Taty Almeida, una madre parida por su hijo

Febrero 2014

Actualidad

La historia de Taty Almeida es como la de muchas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la desaparición de sus hijos y nietos durante la última dictadura militar, las convirtió en las más aguerridas militantes.

Hay una anécdota que Taty suele contar que refleja hasta que punto profundo la desaparición de su hijo cambió sus ideas, su identidad, su vida.  Su hijo Alejandro solía decirle en chiste y mientras la abrazaba que ella era “una gorilita” pero que “sin embargo la quería”.  Tati lo reconoce, cuenta que así era, que antes de la desaparición de su hijo estaba ciega a la realidad de entonces y que eso cambió al punto de sentir que fue parida por su hijo, según sus propias palabras.

“Quisiera decirte mamá que parte de lo que fui /lo vas a encontrar en mis compañeros (…) Si la muerte me sorprende /de esta forma tan amarga, pero honesta, /si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, /dejaré el aliento el último aliento, /para decir te quiero." Eso había escrito Alejandro Almeyda un poco antes, el 13 de enero de 1975.


    Taty Almeida es Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea fundadora. Nació en 1930 en Buenos Aires en el barrio de Belgrano. Es hija de padre oficial de Caballería y de madre descendiente de una familia muy tradicional de Paraná, Entre Ríos. Eran cuatro hermanos, tres mujeres y un varón. Su hermano varón fue coronel y sus hermanas se casaron con oficiales de Aeronaútica. Ella se casó con Jorge Almeida que así se convierte en el único civil en la familia de Taty.


Criada en ese ambiente creyó siempre que los males del país venían de la mano del peronismo, inclusive en los primeros tiempos luego de la desaparición de su hijo. Taty insiste en aclarar la importancia de tener en cuenta que su hijo desapareció bajo el régimen constitucional, aunque no democrático, de Isabel Martínez de Perón, y de la Triple A, el brazo armado paramilitar que López Rega dirigía.


El 17 de junio de 1975, Alejandro Almeida de 20 años fue secuestrado y desde entonces permanece desaparecido.  Estudiaba medicina y trabajaba en la agencia de noticias TELAM.  Avisó a su madre que como al día siguiente tendría un parcial no iría a trabajar, fue lo último que se supo de él. “Esperame que ya vengo” es lo último que su madre le escuchó decir. Taty entonces recurrió a su entorno militar, considerando que los verdaderos y únicos responsables del secuestro de su hijo eran del gobierno peronista. Tanto que incluso en el 76, cuando se produjo el golpe de Estado, creyó que sí podría saber el paradero de su hijo. La realidad le demostró de manera dramática que ninguno de los militares que su familia conocía haría nada por ayudarla. Desde ese momento se alejó definitivamente de sus amistades y así comenzó a escribir otra historia, nacía así una nueva Taty Almeida.


Además de la madre de Alejandro, Taty es madre de Jorge y Fabiana. Fabiana tiene cuatro hijos: Alejandro, Manuel, Nacho y Julián. Jorge se fue a España en el año 78 se casó con una  catalana y tiene dos hijos mellizos de 22 años.
En 1979 junto a su yerno se acercó por primera vez a la Plaza de Mayo luego de haber escuchado hablar sobre las Madres. Decidió acercarse un jueves a las tres de la tarde, allí preguntó por la casa de las Madres. Unos días después fue a las oficinas que funcionaban en la calle Uruguay junto a su hija. No solo se encontró entonces con otras madres sino que se enfrentó a una pared llena de fotos, reflejo del espanto de lo que se estaba viviendo en el país y de las políticas de exterminio, torturas y desaparición que se estaban llevando a cabo en los últimos años. De ese día recuerda Tati que se le acercó María Adela Carpi Antocolez y le dijo que allí no se preguntaba quién era cada una sino quién le faltaba. Así se encontró con otras dos madres cuyos hijos habían desaparecido en el año 75, Esther Sánchez y Nelly Stagnaro.


Entonces, Taty nada sabía del compromiso político de su hijo. Buscando entre sus papeles descubrió una agenda que le revela su militancia. Tati luego supo que era militante activo del ERP. En la agenda él había escrito entre otras cosas algunos poemas, uno de los cuáles estaba destinado a ella en caso de que algo le sucediera. Para su madre descubrir esta militancia fue un motivo de orgullo. Tanto que sus escritos se convirtieron en libro en el año 2008: Taty sentía la imperiosa necesidad de compartir las palabras de Alejandro con las generaciones que lo sucedieron. El libro lleva por nombre “Alejandro, por siempre…amor”, y contiene los veinticuatro poemas encontrados en la agenda de su hijo, además de recuerdos, testimonios de familiares, amigos y comentarios de lectores.


En 1985, Taty participó en una actividad en Ciudad Universitaria donde por primera vez se encontró con compañeros de militancia de su hijo. Así se enteró, entre otras cosas, de que algunos de ellos lograron exiliarse porque él sabía sus nombres y dirección y sin embargo, cuando fue secuestrado, no habló.
Así, desde el dolor y la necesidad de lucha, nacía esta otra mujer, la que hoy siente ella que en nada se parece a la que la precedió, la Tati del pasado. A los 83 años continúa luchando y honrando la memoria de su hijo, que es su orgullo y su amor.


Ha dado la vuelta al mundo llevando el mensaje que siente heredó de Alejandro y al al que no está dispuesta a renunciar. Quizás Alejandro se equivocaba y su madre de gorila no tenía nada, piensa ella. Al final, cuando Taty supo lo que pasaba no dudó en cambiar su posición y abrazar, también, como su hijo y sus treinta mil compañeros asesinados, la bandera de la justicia social.