Con la música a todas partes

Junio 2017

Tecnología

Ya sea escuchando por streaming o comprando discos y canciones en tiendas virtuales, el MP3 destronó claramente a los soportes físicos.

La era digital ha cambiado radicalmente los hábitos de consumo cultural. La música, tal vez la forma artística más venerada y extendida, es probablemente junto con el cine la que más fácilmente se ha adaptado a las nuevas tecnologías. Si la literatura encuentra aún en el formato libro su principal soporte, las canciones hoy se consumen con mucha más naturalidad a través de teléfonos, computadoras, tabletas, reproductores de MP3 y televisores que con CD, casetes o vinilos.

Para que ello sucediera fue fundamental la invención del formato de codificación de audio conocido como MP3, que se le atribuye al alemán Karlheinz Brandenburg. Luego de varios años de ensayos, en los que se buscaba comprimir una canción pero con el menor “costo” posible en calidad, en 1995 Brandenburg nombró con la hoy conocida extensión .mp3 a las pistas musicales que tenía en su computadora. Desde entonces hubo mejoras en el sistema naturalmente, pero el primer gran paso para la difusión de audio a través de internet ya estaba dado.

La historia de la música digital no puede ser contada sin el emblemático caso Napster, primer gran emergente de la aún irresuelta disputa que surgió entre la industria discográfica y la tendencia a compartir y descargar música a través de la web. Creado por un joven de 19 años llamado Shawn Fanning a fines de 1999, ese software que permitía el intercambio gratuito de archivos musicales a través de internet se popularizó tan rápido que mucho más inmediata fue la reacción de las compañías y de algunas bandas (el baterista de Metallica Lars Ulrich entre ellos) para demandarla por violar los derechos de autor. De nada sirvieron argumentos como que responsabilizar a Napster por la piratería on line era como culpar a las empresas de casetes o CD vírgenes de fomentar la piratería off line. El caso es que Napster perdió y hacia mediados de 2001 ya era historia, aun cuando tiempo después se reinventara como un servicio pago.

Cancioneros virtuales
La batalla judicial contra Napster representó para la industria, en aquel momento, un triunfo a medias, pues así como sus servidores fueron clausurados, enseguida proliferaron un sinnúmero de sitios y aplicaciones similares, como Ares, Emule, Kazaa y tantos otros. Sin embargo, poco más de 15 años después hay que decir que la balanza se terminó de inclinar favorablemente hacia las discográficas. Y lo hizo a través de un equilibrio en el que todos parecen ganar: las empresas siguen cobrando por los derechos y los usuarios pueden seguir escuchando música por internet. Aunque ya no sea tan sencillo hacerse de la discografía completa de, por ejemplo, The Rolling Stones con apenas un clic y unas horas de espera, hay distintas maneras de hacerlo. Aquí, las más conocidas.

YouTube. La popular plataforma de videos adquirida por Google en 2006 es el sistema más utilizado para escuchar música en la web. Solo basta ingresar en ella y escribir el nombre de una canción o de un álbum en su buscador para que aparezcan una enorme cantidad de opciones, incluso compilados que reúnen lo mejor de un artista. Pero como además se puede elegir la opción de reproducción continua, una vez que concluye el tema o el disco elegido, automáticamente se ejecutarán videos relacionados. Y por último, para quienes desean descargar a su computadora el archivo, también es posible hacerlo a través de sitios y aplicaciones que convierten el audio de un video en un .mp3.

Streaming

Spotify. Otra de las formas más populares de escuchar música hoy es esta aplicación que transmite vía streaming. A diferencia de YouTube este es un software que primero debe descargarse y que exige una configuración de cuenta, pero una vez realizado este proceso se puede acceder desde cualquier dispositivo y conservando la “biblioteca” de discos y canciones que uno se puede ir armando. Fue lanzado en todo el mundo en 2009 y ofrece un servicio pago y uno gratuito. Este último tiene menor calidad de sonido y publicidades. La empresa tiene acuerdos con las principales compañías discográficas del mundo.

 

Deezer. Aun cuando es un par de años más antigua que Spotify, la empresa sueca la supera en cantidad de usuarios. De origen francés, ofrece un modelo bastante similar. La ventaja frente a Spotify, según los especialistas, radica en que comparando los servicios pagos de ambas aplicaciones la calidad de audio de Deezer es un poco superior. Para algunos esa diferencia compensa el hecho de que la navegación es un poco más fácil en Spotify. Además, Deezer tiene más canciones que Spotify, aunque en este punto es más importante qué tipo de material tiene cada una más que la cantidad.

Compra legal. La tendencia a la hora de escuchar música digital es hacerlo por streaming, como YouTube, Spotify, Deezer y una larga lista de sitios y aplicaciones que también ofrecen ese servicio. La ventaja es que de esa manera no se ocupa espacio en el dispositivo. Sin embargo, hay quienes siguen prefiriendo disponer de las canciones en su computadora para luego armar su propia biblioteca. Ante el retroceso de los softwares que permitían el intercambio gratuito de archivos, la opción que consolidó la industria son las tiendas virtuales de música. Amazon, el pionero iTunes de Apple, eMusic y hasta Napster se encuentran entre los referentes principales de este formato. De la misma manera, muchas bandas ofrecen esta posibilidad de comprarles directamente a ellos el álbum en .mp3.

Ya sea por la vía del streaming o de la descarga, la música digital le está ganando a los viejos formatos. Por supuesto que este hábito convive con tendencias como el revival de los vinilos y con los melómanos que aún gustan de tener sus discos preferidos en cajitas, pero esta forma de consumo pasa a ser vista cada vez más como una excentricidad. Y es que con el .mp3 toda la música se puede llevar a todas partes.