Serotonina

Febrero 2019

Entretenimientos

Uno de los libros recomendados de este mes es Serotonina de Michel Houellebecq publicado por editorial Anagrama

Caso paradigmático el del escritor francés Michel Houellebecq, un narrador que suele transformar sus libros en seguros best sellers para las editoriales que lo promueven y, por lo tanto, en pródigas fuentes de altas ganancias, algo que no suele ser hoy muy común en esta época de vacas flacas para muchos autores. Serotonina tuvo una tirada de 350 mil ejemplares en su primera edición a comienzos de enero, cuando lo usual en Francia es que un libro no pase de los 5 mil. No solo eso: a los pocos días, el libro estaba circulando ya traducido a varios idiomas, incluido el español, y tenía comentarios críticos en la mayor parte de las capitales del mundo. Varios factores han coincidido en este éxito: una fuerte cobertura mediática que el novelista siempre está dispuesto a estimular –lo más reciente fue su casamiento con una joven estudiante de su obra celebrada a todo trapo y con muchas cámaras- y, últimamente, algunos hechos resonantes producidos en su país que parecían haber sido anticipado por sus historias. 
      
Sin duda el de mayor resonancia fue cuando se publicó su anterior novela, Sumisión, que narra las desventuras de un profesor universitario al que se le mueren sus padres, su novia lo deja para irse a Israel y, en medio de un clima donde todo parece conducirlo al suicidio, se convierte al islamismo, que súbitamente en ese tiempo futuro en el que se despliega la historia  llega al gobierno de Francia de la mano de un líder carismático. El lanzamiento de ese libro tuvo lugar el día de la masacre en la revista satírica Charlie Hebbo, con lo cual no se cumplía la distopía del ascenso de los musulmanes al poder, pero sí promovió una serie de sospechas de que él estaba relacionado con esa corriente política y religiosa, cuestión que lo introdujo en una intensa depresión y una serie de problemas que lo hicieron desaparecer por un tiempo de los lugares públicos que solía frecuentar. Por efecto contrario, la publicidad al libro creció de una manera espectacular y las ventas se multiplicaron.
        
Serotonina, que cuenta la vida de Florent-Claude Lebrouste, un agrónomo de 46 años, también acosado por la angustia generada por los fracasos amorosos y entregado al consumo de un antidepresivo que le provoca impotencia y desaparición de la libido, dedica, como es habitual en Houellebecq, varias páginas a la crítica de distintos problemas que aquejan la actualidad de su país y del globo: la extranjerización de tierra, las crueldades del capitalismo salvaje, la existencia convertida en un supermercado, la ausencia de felicidad en las personas y, en especial, en sus personajes, etc. Y entre ellas, anticipó también, mediante la descripción de la crisis agraria en Francia, la aparición de las protestas campesinas que se vincularon al fenómeno de las manifestaciones multitudinarias de los chalecos amarillos. Visión que, otra vez, le permitió suscitar una atención privilegiada de los lectores y tener nuevos éxitos de venta. Nadie podría negarle a Houellebecq sus condiciones literarias y mucho menos la potencia de su denuncia a la decadencia de la sociedad occidental del siglo XXI. Y es legítimo que quienes hayan leído varios de sus títulos (Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales, El mapa y el territorio, Plataforma, entre otras) encuentren siempre en ellos buenos motivos para abordarlos.
        
Serotonina no es una excepción a esa regla. Tiene un personaje fuerte, muy obsesionado por el sexo y el fracaso amoroso; abundante nihilismo, pasajes de lirismo y buena prosa, pero también momentos en que la trama decae y algunos tics que reaparecen. Aquellos que han hecho de su lectura una adicción encontrarán una nueva oportunidad para regocijarse con algunas de sus virtudes más probadas. Los que lo lean más distanciados, conociéndolo ya, no disfrutarán al mejor de los Houellebecq, pero tampoco saldrán defraudados y podrán encontrar en su narración momentos de reconocible calidad literaria. Y lo que en él es una constante: una crónica virulenta de los vicios del mundo contemporáneo, entre ellos los del cinismo y la indiferencia por la suerte ajena.