Antofagasta de la Sierra en Catamarca

Septiembre 2017

Turismo

Volcanes y salares en medio de la Puna de Catamarca a los que se accede desde un pueblito con menos de mil habitantes pero con servicios para recibir al turista.

Enclavada en lo que se conoce como Puna Catamarqueña, a 3300 metros sobre el nivel del mar, Antofagasta de la Sierra es una pequeña localidad que no llega a los mil habitantes, mayoritariamente descendientes de los pueblos originarios diaguitas y atacameños. Es, sin más, un paraje perdido en medio de la montaña. Sin embargo, su atractivo es enorme, porque funciona como antesala de volcanes y salares que componen un paisaje único.

Lo primero que hay que saber es que Antofagasta de la Sierra está a casi 600 kilómetros de la capital provincial, San Fernando. Esa distancia de las grandes urbanizaciones hizo de este poblado como de tantos otros cercanos un lugar en el que casi no se advierten señales del progreso. Pero es una zona con una historia cultural riquísima, pues hay constancia de que está habitada por grupos humanos desde hace unos diez mil años. Los pobladores de aquel entonces solían utilizar cuevas y otros refugios naturales para protegerse de un clima bastante inclemente, con una amplitud térmica muy grande.

A pesar de ese tinte tan tradicional, Antofagasta de la Sierra cuenta con servicios de alojamiento y de excursiones para que el turista aproveche toda la belleza que la rodea. Entre las visitas obligadas para quienes llegan hasta allí está el Salar de Antofalla, curioso por su forma: tiene unos 150 kilómetros de largo y su ancho nunca supera los 12.

Casi en el límite con Salta está el otro salar famoso de la zona, el Salar del Hombre Muerto. Gran reserva de litio, esta zona supo ser explotada por los jesuitas, quienes dejaron una serie de construcciones hoy en ruinas y que llaman poderosamente la atención. Se puede observar lo que fue una iglesia y varias casas que se usaron como asentamiento para extraer oro.

A 63 kilómetros de la villa de Antofagasta está el Campo de Piedra Pómez, una gran extensión con ese mineral utilizado para tratar afecciones de la piel. Con formaciones rocosas que talladas por el viento ofrecen curiosas figuras, se puede recorrer en vehículos con doble tracción, cuatriciclos, bicicletas de alta montaña y caballo.

En cuanto a los volcanes, el más impresionante es el Galán, que con una boca de 34 kilómetros de norte a sur y de 24 kilómetros de este a oeste tiene el diámetro más grande del mundo para este tipo de formaciones. La caldera del volcán tiene un atractivo científico enorme, porque recrearía las condiciones que existían en la Tierra en los orígenes de la vida: poco oxígeno, mucha radiación ultravioleta, agua con altísimos niveles de salinidad y arsénico y nada para comer.

El volcán Antofagasta, por su parte, se formó en el Holoceno, por lo que es uno de los más jóvenes de la región. Llegando a él se transita por campos de lava y se puede subir con mediana dificultad hasta los 3500 metros. El volcán Alumbrera es otro gigante dormido, con un cráter más profundo, aunque un poco más alejado.

Antofagasta de la Sierra es, sin duda, un destino turístico distinto.

 

Cómo llegar
En avión se puede arribar a la capital San Fernando del Valle de Catamarca. Desde allí se llega a Antofagasta de la Sierra por vía terrestre a través de la Ruta Provincial 43.

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