudo, la voluntad de ayudar, la imaginación institucional, la comprensión cultural y las ganas de construir una sociedad de semejantes”, explica Morlachetti. “Quienes trabajamos aquí con los niños somos hombres, mujeres y jóvenes con inmensa fe en el hombre y su destino. Imaginamos que la vida puede ser digna desde el primer instante”.
Esos son los objetivos que lo movilizan e inspiran a sus miles de colaboradores, directos e indirectos, los que trabajan codo a codo y quienes lo hacen repartidos en numerosas agrupaciones vinculadas a su obra. La clave, lo tienen claro, es la redistribución de las riquezas existentes, a favor de una mayor equidad.


La suya es la utopía del país para todos. En el sitio web oficial de la asociación se lee: “Nuestras obras y programas son la expresión más elocuente de que es posible una nueva y arrasadora utopía de la vida. Un contra-destino, que nos dice que nadie está a resguardo de la esperanza humana. Porque hubo un niño, porque hubo otro, porque hubo muchos. Porque hubo caricias. Porque intentamos los insumos básicos de la crianza humana: la ternura, el pan, escuela, dignidad, belleza, invocar al ratón de las monedas, vestirse de guardapolvo blanco y danzar cuando los reyes anuncian regalos. Porque creímos que no había niño irrecuperable, sino circunstancias humanas que provocan abandonos o que le quitan sentido a la vida. Porque creímos en la inmensa capacidad del hombre como especie, porque creímos que el utopismo es una especie de compensación de las limitaciones históricas del presente. Porque decimos que hay utopía por razones no sólo teóricas, sino también por razones prácticas. Porque una y otra vez apostamos a las ilusiones, a nuestros títeres, los globos, el trencito, los niños. No hay verdad más armada que la pura inocencia. Con ternura venceremos”.


La de Morlachetti, ideólogo de esta posibilidad, es una vida dedicada a la acción solidaria: estudió sociología, en 1974 inició su obra social con el proyecto de la Casa de los Niños -con un crédito que garantizó con la hipoteca de su casa-, en 1982 creó el Hogar Pelota de Trapo, que empezó con una cancha de fútbol en terrenos del ferrocarril, en 1986 fundó el Hogar Juan Salvador Gaviota. Así siempre, nunca se detuvo.
En 1990, para el Primer Encuentro Latinoamericano de los Chicos del Pueblo, organizado por el Movimiento, logró reunir representaciones más combativas a favor de los derechos de los niños de 18 países latinoamericanos. Otro de los momentos que atesora: cuando en 1999 la Organización de las Naciones Unidas le otorgó a la obra el Premio a la Vida y a la Obra, y cuando el el 28 de octubre de 2002 arrancó desde Iguazú, Misiones, junto a cientos de chicos, la Marcha por la Vida, que contó con el apoyo del célebre escritor Ernesto Sábato, del cantante Joan Manuel Serrat, y del premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, entre otras valiosas personalidades. La Marcha abarcó 2000 Km de recorrido hasta llegar a la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, donde se reunieron 25.000 personas, en defensa de los chicos.
En la actualidad, y más que nunca, el Movimiento es una fuerte referencia simbólica contra la pobreza y la represión que sufren niños y jóvenes.  

 

Enlaces relacionados: www.pelotadetrapo.org.ar