Con los pies lejos de la tierra

Septiembre 2018

Turismo

Aladeltismo, parapente, paracaidismo, vuelos en planeador, en globo aerostático o de bautismo en pequeñas aeronaves permiten disfrutar del paisaje de un modo más libre y audaz.

El deseo y la imposibilidad del ser humano de volar por sus propios medios, como los pájaros, hizo que desde el fondo mismo de la historia, mitos griegos como los de Dédalo y su hijo Ícaro se encargaran de poner como norte esa ambición. Más cerca en el tiempo, Leonardo da Vinci proyectó la posibilidad de volar por medios mecánicos pero no logró su cometido. Hasta que los hermanos Orville y Wilbur Wright consiguieron hacer volar un artefacto a motor en el año 1903. Hoy, las posibilidades de volar están al alcance de la mano, incluso a bajo costo, por diversos medios. Pero hay otros modos, por lo general más artesanales aunque igualmente seguros, para tratar de emular a las bestias aladas, aunque sea por un rato. “Una vez que hayas probado el vuelo, caminarás sobre la tierra con la mirada levantada hacia el cielo, porque ya has estado allí y quieres volver”, decía Da Vinci, que nunca perdió la ilusión.

serie de actividades deportivas o recreativas nos permiten cumplir el sueño de volar en libertad. Y la Argentina, en su extenso y diverso territorio, ofrece alternativas para conseguirlo, como otro imán de atracción turística, nacional e internacional. Vuelos de bautismo en pequeños aviones o planeadores, paseos en globo o helicóptero, aladeltismo, paracaidismo y parapentismo están disponibles en distintas zonas del país, mayormente en sitios de belleza natural que puede apreciarse desde el aire de una manera única.

Para la práctica del parapente, una actividad relativamente nueva y bastante popular, hay distintos escenarios. Villa Traful, provincia de Neuquén, por ejemplo, con zonas de despegue y aterrizaje prefijadas y cierta dificultad por los vientos. Por eso, aquí y en todos los destinos, antes de la partida se dan instrucciones precisas para llegar a destino sin inconvenientes. En la mayoría de los casos los vuelos se hacen en tándem, es decir en compañía de un instructor. Desde lo alto se puede observar el lago Traful, el volcán Lanín y el cerro Tronador, entre otras atracciones naturales.

También se practica parapente en Loma Bola, en las afueras de San Miguel de Tucumán, que presenta condiciones de despegue y climáticas ideales para la práctica segura durante todo el año. Funcionan varias escuelas de vuelo y se realizan encuentros nacionales e internacionales de la especialidad. Los vuelos de bautismo duran 15 minutos. Otro destino recomendable para el parapente es Cuchi Corral, a 18 kilómetros de La Cumbre, provincia de Córdoba, tanto para principiantes como para profesionales de este deporte aéreo. Los especialistas consideran que el lugar presenta características climáticas, orográficas y meteorológicas ideales para la actividad.

El parapente también se practica en Tinogasta, al sudoeste de la capital catamarqueña, donde también hay aladeltismo. En ambos casos, con la posibilidad de volar sin compañía para quienes tienen experiencia, o en tándem con un instructor para los que están haciendo sus primeras armas en el aire. En la misma región, se puede volar en Famatina, a 200 kilómetros de la ciudad de La Rioja. El lugar preciso es Cuesta Vieja, a solo media hora de la ciudad de Chilecito. Desde el aire se observan los típicos paisajes lunares de la zona, la Sierra del Velasco y la ruta 40. Los vuelos, con o sin instructor, duran entre 20 y 40 minutos, según la velocidad de los vientos.

paracaidismo

Lo mismo en General Roca, provincia de Río Negro, y en Puerto Madryn, Chubut, donde los vientos permiten apreciar desde el aire la costa atlántica y el mar. En la misma zona patagónica hay opciones de vuelos en parapente en El Bolsón, que permiten disfrutar de las bellezas del bosque andino en el Paralelo 42 partiendo del cerro Piltriquitrón en una plataforma ubicada a 1.150 metros sobre el nivel del mar. En la provincia de Buenos Aires, Sierra de la Ventana es otro escenario ideal para el parapente, y de gran demanda. Conocedores y principiantes disfrutan de las amables laderas y pendientes de la zona, con suaves despegues y aterrizajes y vistas serranas de maravilla.

 

 

En Mendoza el parapente tiene dos destinos clave. Por un lado, San Rafael, con vuelos en la zona de Valle Grande y el Cañón del Atuel, desde donde puede apreciarse desde el aire toda la belleza natural de la naturaleza cordillerana. Los despegues se realizan mayormente desde el cerro Victoria y hay vuelos individuales o en tándem. Por el otro, la capital mendocina y sus alrededores, que suma así un atractivo más a su variada oferta turística que puede practicarse durante todo el año. Los vuelos parten del cerro Arco, en las afueras de la ciudad de Mendoza, a 1.640 metros de altura, a cuya cumbre se llega en vehículos 4x4. La excursión completa dura medio día (por la mañana o por la tarde) y la duración del vuelo es de entre 25 y 35 minutos.

 

Otros vuelos

El aladeltismo es otra práctica aérea disponible en distintas regiones del país. En el territorio bonaerense hay varios destinos para volar en aladelta, incluso en zonas de llanura cercanas a la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo en la ruta 2 a la altura del cruce Etcheverry, en el partido de La Plata. Esto se debe a que la altura indispensable para practicarlo, que originalmente solo era posible en zonas serranas o montañosas, ahora se logra remolcando el aladelta hasta la altitud necesaria por medio de un avión ultraliviano que traslada lentamente al equipo hasta una altura mínima de 700 metros. Es una técnica que se denomina aerotowing y también se utiliza para “remontar” planeadores. Otro destino para el aladeltismo es San Javier, una localidad ubicada a 25 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Los despegues se realizan desde el cerro San Javier. Hay vuelos individuales y en tándem.

Los sobrevuelos y vuelos de bautismo son otras alternativas para quienes gustan de aventurarse en el aire en una pequeña aeronave o en helicóptero. Bien al sur del país, desde Río Gallegos parten vuelos en avionetas que recorren en altura una zona pródiga en volcanes, parte de la agreste estepa patagónica y el impactante Estrecho de Magallanes. Y en Ushuaia se ofrece la posibilidad de ver el fin del mundo desde el aire a bordo de un helicóptero, oferta que se repite en otros destinos turísticos, como las Cataratas del Iguazú, y hasta en la ciudad de Buenos Aires.

Vuelos de bautismo a bordo de pequeños vehículos aéreos pueden experimentarse en distintos aeroclubes del plus, como el de Miramar, con una duración de 25 minutos, donde además se dictan cursos para aprender a volar y desde donde en la primavera parten vuelos para el avistaje de ballenas en el Atlántico. En Rawson, provincia de Chubut, el Centro de Actividades Aéreas ofrece vuelos de bautismo sobre la costa atlántica sur, que durante un viaje de entre una y dos horas visitan desde el aire la pingüinera de Punta Tombo hasta Punta Ninfa, en el Golfo Nuevo, o hasta la Península de Valdés.

Para los más osados, el paracaidismo, que propone por ejemplo el Club de Paracaidismo de Tandil con sus saltos de bautismo en tándem y sus cursos de paracaidismo deportivo. En la misma ciudad de la sierra bonaerense, el Club de Planeadores de Tandil ofrece vuelos de bautismo de media hora de duración los fines de semana. También en Chascomús es posible saltar en paracaídas. Y para los más románticos y lectores de Julio Verne, los globos aerostáticos, una manera diferente de tomar altura para observar todo desde arriba. En Capilla del Señor, a 70 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, se encuentra el punto de partida de esta aventura seguramente inolvidable. Es posible volar durante todos los días del año, siempre que las particulares condiciones climáticas necesarias lo permitan. Se recorre en promedio una distancia de entre 10 y 15 kilómetros durante 35 a 45 minutos y a una altura de entre 40 y 400 metros.

Fotos: istock

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