Periodismo y transparencia

Abril 2012

Actualidad

Eduardo Aliverti es una figura referencial en el medio radial y representa una práctica periodística consustanciada con el pensamiento crítico. Es la voz de una audiencia, cada vez más ansiosa por saber qué pasa en esta sociedad y cómo se cocinan los hechos que lo sigue con mucha atención, interés y respeto, además de gusto. Crítico feroz del menemismo y de las políticas que condujeron el país al abismo económico, político e institucional, la gente aprendió a confiar en él, en su autonomía conceptual, que nunca confundió con una pretendida objetividad periodística que es parte del mito. Y eso porque siempre le habló a su público desde una posición ideológica clara, que no necesitó de los ocultamientos ni las mentiras, tan de moda en estos tiempos, para expresar sus opiniones, sus puntos de vista. 

En la actualidad, Aliverti sigue trabajando en Marca de Radio, un programa que ya entró en su décimosexto año en Radio La Red y que va todos los sábados de 10 a 13 horas. Los diálogos que ese día mantiene con el diputado Carlos Heller en el programa se reproducen todas las semanas en Cabal Digital. Conduce también Decime quién sos, ciclo de entrevistas que va los domingos de 10 a 11 horas en Radio Nacional. Y en la misma emisora un programa de boleros y literatura, Dos gardenias. También escribe una columna todos los lunes en Página 12 e hizo el año pasado en el Canal Encuentro el ciclo Los locos de la azotea, sobre la historia de la radio. Este año grabará la segunda temporada de ese programa y está trabajando para una serie de entrevistas para las nuevas señales digitales, concretamente para ACUA (Arbol de Contenidos Universales Argentinos), que calcula se estará presentando entre abril y mayo.
Todo esto sin descuidar su responsabilidad al frente de Eter, una escuela integral de periodismo, que comenzó siendo de radio, ubicada en Acevedo 262, en Capital. Sobre esta actividad pedagógica en la escuela, que tiene una radio propia en Internet, y algunos crepitantes temas de actualidad versó el sabroso diálogo que mantuvo con Cabal Digital pocos días antes de que terminara marzo.


En una nota que firmaste en Página/12 y en algo dicho en uno de tus programas recientes, al conmemorarse otro aniversario del golpe de Estado, destacabas la importancia de valorar lo mucho que ha cambiado la situación del país en estos diez últimos años. ¿Qué te impulsó a hacer esa reflexión? ¿Acaso la idea de que algo se pudiera estar adormeciendo en la conciencia social?                                                                                                                Con relación al aniversario propiamente dicho y el programa que hice ese día me pareció que se necesitaba, para contestar a tu pregunta de mayor a menor, una suerte de nuevo episodio realizacional por parte de un programa como Marca de Radio, que trabajase sobre la base de algo que sigue siendo para mí una deuda del período democrático y que es el señalamiento de la responsabilidad civil. Por eso armamos el programa como lo armamos, no solo en cuanto a los invitados que hubo, un fiscal, un escritor y una estudiosa del tema, sino también respecto del tramado artístico que le dimos al programa. No me parece, sin perjuicio de esto que acabo de decir, que haya músculos adormecidos en la conciencia social en relación a lo que el golpe significó. Me parece que de la mano de los cambios que se vivieron en los últimos años tampoco cabría pensar en eso si reparamos en ese claro fenómeno de militancia juvenil que ha aparecido, la irrupción de una pendejada mucho más comprometida en la política. Es cierto que a veces se marcha más a los tumbos, otros veces menos, pero hay algo nuevo que se nota en la calle, en las conversaciones que escucho. Y creo que soy un buen testigo de esto que digo porque lo constato en ese universo de centenares de alumnos que vienen a Eter, la escuela de comunicación que dirijo. Entre esos estudiantes se  percibe la existencia de una inquietud hacia lo social y lo político que hace diez años no se notaba ni de cerca.

 

Vos hablas de que no hay un adormecimiento en relación a lo que significó el golpe. ¿Y respecto de los impulsos que se necesitan para seguir avanzando en este actual proceso de cambios en la Argentina?
Si nos salimos de la percepción que se pueda tener en lo social en relación a lo militar, a lo que significó el golpe y el genocidio, y pasamos al estado de ánimo social respecto del presente, la verdad es que no noto tampoco que haya una situación grave en términos de perder de vista lo que se ha venido conquistando. Por eso, el cierre de mi columna en aquel programa tuvo más que ver con el trabajo que hacen los medios hegemónicos, que prefiero llamar medios dominantes, y no con la existencia de una supuesta caída en el estado de ánimo de la gente. Esos medios sí trabajan en forma permanente en el objetivo de deteriorar el ánimo de la gente mediante la estrategia de trasladar una continua sensación de caos, de peligros inminentes. O sea que, si tuviera que hacer una interpretación de mi propio metamensaje respecto de la nota a la que aludís en Página 12 o lo que dije en el programa radial, preferiría decir que hablé de los medios y de cómo pueden penetrar algún grado de la conciencia social en ese sentido. Y no porque avizore una etapa de dificultades. El otro día coincidíamos con alguna gente vinculada al kirchnerismo –y algo de esto también lo escribí- en que la situación que hoy se avizora es relativamente parecida a la de 2008, a propósito de cierto grado de conflictividad social que se ve, pero sin que esto suponga que vaya a aparecer un conflicto madre, como fue el choque con el llamado campo hace cuatro años. Sí te contestaría, y con esto redondeo lo que digo, que se puede llegar a percibir un cierto grado de adormecimiento en la gestión gubernamental. Se están dando a conocer ciertos pasos, esta nota se está grabando en plena presunción de alguna medida importante respecto de YPF, se han propuesto  modificaciones en el código civil y el comercial, se han producido algunos avances -en otros casos no- en lo que podría llegar a ser la despenalización del aborto más allá de que esto no esté en la agenda presidencial, se reformó la Carta Orgánica en el Banco Central, etc. Eso es verdad, no obstante lo cual noto un grado de entropía fuerte en el gobierno. Me parece que aquello que era un matrimonio político y que funcionaba efectivamente como tal, el de Néstor y Cristina, hoy ha dejado a la presidenta muy cerca de una situación, no digo de aislamiento, pero sí de reducción a un círculo muy reservado, de difícil acceso y poco presto a la escucha de críticas. Eso sí me preocupa más que lo que, supuestamente, pueda estar percibiendo la sociedad en términos de dificultades sobre todo económicas.
 

Para avanzar hay que moverse todos los días. Es un hecho que debe inculcarse en la sociedad.
Hay que moverse todos los días, pero no es posible lograr avanzar todos los días. Creo que se trata de la intensidad con que se avanza, de cuánto se resuelve avanzar. Cuando se sale de 2009 se avanza a través de líneas muy marcadas que no significaban avanzar todos los días, pero sí a través de ejes muy contundentes: la asignación universal por hijo y la ley de medios fueron, me parece, los dos aspectos más resaltables en ese sentido. Y respecto de cómo trabajar avance y administración de las mesetas que siempre se producen en la gestión de cualquier gobierno, cabe resaltar algunos errores sobre todo en la política comunicacional del gobierno. El modo en que este gobierno comunica está centrado en dos ejes. Uno es el eje de la figura presidencial, hay una excesiva concentración en Cristina a la hora de comunicar. En verdad desconozco si esto es así por una decisión de ella o por lo que significa su fortaleza comunicacional y la circunstancia de hecho que eso instala frente a lo que sería el default de quienes no pueden comunicar de la misma manera. Pero como quiera que fuere, hay una excesiva concentración de la comunicación en la presidenta, con todo el riesgo que eso supone de que su alta exposición provoque que algunas facturas que no le corresponden se cobren en su figura. El segundo problema, en mi opinión, es que la política comunicacional más que una política propiamente dicha sigue estructurada sobre la base de algunos programas, de algunos segmentos o productos televisivos, como podría ser el caso de  678, que me parece han sido y son todavía fundamentales en la batalla por construir sentido que se libra con los medios sempiternamente dominantes. Pero una política de comunicación no se puede limitar a un programa de radio, a una figura comunicacional que te es favorable, me parece que es un campo mucho más vasto.
 

¿Qué crees que pasa con la ley de medios?
Bueno, iba a decirte, a propósito de adormecimientos, que la aplicación de la ley de medios está parada. Y esa aplicación sí tendría que ver con una política comunicacional mucho completa que la que se ve hasta ahora.
 

¿Tenés pocas expectativas en que se aplique del todo?
Primero, hay una situación de parate en AFSCA, la Autoridad Federal de Servicios de Comunicaciones Audiovisuales, que espero se resuelva ahora, a partir de que han asumido sus nuevas cabezas designadas por el Poder Ejecutivo. Hay mucha disputa interna, mucho debate en el tema. Conozco esto. Hay ausencia en la adjudicación de licencias, en ese sentido la ley está administrativamente detenida. Y hay dos temas que siguen siendo preguntas que me hago y me hacía ya antes de la sanción de la ley de medios. Porque en definitiva una ley no es más que una herramienta que se usa mal, bien o no se usa. Un tema clave, ligado a los medios del interior, aunque no solo a ellos,  es el del financiamiento, el sostén que vayan a tener esos medios y cómo va a operar el Estado en cuanto a colaborar en ese sentido con los nuevos actores sociales: las universidades, los sindicatos, las cooperativas, etc. Me parece que eso está todavía muy viscoso. El otro tema es el de la capacitación. No se arman de la noche a la mañana nuevos actores de radio y TV. Y en este caso no estoy hablando de nuevos actores en el sentido del posicionamiento ideológico sino respecto a lo que es la profesión misma, al saber que hay que tener para hacer nuevos medios. Esto también viene retrasado. Tengo mis expectativas de que se pueda mejorar en ese aspecto y sé que algunas acciones se están encarando. De hecho yo mismo, a través de Eter, fui convocado para participar en programas de capacitación. Pero es algo que viene lento y como viene lento no hay comunicación al respecto. Y si no hay comunicación el perro se muerde la propia cola y se vuelve a lo que decíamos al comienzo de los errores en la política de comunicación, que están dando esa idea de adormecimiento en la gestión de gobierno, que quizás no sea tal. Acaso el adormecimiento esté en esa ausencia de derrame comunicacional acerca de de lo que se está haciendo. En ese punto sí vería una alerta a tener en cuenta.
 

Un asunto a discutir es cuánto es el tiempo que puede durar el apoyo estatal para permitir el despegue de los nuevos medios.
Eso remite al otorgamiento de créditos blandos, de subsidios, de una argamasa de acciones en las que necesariamente el Estado tiene que estar detrás, porque sino no es real que se vayan a poder sostenerse estos nuevos actores. Hay que ver cómo se equipa a esos nuevos actores, cómo interviene el Estado en todo esto. Yo sé que es un proceso largo y me da la sensación de que está más retenido de lo que esperaba a dos años de ser sancionada la ley. Falta adjudicar las pantallas en el interior, falta mayor energía en la adjudicación de señales, se va lento. Hubo errores severos, por ejemplo llevar a un costo  estratosférico (la cifra está en el orden de los 200 mil pesos) los pliegos de licitación para presentarse a la adjudicación de nuevas licencias. Eso dejó afuera a un montón de gente. Si se hizo o hicimos la ley para que después los pliegos de adjudicación, de acuerdo con su precio, fueran a seguir estando en manos de aquellos sectores que no son los que la ley quiere beneficiar sino los responsables de que la cosa siga así, estamos en problemas. Hablo de esto porque la sensación que pudiera haber, respecto de un gobierno que no avanza tanto como se supone que pudiera hacerlo, tiene en la no aplicación o aplicación defectuosa de esta política de  comunicación un punto de sustantiva importancia. Está claro que primero viene la política y después la política de comunicación, no hablo en perjuicio de eso, pero otro sería el cantar si el movimiento fuera más ligeros en este tipo de terreno.
 

Es decir, ¿que habría que transmitir con una mayor precisión las medidas que se están tomando o que tomarán en el futuro en ese campo?
Como te digo, muchas de esas medidas caen en el embudo de la figura presidencial. Y atención que esto puede llegar a generar agotamiento. El otro tema, para ser francos respecto de lo que comentamos, es que este no es un gobierno que carezca de figuras mediáticas. Me refiero a que hay personalidades, del tipo de lo que fue Aníbal Fernández al frente de la Jefatura de Gabinete, con rostros, voces y gestos muy aptos para dar la batalla comunicacional. Esto me interesaría señalarlo en forma puntual pues no me parece correcto que la presidenta, a pesar de su capacidad de oratoria excepcional, que hay que tener en cuenta, su figura, su estampa de mujer linda que sabe comunicar y es muy gestual, tenga que ser una figura exclusiva en ese terreno. Este es un gobierno que dispone de buenos cuadros mediáticos y políticos y en ese sentido no se juegan, no salen a la arena. A mi me consta, de charlar con varios de ellos y con otros referentes cercanos al kirchnerismo, que hay un grado de temor, y no menor, a opinar por las propias. Pero repito que esto forma parte del paquete de cómo se comunica en general.
 

El cambio de Aníbal Fernández por Juan Manuel Abal Medina dejó un hueco en ese frente comunicacional.
No te quepa ninguna duda, Fernández era como el carrilero, como lo era el Alberto Fernández como Jefe de Gabinete durante la etapa de Néstor Kirchner. En ese sentido decía que hay diferencias comunicacionales y que eso produce esta sensación que tengo de un gobierno muy entrópico, muy habitación de Olivos.
 

Qué difícil les resulta a ciertos gobiernos que apuestan a cambiar sus países abrir los debates que democraticen y hagan efectiva la participación de más gente.
Bueno, respecto de eso que decis, me parece que la ausencia de la figura de Kirchner ha jugado un papel relevante en esa dificultad porque, y ya que hemos hablado de internas hasta podríamos citarlas: la Cámpora, el sindicalismo más ortodoxo, etc., todo ese barro era administrado por Néstor, no por Cristina. Y, en ese sentido, la administración de la política cotidiana de gobierno, lo que se llama la gestión propiamente dicha, sufrió un golpe, porque se perdió a “un 24 horas por día todo terreno”, que conocía hasta la última disputa intestina de un pueblito de Santiago del Estero. Eso se perdió y no se reconstituye de la noche a la mañana en términos de liderazgo político. En este aspecto, el gobierno puede llegar a tener buenos articuladores de contactos institucionales pero no del barro, no de la cotidianeidad. Cuenta a su favor con una oposición que no existe, literalmente no existe, y sigue expresada en los medios de comunicación más poderosos, de lo contrario se estaría en problemas más severos. Es decir, las grietas que puede estar desarrollando u ofreciendo el gobierno no están en proporción al grado de aprovechamiento que una oposición activa podría hacer de ellas. Y quizás eso sirva para explicar por qué no hay una sensación de adormecimiento sino esto que pueden pescar  los tipos que están, sobre todo, en la cocina política de todos los días.  No me parece que el hombre de la calle esté preocupado, alterado, inquieto por fuera de algunas prognosis económicas que se hacen. Esas inquietudes son temas de consumo más del ambiente político periodístico.
 

Otra vez el famoso problema de los microclimas.
Es verdad, uno debe admitir que son los microclimas, pero eso no puede hacer perder de vista que en ese microclima es donde se deciden las cosas. Esto también es así.


Por lo demás, habría que decir que la actual inacción de la oposición no debería servir para tranquilizar la mirada de quienes deben actuar y a veces se detienen.
Yo señalaba en algunas columnas recientes que me parecía necesaria la reinstalación de una épica renovadora, que no implica pensar en la lucha o el avance todos los días, porque nadie tiene la energía necesaria para hacer eso, ningún gobierno. Pero creo sí que falta la instalación de una nueva agenda, que debería pasar por lo que se conoce como reformas de segunda generación. Bueno, ¿qué se hace con los recursos estratégicos? ¿Qué pasa con este modelo de minería? ¿Qué pasa con este  modelo energético? Me parece que en este sentido falta una nueva instalación de agenda, con una nueva épica, que necesariamente por el choque de intereses que supone significa recurrir con fuerza a la movilización y al apoyo popular.
 

Hay como atisbos, pero no se han vuelto a construir algunos grandes ejes movilizadores que se dieron incluso en la primera etapa de la gestión de Cristina.
Por lo que uno cree saber o intuir, o ambas cosas a la vez, sospecho que lo próximo que se viene, no sé en qué estadio estará la medida cuando este material se publique, es la estatización de YPF. En mi opinión es una decisión ya tomada y lo que hay es algún par de líneas de gobierno enfrentadas respecto del grado de intensidad que la medida pueda alcanzar.  En ese sentido sería absolutamente comprensible que un debate de esa naturaleza no adquiera carácter masivo, porque se habla de decisiones muy complicadas. Pero no tengo dudas de que hace falta ese tipo de reinstalación. Además, insisto en algo: primero viene la política y después la comunicación. No hablo de la necesidad de esa reinstalación porque favorecería la política comunicacional en tanto lo comunicacional es el efecto de una causa madre que es la política. Digo que es la política la que impone avanzar. El kirchnerismo, o como quiera llamarse a la administración de este modelo de consolidación del mercado interno, de bloque latinoamericano integrado y de cierta satisfacción de las necesidades populares, no tiene ningún avance que sea hacia delante y que no sea hacia izquierda. No hay profundización del kirchnerismo que no sea por izquierda. No tengo absolutamente ninguna duda. Y más aún, a valores del análisis de hoy si vos me preguntaras por una eventual salida hacia derecha a mediano plazo pensaría más que eso podría darse hacia adentro del propio peronismo que hacia fuera.
 

Hasta ahora no se le puede imputar ninguna derechización a este gobierno.
En verdad hasta ahora no ha habido en los hechos marcas de retroceso respecto de lo que se viene diciendo desde el 2003. Inevitablemente la realidad demuestra que no se ha obrado hacia la reinstalación de un ajuste bestial, ni en materia de discurso ni en materia de efectividades conducentes. Sí pienso que se debió actuar con más cuidado, con más generosidad, los adjetivos pueden ser varios, con la CGT. No había necesidad de abrir otro foco de conflicto como el que se abrió en un momento de crisis internacional. Pero en todo caso, estaríamos hablando de una torpeza, no de un retroceso.
 

Habría que pensar además que es inevitable que en la gestión de cualquier gobierno haya algún margen para las torpezas o los errores. Nadie es infalible.
Absolutamente. Pero por eso hablo más de torpeza que de retroceso.
 

Me gustaría preguntarte, volviendo al tema de los medios, ¿a qué adjudicas el nivel de virulencia y ceguera que se nota en cierta zona del periodismo argentino?
Si tuviera que fijar conceptualmente el comienzo de la respuesta a ese por qué, diría que debo referirme antes que nada a ese fenómeno de concentración multimediática primero y de concentración megacorporativa después, que se  produjo en el país. Porque si no se entiende que los medios expresan hoy intereses que van muchísimo más allá de lo periodístico, para internarse en el manejo de áreas petroleras off shore, de telefonía, de industria del entretenimiento y una vasta esfera de actividades, es imposible comprender por qué ven tanto peligro de afectación de sus negocios. Este gobierno ha obrado respecto de los medios con un grado de amplitud de combate discursivo que nunca se había visto en este país. Podríamos hablar durante horas sobre cuál fue la chispa que terminó de incendiar sobre todo la relación con Clarín y después en consecuencia, pero la verdad es que los medios, las corporaciones mediáticas ven en el kirchnerismo una amenaza que puede ser letal para sus intereses. Yo sinceramente no lo veo tan grave como ellos. Me parece que han quedado presos de una lógica de la cual ya no pueden retornar. A mi me consta que después de la última victoria de Cristina –y digo esto para referenciar el tema con un ejemplo muy concreto- hubo una catarsis muy difícil hacia adentro de Clarín. Y esto, en realidad, ocurrió más después de la victoria en las internas que en las elecciones presidenciales. Y terminó triunfando la línea Magnetto que es la de morir con las botas puestas, la de no dar ningún paso atrás respecto de cómo operar frente a un gobierno que claramente está dispuesto a seguir enfrentándolos. Hay muchos factores que para mi gusto, de lo que conozco de las internas de ese medio, que juegan a favor de la profundización del encono. Te digo algo: no fue tanto la sanción de la ley de medios como la estatización de las transmisiones de fútbol lo que terminó de exasperar al grupo Clarín. Para ponerlo en números concretos, porque si no hay un costado de abstracción en lo que decimos, la quita del fútbol le supuso a Clarín 3.000 millones de dólares menos en su facturación anual. Bueno, de esto estamos hablando cuando hablamos de intereses afectados. Y de eso ya no hay retorno, porque a partir de eso sobreviene un espíritu de venganza permanente, porque hay gente que considera que ya no tiene nada que perder. Este tipo de cosas no hay que perderlas de vista. Alguien cuyo nombre no puedo dar, pero del plano directivo más alto de Clarín, me dijo un día: esto no hubiera pasado con un Magnetto de los noventa. Un Magnetto de los noventa hubiera negociado, se hubiera sentado a hablar de otra manera, hubiera cedido de otra forma, y se hubiera tal vez impuesto de otro modo, con muchísima más inteligencia. Me refiero a eso cuando hablo de los factores que deben de tenerse en cuenta. Uno tiende a creer, frente a esta clase de enfrentamientos entre una corporación periodística y un gobierno, que todo es absolutamente producto de la macropolítica. Desde luego, finalmente termina siendo eso, pero el choque está insuflado por una cantidad de elementos ligados a enfrentamientos personales, a frases desdichadas o extemporáneas en determinado momento, que también juegan su papel. Igual, aun así, nada de lo que estoy diciendo es para tratar de justificar el grado de animadversión con que Clarín y La Nación, sobre todo Clarín, enfrentan al gobierno todos los días. Aun así sigo creyendo, tal vez como vicio profesional, que podrían no hacer tantos goles con la mano, que podrían escribir mejor, ser más inteligentes, ser menos bizarros o menos pornográficos.
 

De cualquier manera este enfrentamiento ha venido a trasparentar bastante las cosas en materia periodística. 
Sí, en cualquier caso, le ha venido bien a la Argentina. Me parece que a través del enfrentamiento Clarín-Gobierno se cae la última vaca sagrada. Se corren muchos velos, muchos mitos. Te quiero dar algunos datos gruesos pero duros. Por ejemplo, es notable como ha caído el interés en las carreras de comunicación, esto es en particular muy visible en la universidad de Buenos Aires donde se está hablando de cursos de radio, TV o periodismo que se cierran. Faltan interesados, entre otras cosas, porque se ha desmistificado mucho el supuesto papel impoluto del periodismo en esta sociedad y hay como consecuencia muchos pibes más avivados. Se terminaron los fiscales, los supermans, se terminó la credibilidad de los que hablaban desde una atalaya moralista presuntamente ajeno a cualquier tipo de presión o de interés. Y eso me parece algo relevante. Me imagino a alguien que pudiera estar leyendo esto en este momento y que preguntara: ¿Entonces usted está contento de que haya menos gente que estudie comunicación? Y la verdad que sí, porque es una caída de interés que transparenta las cosas. Prefiero menos gente estudiando este oficio pero interpretando que todos somos actores políticos. Porque de eso se trata. Prefiero un grupo más chico que un grupo mucho más grande de desconcientizados  respecto de lo que hablamos en relación al periodismo o la comunicación en general.
 

Es una etapa en la que el periodista puede decir desde qué lugar habla. Y cuando no lo dice se le nota igual, como pasa con tantos conocidos en esta hora.
Eso lo veo como un dato francamente positivo. No sé si es lo que opina la generalidad de mis colegas, porque más allá de los que hemos quedado de un lado de la trinchera o del otro, si lo vamos a ver en términos del enfrentamiento de corporación-gobierno, todavía subsiste alguna peregrina idea de que sería deseable el retorno de la vieja concepción liberal del periodista que investiga y que está dispuesto a todo y que siempre va a encontrar un amparo empresarial para investigar hasta las últimas consecuencias. Existe aún una creencia de esa naturaleza y cierta reticencia en el propio gremio a interpretar esta profesión como una pieza de carácter político de alta incidencia social, donde no existe la objetividad sino a partir de dejar claro el lugar ideológico desde el cual se habla. Todavía esa reticencia es  muy grande. Por un lado me satisface que siga sobrevolando cierto espíritu romántico sobre lo que es el periodismo, pero confundir espíritu romántico con tontería, con estar fuera de la realidad ya implica hablar de otro problema.
 

Hablame algo sobre Eter, cómo va la escuela.
Nos hemos transformado en una escuela de formación integral y no solo de radio. Es interesante destacar esto. Estamos viviendo una etapa muy atractiva. Los jóvenes están mucho más interesados, más inquietos por lo social. Y atravesamos en esta etapa el gran desafío de cómo adecuar los programas de estudio, el equipamiento y los docentes, nosotros mismos, yo mismo, al desarrollo de los nuevos paradigmas: la tv digital, el periodismo digital, el hecho de que, en función de los nuevos medios que aparecen, ya hablamos de una revolución electrónica y no del tema de ley de medios. Se está pasando de la etapa de la comunicación masiva a la expresión masiva. Me parece que, muy paulatinamente, se empieza a acabar el paradigma de que solo somos unos pocos los que escribimos y muchos los que nos consumen. Desde la radio por Internet hasta el blog, el sitio propio y una cantidad de herramientas cibernéticas, desde el desarrollo de las revistas digitales hasta las publicaciones barriales, hay un grado de expresión mucho mayor por parte de nuevos actores. Cuando hablamos de ley de medios de lo que se habla es de institucionalizarla definitivamente, pero mientras tanto hay una corriente por debajo, o por arriba según se quiera ver, en donde se produce ese verdadero desafío que hay que atender. Quiero decir: es esencial meter en la cabeza del alumno de comunicación que no solo debe pensar en el gran medio, que debe empezar a pensar y muy fuerte en el medio propio, ya fuere individual o colectivo, porque un colectivo puede ser una cooperativa, un encuentro de voluntades similares. Eso no es fácil de asimilar, ni en cuanto a cómo implementarlo ni en cuanto a despertar el interés y a cómo, despertado el interés, el alumno puede llegar a absorberlo para hacerlo carne. Pero vivimos una nueva etapa. Y creo que la escuela que no se adapte a la cantidad de herramientas que impone esto que llamamos la expresión masiva quedará  fuera del mercado, en el sentido de estafar expectativas.
 

Es interesante contemplar eso con realismo y ver también que la tecnología es un medio, no el fin en sí mismo.
Efectivamente, eso implica no caer en las tentaciones del extremo contrario que es suponer que la herramienta tecnológica te resuelve la calidad de los contenidos. Por favor que quede claro que, por mucha revolución de la que se pueda hablar en términos comunicacionales, siempre terminará estando el que escribe bien y el que escribe mal, quien dice mejor y quien dice peor. Esto es muy difícil de asimilar en el caso del alumnado y yo en ese sentido debo confesarte que he retomado esperanzas a partir de los últimos años de Eter, gracias a este grado de politización e inquietud social que se ve entre quienes vienen aquí, porque confieso que hasta hace unos años era tal el peso de la cultura clip, de todo pasa y nada queda, que en algún momento nos sentíamos abrumados –hablo del colectivo que dirige Eter- por el peso de esa lógica cultural que te venía impuesta. Lógica que venía a caballo, además, del patético grado de instrucción, llamémosle así para ser suaves, con que el pibe sale de la generalidad de las escuelas secundarias. En los últimos tiempos yo empecé a ver que eso se estaba empezando a revertir. Este año comencé a implementar una vez por semana el mecanismo de recomendar a todos los alumnos de la escuela una nota. Puede ser de un diario local, extranjero, una revista, y es increíble el grado de recepción que esa iniciativa genera. He recomendado notas provocativas sobre el paradigma tecnológico, la interactividad, pero ya venía viendo a partir del tipo de propuestas que generan los propios alumnos que algo estaba cambiando, por ejemplo cuando debían inventar una cobertura de móvil o proponer una producción para un programa o trabajar una monografía. Allí en los últimos dos o tres años vienen apareciendo propuestas para abordar problemáticas que antes eran casi inexistentes. Y no hablo de elementalidades como cubrir un acto político, una marcha o una manifestación, hablo de preocupaciones relacionadas con lo que pasa en la minería, en la ecología o con la contaminación o el movimiento piquetero visto desde una perspectiva sociológica. Esto era algo impensable hace algunos años y está cambiando. Me parece un síntoma más que positivo.

                                                                                              Alberto Catena