Temporada de mosquitos

Noviembre 2016

Actualidad

Pequeños, casi insignificantes, con la llegada del calor se vuelven especialmente molestos. Pero lo realmente preocupante es la capacidad que tienen de transmitir enfermedades infecciosas. Responsables de más de un millón de muertes al año, solo el Aedes aegypti, vector del dengue, tiene en vilo a un tercio de la humanidad. Una bióloga especializada en el tema explica sus características y detalla las medidas de prevención para evitar males mayores.

Las enfermedades transmitidas por vectores, como algunos mosquitos, representan más del 17% de todas las enfermedades infecciosas, y provocan cada año más de 1 millón de muertes. Además, hay más de 2.500 millones de personas, en más de 100 países, que corren el riesgo de contraer dengue. Por otra parte, el paludismo provoca más de 400.000 defunciones en todo el mundo, la mayor parte de ellas entre niños menores de cinco años. Muchas de las enfermedades son prevenibles mediante medidas de protección fundamentadas. Los datos y cifras de la Organización Mundial de la Salud también indican que los mosquitos son los vectores de enfermedades mejor conocidos. El Aedes, por ejemplo, transmite el dengue, la fiebre del Valle del Rift, la fiebre Amarilla, el chikungunya y el zika, mientras que el Anopheles transmite el paludismo y el Culex hace lo propio con la encefalitis japonesa, la filariasis linfática y la fiebre del Nilo Occidental.

En América Central y América del Sur la principal enfermedad transmitida por mosquitos que actualmente afecta a sus países es el dengue. Pero desde 2014 se han introducido en el continente dos virus de origen africano y asiático: zika y chikungunya, respectivamente, responsables de numerosas epidemias en el continente (Brasil reportó en el 2016 más de 100.000 casos de estas dos arbovirosis), con el agravante de que la población de la región no cuenta con anticuerpos contra ellos. Además de Aedes aegypti, estos virus son transmitidos por otra especie de mosquito originaria de Asia, que desde 1985 fue detectada en América y desde 1998 en la Argentina, en la provincia de Misiones: el Aedes albopictus.

Pero, ¿qué función tienen los mosquitos en la naturaleza? Marina Stein, doctora en Biología, investigadora adjunta del Conicet y responsable del área de Entomología del Instituto de Medicina Regional de la Universidad Nacional del Nordeste, señala que, como cualquier animal o ser vivo, cumplen un rol dentro del ecosistema que habitan, pero ese rol no está en directa relación consigo mismos o con el hombre, sino que son parte de un sistema complejo, cumpliendo una función en el flujo de energía y en el ciclo de los materiales y cualquier cambio en uno de sus componentes puede alterar todo el ecosistema. “El hombre —explica— está acostumbrado a pensar en que lo que no le es útil de manera inmediata o directa o lo perjudica entonces ‘no sirve’ o no cumple ninguna función útil, siempre en el sentido sinantrópico, es decir en relación con él. Los mosquitos son parte de un ecosistema en donde pueden servir de alimento a otros animales, tanto vivos como sus restos orgánicos, pero también pueden interactuar con otros en beneficio de ellos mismos o de los demás. Si pensamos en beneficio del hombre, solo el 6% de las más de 3.500 especies conocidas de mosquitos se alimentan de sangre (hematófagas), es decir que ‘molestan al hombre’. Hay otras especies, cuyas larvas se alimentan de larvas y/o pupas de mosquitos y que no son hematófagas, por lo que podrían ser hasta ‘beneficiosas’ para el hombre”. La bióloga indica que la historia evolutiva de los mosquitos se remonta a más de 100 millones de años, por lo que antecede mucho al humano, que tiene una “corta historia” de 4 millones de años sobre la Tierra. “Tal vez cabría preguntarnos: ¿Podremos resistir tanto como estos insectos?”.

Del mismo modo, considera que no es posible calificar a los mosquitos como “buenos” o “malos” según contagien o no enfermedades porque “asignar cualidades humanas a los animales puede ser un arma de doble filo. Por un lado, en algunos casos puede generar empatía y de esa forma proteger a la especie animal, pero por otro puede generar antipatía y causar su extinción. Son cualidades o calificativos humanos que no aplican a los animales, que responden más a estímulos e instintos”. Sí explica algunas de las características que debe reunir una especie de mosquito u otro insecto para ser considerado vector, entre las que se encuentran su capacidad para infectarse con un patógeno y que el patógeno pueda multiplicarse en él y a la vez pueda salir de él hacia una fuente susceptible o libre de infección. Por otro lado, estar en contacto con el hombre o con animales desde donde obtiene el patógeno y a quien se los transmite. “Otro aspecto importante es la abundancia de la especie de mosquito, es decir, debe ser abundante para poder generar muchos encuentros con los hospedadores, ya sean sanos o infectados. Y debe vivir lo suficiente para que una vez infectado con el patógeno pueda transmitirlo”.

¿Por qué aparecen, en algunos casos de manera amenazante, en los meses de calor? ¿Qué pasa durante los meses de frío? Dice la doctora Stein que hay épocas del año en las que las diferentes especies pueden ser más abundantes que en otras, pero que no todas las especies de mosquitos se ven afectadas o favorecidas por las mismas condiciones climático-ambientales. Para cada especie hay ciertas características ambientales que le son más o menos favorables. “Si nos referimos a Aedes aegypti, vector de dengue, fiebre amarilla, zika y chikungunya, entre otros virus, decimos que la época de mayores temperaturas y precipitaciones es la más favorable para la reproducción. Y que las bajas temperaturas del invierno (por debajo de los 13°C) afectan a las hembras y machos adultos y mueren. Pero los huevos resisten esas bajas temperaturas y menores aun, pasando el embrión todo el invierno dentro del huevo. Cuando las condiciones mejoran y los huevos son inundados con las lluvias estivales entonces eclosionan y completan su ciclo, teniendo nuevas poblaciones de adultos”. Y agrega: “Aedes aegypti no es la única especie que presenta esta característica. Las llamadas ‘especies de inundación’ aparecen de manera explosiva en grandes cantidades debido a que pasan el invierno como huevo y con las primeras precipitaciones eclosionan y pueden completar el ciclo de desarrollo. Esto ocurre muchas veces en los parques de la ciudad de Buenos Aires con las apariciones de la especie Ochlerotatusalbifasciatus, que las autoridades y la población suelen confundirla con Aedes aegypti”.

Respecto de la prevención, Stein explica que el vector del dengue es un mosquito urbano cuyas hembras depositan los huevos en la superficie interna de recipientes artificiales. “Estos recipientes, que llamamos hábitats larvales, porque en ellos pueden desarrollarse las larvas, pueden encontrarse en las viviendas o cualquier otro tipo de sitio dentro del ambiente urbano (cementerios, gomerías, chacharitas, depósitos judiciales de autos, etc.). Es decir, podemos encontrar huevos, larvas y/o pupas de esta especie en todo tipo de recipiente capaz de colectar un poco de agua (neumáticos, tanques, tachos, baldes, floreros, chatarras, etc.). Cualquier depósito o recipiente que contenga agua y permanezca sin cambiarse por más de una semana puede ser un potencial hábitat para este mosquito. Por lo que la medida más efectiva para evitar que se reproduzca es evitar que las hembras del mosquito puedan depositar sus huevos en estos recipientes. ¿Cómo hacemos? Si el recipiente no sirve lo limpiamos y tiramos o disponemos adecuadamente para que no sirva de criadero en otro lugar; si es un recipiente que sirve, lo limpiamos y guardamos; si necesitamos acumular agua en un depósito, es necesario taparlo para evitar que la hembra ingrese y deposite los huevos. Los neumáticos deben estar bajo techo, los floreros en cementerios debemos evitarlos. La población debe tener un servicio de agua potable de red eficiente sin cortes, para evitar que la población deba acumular agua. La disposición de los elementos producto de los descacharrados debe ser adecuada, evitando llevar los criaderos de un lado a otro de la ciudad. Las campañas de prevención deben realizarse de manera permanente, no solo en verano”.

Sobre las molestias ocasionadas, al margen de las enfermedades, la especialista señala que es necesario que tengamos en cuenta que los insecticidas no deben arrojarse indiscriminadamente y en cualquier ocasión. “Los productos que observamos se rocían con camionetas u otros equipos, solo se lo debe hacer en momentos de epidemia, es decir cuando ya hay transmisión del virus y debemos matar a la población de mosquitos adultos para evitar que se propague. La forma correcta de actuar está reglamentada y las autoridades la conocen. Hay personal capacitado, momentos, lugares y formas correctas de realizar el control con insecticidas y esto debe cumplirse o hacerse cumplir. En los momentos en los que no hay epidemia debemos prevenir actuando sobre los criaderos”.
Respecto de los repelentes, indica que los más efectivos son los que contienen DEET, comercializado por marcas muy conocidas. Los repelentes caseros, en cambio, no tienen demostrada su eficacia, no solamente que efectivamente repelan, sino también la duración. “La citronela —concluye— se utiliza pero como repelente ambiental, no para el cuerpo. Del resto no hay estudios que avalen su efectividad”.