Para saber qué es la sororidad

Marzo 2019

Actualidad

¿Qué es exactamente? ¿Qué códigos son propios de la relación entre mujeres? ¿Siempre existió o es el resultado del empoderamiento femenino de los últimos tiempos? 
 

Irrumpió con fuerza en el lenguaje del feminismo y de allí se trasladó, o se está trasladando, a toda la sociedad, al punto que la habitualmente morosa Real Academia Española (RAE) la incorporó a su diccionario canónico en tiempo récord. Fenómenos globales como el #MeToo o locales como el #NiUnaMenos fueron vehículos claves para que la palabra mágica, hasta no hace tanto solo conocida por los angloparlantes (sorority, la versión “femenina” de la fraternity, en ambos casos hermandades universitarias con distinción de género), pasara a formar parte del glosario cotidiano de las mujeres empoderadas de esta época de avances en materia de demandas y, en menor medida, de derechos obtenidos.

Un buen empujón final se lo dio seguramente The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada), la serie de TV basada en el revulsivo libro de Margaret Atwood que en breve arranca su tercera temporada, en la que la sororidad entre esas mujeres despojadas de sus derechos cumple un rol protagónico. Mujeres sometidas a la violencia de ser violadas para ser madres de los hijos de otras mujeres, estériles, en la distópica y no necesariamente improbable República de Gilead. A pesar de los peligros, entre los que la muerte no es una amenaza lejana, ellas asumen los riesgos de escapar de ese lugar hostil –un país dentro de otro– e incluso de conservar, una vez nacidos, a los hijos concebidos contra su voluntad.

Como explican Marilyn Yalom y Theresa Donovan Brown en Entre mujeres. Una historia de la amistad femenina (Paidós, 2018), que pasa revista a esa relación desde la Biblia hasta nuestros días, “la amistad entre mujeres ha sido tradicionalmente difamada, empequeñecida o malinterpretada”. Las autoras toman como punto de partida para la consigna de la sororidad los grupos de toma de conciencia creados en 1968 por militantes feministas que boicotearon el tradicional concurso de belleza Miss América, en los Estados Unidos. También señalan que “las mujeres de hoy no necesitan justificar sus amistades presentándolas como agregados positivos al amor heterosexual, al matrimonio o a la maternidad” y que “el modelo de amistad ha estado dando vueltas desde siempre pero, lamentablemente, los anteriores administradores de nuestra historia en común tendieron a ignorarlo”. Hoy, con una nueva “administración”, que crece con prisa y sin pausa, al menos en buena parte de Occidente, esa relación a menudo, y deliberadamente, estereotipada en un vínculo de celos, envidias y competencia, está siendo revisada en toda su expresión. 

En la Argentina, esa hermandad renovada, parida a la luz de la discriminación, el acoso, el abuso, la violación y la muerte, generó colectivos de mujeres –como Actrices Argentinas, Periodistas Argentinas y otros que fueron reuniendo a músicas, abogadas, arquitectas, escritoras, etc.– que permitieron avanzar en la búsqueda de nuevas formas de reclamo, creación de agenda, manifestaciones públicas y apoyo a las víctimas de distintas formas de violencia contra la mujer cuyo máximo voltaje se alcanzó con la denuncia de violación de la actriz Thelma Fardin contra el actor Juan Darthés cuando ambos participaban en Nicaragua de una gira del ciclo de TV Patito feo. Ella tenía solo 16 años. 

Se trata de un vínculo, el de las sororas, en principio establecido por el género pero también por modos de entender el mundo, como el gran movimiento que provocó la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito, y de las demandas de igualdad de oportunidades en los más variados ámbitos, ya no solo “cupos” entregados como limosna de género. Y con otras armas que las del patriarcado puesto en cuestión y en busca de su deconstrucción.

Como señala la socióloga Karina Andrea Bidaseca en #NiUnaMenos. Vivas nos queremos (Editorial Milena Caserola), “el movimiento de mujeres inventó la sororidad para enfrentar la espiral del silencio y las violencias, evitando reproducir las violencias sobre otros. En mi mente siempre está presente una frase que repito en todas mis clases a mis estudiantes. La promulgó una gran mujer del movimiento feminista negro, Audre Lorde: ‘La casa del amo no se desarma con las herramientas del amo’. #NiUnaMenos es una nueva herramienta de lucha que podrá desarmar la violencia del amo”.

¿Cómo ser sororas?

•Dejemos de criticarnos las unas a las otras por la ropa que llevamos, el maquillaje que usamos (o no), el corte de cabello que tenemos, cada quién tiene derecho a elegir su expresión estética, ¿no?
•Basta de juzgar el cuerpo de las otras por estándares de belleza que no atienden a nuestras realidades, motivemos el amor por nosotras mismas. No califiquemos a otras como “fea”, “gorda”, “superficial”, valorémonos por lo que realmente somos.
•Basta de decirnos “putas” por decidir sobre nuestra propia vida sexual. Respetemos el derecho de cada una a elegir sobre su cuerpo.
•Paremos de juzgar a las mujeres que deciden no ser madres, o que ejercen su maternidad de formas no convencionales, no critiques sus decisiones reproductivas o familiares.
•Respetemos las relaciones sentimentales de otras mujeres, decidamos no entrometernos ni ser cómplices o partícipes de que alguna mujer sea engañada o humillada.
•Nunca asumas que una mujer está en puestos de poder por favores sexuales, nunca iniciemos rumores en contra de nosotras.
•Si ves que alguna mujer es víctima de violencia en cualquier escenario, ¡intervén!, bríndale apoyo comunicándote con las autoridades respectivas.
•No critiquemos a aquellas mujeres que siguen alienadas y contribuyen al machismo, recordemos que es un problema sistémico, ayudémonos a aprender y a crecer de manera constructiva.
•Paremos de juzgar a las mujeres que dan de lactar en espacios públicos, una madre tiene derecho a ofrecer el pecho a su niña/o donde quiera que estén.
•Apoyemos también a las otras feminidades, su lucha por la inclusión y la no discriminación también es nuestra.
•Dejemos de usar  frases como “juegas como nena”, “lloras como niña”, ¿desde cuándo ser nena, niña o mujer se convirtió en un insulto?, desnaturalicemos estos discursos.
•Convirtámonos en aliadas, en amigas, en compañeras y deconstruyamos la idea de que nacimos para ser enemigas. Somos diversas, con experiencias, conocimientos e historias diferentes, no nos señalemos con el dedo, apoyémonos para crecer.
(Publicado por María Cristina Maggi Gordon en el blog Onda Feminista)